La noche en Mount Rainer estaba particularmente silenciosa. El aire frío descendía de las montañas y un cielo despejado dejaba a la luna llena colgada en lo alto, como un ojo vigilante.
Magui, cansada tras un día agitado, se quedó dormida al lado de Davis. Zack, en su propia casa, tampoco tardó en rendirse al sueño, aunque sus pensamientos seguían anclados en esa mujer extraña y su hijo.
Ambos soñaron al mismo tiempo.
El bosque apareció primero, bañado en un resplandor plateado. Entre los árboles se levantaba una luz más intensa, y de ella emergió una figura femenina. Era alta, etérea, con un vestido blanco que parecía tejido de hilos de luna. Su rostro era sereno, y sus ojos brillaban como estrellas. La Diosa Luna.
La voz de la diosa retumbó sin gritar, llenándolo todo con suavidad:
—El destino ya ha tejido sus hilos. La unión está cerca…
Un niño de ojos verdes cambiantes, hijo del rayo, marcará el inicio de una nueva era.
Solo al lado de la princesa sobrenatural podrá encontrar su verdadero lugar.
Juntos abrirán un camino donde humanos y lobos se cruzan… pero no todos aceptarán lo inevitable.
Magui se vio a sí misma, descalza en medio del claro, con Davis sujetando su mano. El niño miraba hacia el cielo, sus ojos brillaban de un verde intenso, y detrás de él un rayo blanco iluminaba el bosque.
Zack, desde el mismo sueño, contemplaba la escena. Su lobo interior rugió en silencio, reconocía en esas palabras una profecía antigua, pero jamás pensó que la escucharía directamente de la diosa.
La figura de la diosa se desvaneció con la luz de la luna, dejando un murmullo en el aire:
—El tiempo decidirá si esta unión traerá paz… o destrucción.
Ambos despertaron al mismo tiempo, jadeantes, como si hubieran corrido kilómetros. Magui miró a Davis dormido, apretando su pequeña mano, con el corazón golpeando fuerte en el pecho. Zack, en su cama, se sentó derecho, con el sudor pegándole la frente y una sola certeza: aquello no era un simple sueño.
Los dos quedaron con más preguntas que respuestas, unidos en secreto por el mismo presagio.