Capítulo seis: La torre Nireth

1697 Palabras
Entregó el cáliz a la profesora McLean y bajó de la plataforma, para darle lugar al siguiente alumno en ser seleccionado. Dollengur le hizo una gentil seña para indicarle en que área debía sentarse. En el comedor había cuatro mesas alargadas, dos en cada extremo y otras dos en medio del salón. Sobre la mesa de Nireth colgaba un estandarte verde con un oso polar. Una creciente tensión se había instalado en toda la mesa. Las miradas puestas en Lily la hacían querer explotar en gritos y maldiciones, nunca le había molestado la atención, por alguna razón, siempre terminaban dándole extremada atención a todo lo que hacía. Era una alborotadora por naturaleza, por alguna razón no le gustaba en lo absoluto como la miraban sus nuevos compañeros. La juzgaban. —¿Qué mierda me miran? —alzó la voz, demandando saber. Todos los alumnos desviaron la vista, y más de uno se corrió de su asiento para hacerle un lugar a la muchacha. Lily optó por sentarse junto a un chico de cabello oscuro y ojos azules como el mar. Él la miró de reojo cuando se sentó junto a él, pero no mencionó nada. Estaba muy ocupado pintando un dibujo sobre sus manos. En su túnica descansaban un sinfín de lápices de colores. Lily no pudo evitar interesarse en lo que estaba haciendo, dibujaba una mariposa azul, ella jamás había visto a alguien con tanto talento para el arte. —¿Y tú te dónde saliste? —Preguntó despectivamente una chica de largo cabello castaño y rostro redondo. —Del útero de mi madre, ¿y tú? ¿De dónde saliste? ¿De un basurero? Se formó un sincronizado “uhhh”, en la mesa. Más de uno se carcajeó burlándose de la chica. Lily le mostró una falsa sonrisa y se dispuso a comer. La atención seguía en ella, pero ya no de la misma manera. Los demás habían dejado de juzgarla, para empezar a temerle, o incluso admirarla. —Si yo fuera ustedes, mejor la dejaría en paz, fue ella quien infló a Roderik, tardaron dos horas en bajar del cielo al idiota —comentó Jamal Zaski, uno de los que acompañaban a Roderik en el barco. Como si hubiesen invocado al tal Roderik, este apareció. Su cuerpo había vuelto a la normalidad, otra historia muy diferente era su rostro. Parecía una muñeca bratz. Llevaba un pañuelo con hielo y lo frotaba desesperadamente sobre sus mejillas. Se dirigió hasta la mesa de Nireth. Su cara fue un poema trágico en el momento que vio a Lily, tranquilamente sentada ahí, comiéndose el último pedazo de pastel de manzana. —¡¿Y tú que haces aquí?! —Bramó, furioso. El grito se escuchó en todo el salón. Todos mantenían los ojos bien puestos en la situación. Lily no levantó la vista del pastel, seguía partiéndolo con el tenedor y metiéndose los pedazos a la boca con tranquilidad. Lo había visto desde que entró por las enormes puertas abiertas de par en par, otra cosa era que disimulara perfectamente. Roderik se enfureció al no tener respuesta. —¡Tú no puedes estar aquí, es mi aquelarre, lárgate, maldita rubia asquerosa! —Respétame, pedazo de mierda —demandó, levantando la vista y observándolo con asco—. ¿Crees que inflarte es lo único que puedo hacer? Si hubiera aplicado más presión, esa enorme bola a la que llamas cabeza, estaría destruida. Y tus diminutos sesos estarían esparcidos por el río. La manera tan tétrica y fría con la que espetaba las palabras, asustó a todos en la mesa. Roderik no tuvo más que decir, la miró con repudio y se sentó al otro lado de la mesa, con sus amigos. Durante toda la cena no dejó de observarla y hacerle gestos extraños. Por lo hinchada que tenía la cara, no podía gesticular correctamente. Lily disfrutó de cada intento de intimidación, burlándose en su cara. Al final del banquete, fueron levantándose mesa por mesa. En el momento que llegó el turno de Nireth, Lily se puso de pie, detrás del chico dibujante. Pasó junto a la mesa de Snyder y distinguió a Dylan saludándola efusivamente, Harvey, en cambio, la observaba fijamente. Lily se sintió realmente desconcertada en el momento en que él le sonrió. El profesor Severell, jefe del aquelarre de Nireth, condujo a todos los nuevos alumnos a la torre de Nireth, por separado de los antiguos. Dio una breve introducción de las reglas del aquelarre, con voz pausada y monótona, sin quitar lo severo: 1.      Nada de fiestas, uso de sustancias ilícitas, o sexo. 2.      No pelear entre compañeros o ambos serán gravemente castigados. 3.      La calma y la lógica es la clave de todo, pensar antes de actuar. 4.      Cada semana se presenta un examen sobre la historia de Santos Nireth, el que lo apruebe tiene un día libre a la semana para visitar los pueblos contiguos. 5.      Deben estar en la cama a las diez en punto, si alguien sale de la torre a merodear por los pasillos, será castigado. 6.      El uso de magia oscura está totalmente prohibido y cualquiera que haga uso de ella será expulsado al instante. 7.      Cada anuncio importante será colocado en la pizarra del área común. 8.      Serán asignados en habitaciones con personas de sus mismos grados, serán cuatro personas además de ustedes, es importante que mantengan el respeto, o como dije, serán castigados. 9.      Pese a que no somos Kyteler, si alguno de ustedes se atreve a bajar su promedio más debajo de un ocho de diez, será castigado y vendrá a clases todo el verano. Nosotros no estamos aquí para ser unos buenos para nada, así que tengan en cuenta que tienen que esforzarse tanto como puedan y aun así no será suficiente. Van a morir y aun así no será suficiente su esfuerzo. Después de pronunciar aquellos avisos, los escolta hasta la entrada de la torre. Es una especie de puerta negra con una diminuta rejilla. —El fantasma que vigila la torre les pedirá la contraseña para asegurar que realmente pertenecen a Nireth. Cada semana se cambia la contraseña, esta semana será “Savadini Tlanhoc” no me pregunten qué significa si no quieren llorar antes de dormir. Las chicas duermen del lado izquierdo, subiendo las escaleras están todos los dormitorios. Sus nombres estarán en la placa, solo búsquenlos. No quiero que ninguna venga a lloriquear que no lo encuentra o tendrán un castigo por lloronas. Lo mismo para los hombres, las escaleras del lado derecho, busquen las placas. ¡Savadini Tlanhoc! —Exclamó el profesor. La enorme puerta de metal color n***o se abrió, soltando un chirrido. Todos siguieron al profesor sin rechistar. Lily se había mantenido en silencio, no tenía mucho que decir al respecto. Se sorprendió de ver que el profesor la observaba fijamente cada que daba los anuncios. —Vayan a buscar sus habitaciones. Todos deben despertarse a las siete de la mañana para tomar el desayuno, en el tablero que antes mencioné, estarán sus horarios a primera hora de la mañana. Espero todos hayan comprado correctamente los libros requeridos, si alguien se le ocurre llegar a mi clase sin el libro de Estrategias Para la Creación de Pociones, olvídese de pasar mi materia. Estará reprobado. El hombre pálido y largucho, parecía muy decidido a aterrorizar a los nuevos alumnos. Todos son más jóvenes que Lily y lucían bastante temerosos de su futuro en Nireth, en cambio, ella permaneció tranquila. Nadie la había intimidado jamás. —Vayan a buscar sus habitaciones —sentenció. Lily subió las escaleras en forma de caracol detrás de otras niñas que no paraban de parlotear, bastante nerviosas. Se sintió realmente irritada de escucharlas hablar, temerosas. La rubia buscó por todo el pasillo, alguna puerta que dijera su nombre. Terminó encontrándolo en la habitación 123. Una placa de oro descansaba sobre la puerta verde. Pamela Gonorrea, Salem Duncan, Grizel Dutzispunk, Raine Eloidi, Lilith Dollengur.   Ninguna de sus compañeras estaba en la habitación cuando entró, por lo que pudo elegir la cama que más le convenía. Optó por la que estaba en el rincón, cerca del baño. De este modo nadie la molestaría. Al leer el apellido “Gonorrea” (se le ocurrieron unas cuantas bromas hirientes respecto al apellido) cayó en la cuenta de quién era aquella chica. Eso no iba a tener consecuencias bonitas. Se quitó la túnica, aprovechando que las demás no estaban. Rebuscó entre su maleta roja su pijama favorito. Mientras se desvestía y se colocaba la parte inferior del pijama, escuchó un ensordecedor chillido. Parecía un burro siendo pateado. Lily frunció el ceño, pero siguió cambiándose. La puerta se abrió abruptamente y entraron sus cuatro compañeras. —¡¿Tú que haces aquí?! —Graznó Pamela, furiosa. —Ohhh, tú eres la que hizo ese extraño sonido. Creí que era una vaca sacrificada. Como sea, ya elegí mi cama —se colocó la camiseta aguada con el logo de The Beatles y se dirigió hasta la cama. Las cuatro muchachas estaban perplejas de tener que convivir con ella. A ninguna le simpatizaba, Roderik era muy querido entre las chicas, especialmente las de Nireth, era codiciado por todas, lo defendían con uñas y dientes. —¡Ni te atrevas a estar cerca de Roderik o te mato! —Gritó Pamela, bastante alterada—. ¡Le hiciste un grave daño! Lily estaba destendiendo la cama para meterse bajo las sábanas, no volteó a verla, pero su rostro se tornó en una mueca de asco. —¿Es tu novio o algo para que me ataques de esa manera por él? —Indagó, indiferente. —Pues… no. ¡Pero lo será! Y más te vale que te alejes de Rod.  —Eres patética —se carcajeó Lily, con total sinceridad. Cubriéndose con las sábanas, colocó su cabeza sobre las almohadas de seda y soltó un ligero jadeo. Era como estar durmiendo en una nube. Sus compañeras de habitación se limitaron a elegir sus camas, casi en silencio, Lily llegó a escuchar cómo cuchicheaban sobre ella, esforzándose por ser sutiles. Pese a que tenía los ojos cerrados e intentaba dormir, sabía que tenían las miradas puestas sobre ella. —Sólo les diré, que si se atreven a hacerme algo mientras duermo, las voy a matar. Literalmente —musitó, sin abrir los ojos. Lily fue la primera en dormirse y efectivamente, ninguna de sus compañeras hizo ningún maleficio en su contra.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR