Herencia oculta

389 Palabras
La tensión en la manada seguía creciendo. El aire estaba cargado, y Zack lo notaba en cada reunión, en cada mirada esquiva. No todos confiaban en su decisión, y algunos parecían estar esperando un error para cuestionar su autoridad. Esa noche, después de la cena, Magui se encontró con Zack en la galería de la casa principal. La luna bañaba de plata el bosque, y el silencio pesaba. —Necesito hablar contigo —dijo ella, con la voz baja pero firme. Zack la miró, su expresión seria, como siempre. —Te escucho. Magui acarició el cabello de Davis, que dormía en sus brazos. Dudó un momento, pero luego respiró hondo. —No soy del todo humana. Las palabras hicieron que Zack alzara las cejas, aunque no mostró sorpresa. —¿Qué quieres decir? —Mi abuela… —Magui tragó saliva— era una mujer lobo. Lo supe desde pequeña, aunque en mi familia siempre se habló en susurros, como un secreto prohibido. Yo no heredé la transformación… al menos no como ustedes. Pero sé que algo de esa sangre corre en mí. Zack la estudió, sus ojos azules brillando bajo la luna. —Eso explica por qué no pareces temerle a lo que viste. Magui bajó la vista, acariciando la mejilla de Davis. —Y explica a Davis también. Él no es un niño común… su poder viene de la diosa, pero también de la sangre que lleva. Zack sintió un escalofrío. La profecía de la diosa Luna resonó en su cabeza: “el hijo del rayo y la princesa sobrenatural”. Antes de que pudiera responder, un aullido desgarrador rompió el silencio. No era un aullido de la manada: era extraño, amenazante. Zack se tensó de inmediato. —Quédate aquí. Saltó de la galería, transformándose en cuestión de segundos, su lobo blanco emergiendo con furia. Noah apareció a su lado, ya en su forma de lobo oscuro, los ojos verdes brillando. En la distancia, se escucharon pasos, crujidos, y voces humanas. Cazadores. No venían solos. Los lobos del bosque comenzaron a responder con gruñidos. Magui apretó a Davis contra su pecho, su corazón desbocado. Y entonces, lo vio: por primera vez, los ojos de su hijo brillaron con un fulgor amarillo-dorado, iluminando la oscuridad. El niño abrió los ojos y susurró en sueños: —Vienen por mí
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR