La calma del pueblo se ve interrumpida por la llegada de un forastero. Un hombre extraño, con aire desafiante, entra en la taberna de Mount Rainer. Su presencia no pasa desapercibida para Zack ni para Noah: huele diferente, como a hierro y ceniza, un olor que no pertenece a la manada ni a los humanos comunes.
Zack decide observarlo desde la distancia, pero Noah, más impulsivo, lo confronta con bromas que esconden un trasfondo serio. El forastero asegura estar “de paso”, pero sus ojos recorren cada rincón del lugar como si buscara algo… o a alguien.
Esa misma tarde, Magui y Davis pasean por el pequeño mercado del pueblo. Davis, como siempre, se mantiene cerca de su madre, su mirada recelosa observando a todos. Es entonces cuando el forastero aparece en la misma calle y, por alguna razón, fija su atención en el niño.
Davis siente un escalofrío recorrerle la espalda. Los ojos del hombre brillan con un destello rojizo apenas perceptible. Magui lo nota también y aprieta la mano de su hijo. El aire alrededor de ellos se vuelve pesado.
En ese instante, algo cambia en Davis:
Sus ojos brillan intensamente entre verde esmeralda y dorado miel.
El mechón claro de su cabello parece chispear como un rayo en miniatura.
Una onda de energía se expande a su alrededor, como si el aire crujiera de electricidad.
El forastero retrocede sorprendido, como si lo hubiera golpeado un muro invisible. Algunos humanos del mercado sienten solo un viento repentino, pero los lobos cercanos reconocen el poder que emana del niño.
Zack, que había llegado siguiendo al extraño, presencia la escena. Sus ojos se entrecierran: la profecía no era solo palabras, estaba tomando forma frente a él.
El forastero se retira apresuradamente, pero antes de irse sonríe de forma torcida, como si hubiese encontrado lo que buscaba.
Magui abraza a Davis con fuerza, asustada pero tratando de no mostrarlo. Noah, que llega segundos después, observa todo con seriedad, por primera vez sin un atisbo de broma.
Zack se acerca lentamente, sus ojos azules fijos en Magui y Davis. No dice nada, pero en su interior ya lo sabe: ese niño es el elegido, y a partir de ese momento, su mundo jamás volverá a ser el mismo.