Magui comienza a notar que Davis está más inquieto desde el sueño extraño. Sus ojos cambian con más frecuencia, y cada vez que ella lo abraza, siente una electricidad suave, como un cosquilleo en el aire.
Una tarde, mientras juegan en el patio, una ráfaga de viento frío atraviesa el pueblo, y todos los lobos de la manada levantan la cabeza al mismo tiempo. Noah lo percibe, Zack lo siente con fuerza en su interior: ese viento proviene del niño.
Esa misma noche, Davis tiene otro sueño:
La diosa luna aparece, acaricia su cabello rubio con el mechón claro y lo llama “hijo del rayo, guardián de la luz”.
Le dice que no tema, que su destino será proteger a su madre y a todos aquellos que vivan bajo la luna.
También le advierte: “Muchos querrán tu poder, pero solo la unión de corazones fuertes podrá resguardarte”.
Davis despierta llorando suavemente y se refugia en los brazos de Magui. Ella lo consuela, sin entender del todo, pero siente que su hijo brilla con algo más que ternura.
Mientras tanto, Zack, en su cabaña, revisa los antiguos pergaminos de la manada. Encuentra un texto antiguo que habla del Niño de ojos verdes cambiantes, hijo de la luz, elegido por la diosa. Su corazón se acelera: comprende que Davis no es un simple niño humano.