La frustración de la misión en el Astillero 7 se convirtió en una rabia silenciosa. Logramos el sabotaje, sí, pero la aparición de Darian había empañado mi victoria. Él era un enigma que no figuraba en el tablero, y eso me ponía los nervios de punta.
—Ky, quiero que pongas todos los recursos disponibles para rastrear a ese hombre. Darian. Cada registro, cada cuenta bancaria. Si existe una huella digital, la quiero —ordené desde el centro de control, mis ojos fijos en el mapa de Moscú, que ahora parecía demasiado pequeño para contener la conspiración.
Ky, con su eficiencia habitual, respondió con un suspiro audible.
—Luna, es como si no existiera. No hay un Darian con esas características conectado a las redes de Egan. Es una sombra. Su existencia es un rumor en las esferas místicas; lo llaman un concepto, una fuerza antigua, pero su poder terrenal es insignificante. Es una molestia que Egan podría aplastar con un chasquido de dedos, pero que tolera por razones desconocidas. Para Egan Vasileui, Darian es apenas una piedra en su zapato.
Sentí una punzada de alivio. Si Darian era solo una piedra en el zapato de Egan, entonces no era una amenaza real. Pero la forma en que me había mirado...
—Lo único que tenemos es la lectura térmica de tu comunicador en el astillero. No es humano. O al menos, no del todo. Él no usa la fuerza, usa la información para manipular los peones —concluyó Ky.
En ese momento, un golpe seco resonó en la puerta blindada. Oleg entró, con el rostro serio.
—Luna, llegó esto. Lo trajo un mensajero con la marca del Cuervo.
Oleg depositó un paquete en mi escritorio de metal. Dentro, había una única rosa negra y un colgante de obsidiana con un mensaje enrollado:
“La sombra te queda mejor que el azul. Me aseguraré de que nadie más vea esa palidez perfecta de cerca. Nadie te tocará, ni te mirará, ni pensará en ti, porque mi fascinación no lo permitirá. Pero no te confundas. Yo soy un observador. Yo no lucho. Yo solo preparo el escenario. Tu voluntad es un muro impenetrable, mi Reina Azul. Solo tu amo legítimo, el Rey Supremo, tiene el poder para, tal vez, intentar doblegarte. Yo solo soy el heraldo que anuncia su llegada. El castigo para quien ose desobedecerme ya no será la muerte; será la condenación eterna que Egan impartirá.”
La nota era una declaración de posesión intelectual por parte de un ser asexual que admiraba mi belleza, y un recordatorio de que mi destino era mucho más grande. Darian me estaba usando como un catalizador para provocar el caos, sin tener él mismo la fuerza para tomarme o luchar contra Egan.
En medio de la lectura, la línea de seguridad de Ky explotó con una ráfaga de alarmas rojas.
—¡Luna! Tenemos una brecha de seguridad en el sector cuatro. Es un ataque quirúrgico. Un hombre, rápido, silencioso... es Nikolai!
La rabia reemplazó la confusión. Mi hermano, el traidor, el que debía estar muerto, había venido a mi base.
—No te preocupes, Ky. Es el momento perfecto —dije, sintiendo una frialdad glacial. Si Darian jugaba con el destino, yo jugaría con la sangre.