Ecos del pasado

331 Palabras
El amanecer en Mount Rainer llegó con un aire pesado, como si la luna aún se resistiera a abandonar el cielo. Zack llevaba horas despierto. El sueño con la Diosa Luna no lo dejaba en paz; cada palabra resonaba como un eco en su interior. No era un hombre que creyera en coincidencias. Si la diosa se había manifestado, era porque algo inevitable estaba en movimiento. En la sala principal de la casa de la manada, Zack ordenó a Noah que reuniera los viejos registros y las crónicas ancestrales de los primeros alfas. Pergaminos, libros y diarios llenaban la mesa. Noah lo observaba con los brazos cruzados y una ceja arqueada. —¿Otra vez con las historias de la diosa? —dijo con ironía—. Pensé que eras demasiado práctico para dejarte llevar por cuentos de luna llena. Zack levantó la vista, serio, con los ojos endurecidos. —Esto no es un cuento. La diosa habló. El cambio en el tono de su voz borró la sonrisa de Noah. Se acercó, intrigado. —¿Qué fue lo que viste? Zack dudó un momento. No estaba acostumbrado a compartir sus dudas, pero la profecía lo superaba. —Un niño de ojos cambiantes. Un rayo. Una mujer… diferente. Ella habló de una unión. Noah frunció el ceño, en silencio, mientras sus pensamientos volaban. Mientras tanto, en la pequeña casa de Magui, otra inquietud nacía. Ella observaba a Davis jugar en el suelo con sus carritos de juguete. La luz de la mañana entraba por la ventana y, por un instante, sus ojos brillaron de un verde tan intenso que la dejó sin aliento. —Davis… —murmuró, acercándose—. ¿Estás bien, mi amor? El niño levantó la vista, con una sonrisa dulce. —Estoy bien, mami. Pero anoche soñé con una señora brillante. El corazón de Magui se encogió. —¿Qué señora? —La señora de la luna —contestó con naturalidad, como si hablara de alguien conocido
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