El día de Lily inició mucho antes de lo que ella hubiera deseado. A las siete de la mañana exactamente una campana resonó por todo el castillo, provocando que los alumnos despertaran simultáneamente. Lily batalló mucho para poder abrir los ojos y recuperar la consciencia, su mente era un embrollo total y no podía pensar con claridad. Sus pensamientos iban de la pasta que Damiel preparaba a grandes hombres de aguacate con los que había soñado. Como pudo, se sentó en la orilla de la cama, bastante desorientada. Miró a su alrededor y vio que era la única que no estaba arreglándose. Pamela Gonorrea se miraba a través de un espejo portátil maquillándose exageradamente los ojos, cuando cruzaron miradas, hizo una mueca de asco. Las otras tres chicas (cuyos nombres no sabía con exactitud, no sabí

