Capítulo cinco: Instituto Starborn

2732 Palabras
El verano terminó antes de lo que todos esperaban, la mayoría de los alumnos esperaban con ansias su regreso a Starborn, para Lily era algo inusual ver a tantos adolescentes emocionados de regresar a estudiar. No obstante, entendía la razón, según lo que todos decían, Starborn era un lugar lleno de aventuras, clases fantásticas con maestros capacitados y comprensivos. Cualquiera se sentía cómodo ahí, podías pertenecer a algún lugar sin necesidad de esforzarte de manera sobrehumana, al final de todo, era una escuela por y para jóvenes magos. —Vine a verte —la característica voz de su padre interrumpió a Lily, que acomodaba sus pertenencias de nuevo en la maleta roja. El hombre se recargó en el marco de la puerta, viéndola con atención—. ¿Ya pasaste de tu etapa de adolescente irritante? —Yo nunca dejo de ser irritante, soy como tú —contraatacó, provocando que él sonriera—. ¿Qué? ¿Tu ahijadito al fin te dio un minuto libre? —Espetó, fingiendo celos. Era una mentira a medias. Sí le molestaba compartir a su padre con otro chiquillo tonto. —Uh, ¿alguien sigue celosa? —se burló Damiel—. Entiende que no podía decírtelo, cariño. Tú debías vivir como una crieter para mantenerte a salvo de nuestra propia gente. Pero ahora estás en un grave peligro con Levidor suelto. —¿Algún día podré decir abiertamente quién soy? —Preguntó, cerrando la maleta—. ¿Podré decir que soy Lilith Moore Vulerac Darkworth? Bah, olvídalo. No combinan en nada. —Olvidaste Snyder —recordó—. El apellido de tu madre. Como sea, vine a desearte suerte… sé que puede ser difícil adaptarte a Starborn, más con todo lo que has tenido que aprender para estar a la altura, junto con las mentiras piadosas que le dirás al mundo, señorita Dollengur —Lily soltó una seca carcajada. —Sí, ¿ese es tu punto, Dam? Ya sé que seré miserable los primeros días. No conozco a nadie, soy la supuesta nieta del ministro, que también es director. Soy pésima en la magia, a excepción de la vez que hice volar por los aires al cuatro ojos. —Harvey sigue guardándote resentimiento —comentó, como una anécdota divertida—. Te llama rubia insolente. —Qué insulto tan poco original, me siento asqueada. Ignoraré el hecho de que has pasado más tiempo con él que conmigo, sé que es necesario, pero me molesta. Yo soy tu maldita hija. No quiero ir de mal humor en el camino. El hombre se adentró a la habitación y abrazó con fuerza a la rubia, sacándole el aire. Damiel siempre era así, efusivamente cariñoso, mientras que a ella rara vez le nacían las muestras de cariño. —Eres mi niña y siempre serás mi niña. Deja de ser celosa, Harvey también es alguien a quien quiero. Sus padres eran mis mejores amigos. Tengo amor para los dos. —Me asqueas —se zafó de sus brazos, ocultando una sonrisa triunfal—. Dollengur dijo que tengo que estar a las doce en el puerto. ¿No crees que es patético tener que transportarnos de esa manera, siendo magos? —Créeme que disfrutarás mucho el viaje. Atravesar el río que recorre la mitad de la nación y desemboca en el Océano Pacífico es increíble. Viví grandes aventuras en ese barco. Disfruta mucho tu primer año en Starborn, Lils. Serás entrenada por los mejores para regular las materias. Apenas seas asignada a un aquelarre, llámame, ¿sí? Hay una habitación para comunicarte con tus familiares, ahí en Starborn, mediante vicadones, son platos de mármol con agua, pronuncias el nombre de la persona, piensas en ella y dices “ashkari done”, de inmediato mi vicadón comenzará a centellar para que conteste. —¿Dónde estarás tú? ¿A qué estado te irás? —Iré a la frontera, en Navmein, en el distrito uno. Es un lugar hermoso, pronto te llevaré. Lily se despidió de Damiel antes de arribar al puerto con la ayuda de Dollengur. No pudo evitar sentirse molesta de nuevo al ver a su padre junto a Harvey Peacock, despidiéndose de él. A su alrededor había una gran cantidad de personas, distinguió a uno que otro m*****o de la familia Fernsby, junto a Harvey. Ella realmente observaba a Damiel, pero Harvey la pilló mirando en su dirección, ambos cruzaron miradas por unos instantes, antes de que el muchacho apartara la mirada, sonrojado. ¿Y a ese qué le pasaba? Lily abordó al barco, en la entrada custodiaban dos enormes hombres, robustos y gruesos. Tenían la voz ronca, pero le pidieron amablemente su equipaje para revisarlo y ponerlo con todos los demás, después de eso, pudo entrar. Había cientos de alumnos, desde unos bastante pequeños que deberían rondar entre los 11 y 12 años, hasta muchachos con barba prominente y estatura muy por arriba de la de Lily. Los rostros eran tan diversos. Todos se veían distintos. Lily se detuvo a observar sus túnicas. Todas eran negras con la capucha blanca (esto simbolizaba que su magia era blanca, según había escuchado), pero en el hombro descansaba un estandarte de diferente color. El de algunos era morado, otros eran grises, vio uno verde y también uno escarlata.  —Hey —saludó una voz masculina con efusividad. Lily no tuvo que desviar la vista para saber que se trataba del único Fernsby que le agradaba—. Harvey dijo que te vio subir. ¿cómo te sientes de estar camino a Starborn? —Bah, ¿cómo debería sentirme, Dylan? Supongo que el camino será larguísimo y aburrido. Dylan Fersnby era el mejor amigo de Harvey, aunque era muchísimo más digerible que el aclamado héroe. Era relajado, no se metía en ningún asunto que no fuera de su incumbencia, le había prestado uno que otro libro a Lily para estudiar y tenía un gran sentido del humor. Tenía un hermano gemelo, llamado Gilbert, rara vez llegó a cruzar palabra con Gilbert, pero se veía más centrado que Genevieve. Lily rara vez sentía agrado por alguna persona, le fue difícil con Aleia. Con Dylan era fácil, las conversaciones no eran muy profundas y era llevadero. Lily nunca pudo llevarse bien con Genevieve y no es que lo intentara, su patética actitud le daba nauseas, fingía tratando de ser auténtica, pero era una careta y nadie más que Lily lo notaba. Era una consentida, por el hecho de ser la única mujer (y la menor) de doce hijos. —No seas pesimista, es muy entretenido. Puedes comer en la cafetería, ir al cinema, dormir un rato en el primer camarote que apartes o pasar la tarde en la piscina. ¿Quieres venir a la piscina con Harvey, Gemma y yo? Apuesto a que le caerás bien a Gemma, aunque no creo que te agrade. —Prefiero irme a dormir, veré que camarote encuentro. —De acuerdo, entonces nos vemos en Starborn, espero quedes en Snyder con nosotros. Lily no le contestó al moreno. Se dio la media vuelta y caminó en la dirección contraria a él. Cruzó el enorme vestíbulo adornado con flores de todas clases en el techo. Había un show en vivo para dar la bienvenida y desear un gran año en Starborn. Toda la atención estaba en esas tres brujas. ¡Lily no podía creer lo que veía! ¡Una de esas chicas era Madison Stanmann! La actriz y cantante de Hollywood, esa chica había ganado un Grammy. ¿Sería Selena Gomez una bruja también? Siguió su camino hasta el segundo piso del barco, donde empezaban los camarotes, no tardó mucho en encontrar uno vacío, pues, la mayoría disfrutaba del show. Se encerró y con un pequeño encantamiento que Dollengur le enseñó, cronometró su cerebro para despertarse exactamente dentro de cinco horas. *** Despertó exactamente a la hora que había programado, por lo que se sintió de buen humor, la siesta había sido refrescante. Se estiró sobre la cama y se puso de pie. Se colocó la túnica que dejó sobre el perchero y salió del camarote sin mirarlo mucho. Por suerte ya estaba vestida, la mayoría se vestía en el barco. Mientras se dirigía al primer piso del barco, se preguntó, ¿en qué aquelarre terminaría? Lo poco que sabía era que Snyder era la casa donde su madre, Damiel, y los padres de Peacock estuvieron, por otro lado. Además de que literalmente llevaba el apellido de su madre, pues sus antepasados fueron los fundadores.  Nireth era el hogar de Levidor, su padre biológico. Quería creer que quedaría en Snyder, realmente quería enorgullecer a Damiel, pero conociéndose, no era una persona tan buena como para pertenecer a ese lugar. Encontró a la mayoría de los alumnos formados en cinco filas indias, eran al azar, por orden de llegada. Los más pequeños gimoteaban sobre su nerviosismo de quedar en el aquelarre que no les gustaba. Lily no podía sentirse más indiferente de lo que le deparaba el destino. La curiosidad la invadió, mas, no el miedo. Al final de cuentas, Damiel iba a aceptarla, estuviera en cualquier lugar. Ella lo sabía. —Muévete, rubia idiota, la fila está avanzando y eres muy lenta —gritoneó alguien detrás de ella, picándole la espalda. Lily chasqueó la lengua, esforzándose por mantener la compostura. No quería problemas antes de llegar a Starborn. Avanzó sin virar para encarar el muchacho que la había insultado. —No entiendo porque las chicas son tan cobardes, ¿lo vieron? Me obedeció y ni volteó a discutir —habló el mismo chico, dirigiéndose a sus amigos. La rubia apretó los labios, inhalando y exhalando. Sentía un respeto genuino por Alec Dollengur y si se metía en una pelea mancharía su apellido y su reputación. Era difícil para ella poner la otra mejilla. Quería voltear, encarar a ese idiota y partirle la cara. No iba a ceder. —¿Ya vieron que no trae ningún escudo en el uniforme? —Continuó el mismo idiota. —Posiblemente viene de intercambio —dijo otro. Lily no pudo seguir resistiéndose, no toleraba a los chismosos. Giró la cabeza sobre su hombro y encaró al grupo. Eran tres hombres y una chica. —¿Y a ustedes qué mierda les interesa si salí de un pozo y me vine a Starborn? Métanse en sus putos asuntos. —Mejor cierra la boca y muévete, lenta. La fila sigue avanzando y tú la obstruyes —escupió fríamente el mismo que llevaba tiempo molestando. Lily lo escaneó rápidamente, no había mucho que ver. Era rubio platinado, de rostro ovalado, mandíbula en L, ojos avellanados y pecas en el puente de la nariz. Era mucho más alto que ella, pero sospechaba que tenían la misma edad. —A ver, maldito hurón albino, a mí me vas a hablar bien o créeme, que una maldita fila lenta será el menor de tus problemas —soltó, sonriéndole sardónica. Volteó totalmente para ponerse frente a él. —¡Avancen, no sean lentos! —gritaron desde el fondo de la fila. El rubio sonrió, torciendo los labios. Le parecía hilarante ver a esa chica retándolo y amenazándolo. —Ah, ¿sí? ¿Qué me harás? ¿Pegarme una patada con tu diminuto pie de liliputiense? Lilith sonrió, ampliamente, mostrando sus dientes blancos y puntiagudos. Harvey Peacock le había enseñado algo útil. Mantener la concentración de 3.5 para que cualquier hechizo resultara poderoso, era un secreto que pocos sabían, para llevar toda su vida viviendo en Dorelly. No batalló mucho, salió por instinto propio. Se concentró en sus más potentes recuerdos, reguló la respiración y mientras el rubio se carcajeaba de ella, pronunció con voz sonora: —¡Avliatio!   Movió su dedo índice con facilidad y un haz de luz salió disparado hacia el rubio. Fue tan rápido que no pudo bloquear el hechizo. Empezó a hincharse cual globo, flotando cada vez más alto. Rebotó sobre el techo del barco estruendosamente, fue tanta la fuerza que agujeró el techo y siguió flotando. Los alumnos gritonearon, algunos riéndose de la situación (Harvey, por ejemplo) y otros bramando que lo ayudaran. Las cinco filas formadas se disiparon y se formó un tremendo caos. Los guardias no podían calmarlos. Apenas el barco terminó de moverse, estacionándose en el muelle, los alumnos bajaron, empujándose unos con otros. Lily no le tomó importancia a los malos comentarios que le lanzaban. La mayoría la veneraba. Otra historia fue cuando uno de los fornidos guardias le exigió que lo acompañara, a la oficina del director, el supuesto abuelo de Lily. La asignación de aquelarres fue un caos total e irremediable, el director Dollengur llevó el control muy bien, pero los comentarios desubicados (en parte, con algo de razón) de los alumnos sobre su nieta falsa terminaron por colmarle la paciencia. Tardaron dos horas en devolver al rubio a su estado normal. —Por favor, todos siéntense en las mesas respectivas de sus aquelarres, cualquier alumno que perturbe el orden será castigado severamente. —¡Mejor castigue a su estúpida nieta! —Vociferó una chica, en su hombro descansaba el estandarte de Nireth. Lily la reconoció, era la que acompañaba al idiota. —Señorita Gonorrea —la reprendió Dollengur—. Le pido que tenga más respeto hacia mí. Estoy dando un anuncio importante, en cuanto a Lilith, obviamente recibirá un castigo grave, nadie tiene más privilegios aquí. Como decía, nos hemos atrasado una hora y el banquete ya debería haber iniciado para esta hora. Es por eso que procederemos a realizar las pruebas para asignar a cada alumno nuevo a su respectivo aquelarre. Letha McLean, una mujer que posiblemente no tenía más de cuarenta años, tomó el control del discurso. Se aclaró la garganta y continuó hablando en lugar de Dollengur, para explicar el origen de los aquelarres. —Sean todos bienvenidos al ciclo escolar 2008-2009, estoy muy orgullosa de tener tantos rostros nuevos, de todas las edades. Ahora mismo procederé a nombrarlos alfabéticamente, cuando esto suceda, subirán y se sentarán en este taburete —señaló un taburete detrás de ella—. Serán probados mediante un cáliz de fuego. Tendrán que tenerlo entre sus manos, hasta que salga una llama de un color determinado. Si es verde, la persona será perteneciente a Nireth, la casa de los osos, si es escarlata, irá a Snyder, con los dragones, si es gris pertenecerá a Ansgar, la casa de las hormigas y por ultimo, si es morado, irá a Kyteler, la casa de los búhos. Debo recordarles que cada aquelarre tiene sus cualidades extraordinarias y deberían de estar honrados de pertenecer a cualquiera. Los fundadores fueron unos revolucionarios, visionarios que se preocuparon por nuestro futuro, por eso crearon un instituto para que todos coexistiéramos. En Nireth destaca la astucia, la lógica y el liderazgo, pues eran las cualidades de Santos Nireth. Por otro lado, en Snyder destaca la osadía, la capacidad de afrontar situaciones catastróficas, tal como lo hizo Sabrina Snyder, en su matriarcado. Ansgar ha sido juzgada por ser insignificante, pero déjenme decirles que es igual de valiosa que todos, Amelie Ansgar luchó por los derechos de las brujas, puesto que antes eran vistas como inferiores y no como iguales, se preocupó por crear leyes y lugares seguros para las brujas, es por esto, que Ansgar es la casa de los trabajadores, los pensadores, creadores y activistas. Por último, Kyteler fue creada por la inteligente Alice Kyteler, este aquelarre representa la inteligencia, la sabiduría y la creencia del destino. El cáliz sabrá en cual aquelarre pertenece realmente su corazón. No hay cambios, créanme que el cáliz sabrá ver a través de su alma y decidir dignamente. Sin más que añadir, sean bienvenidos y prepárense, para la selección. Fueron unos cuantos alumnos hasta que tocó el turno de Lily. Era una ventaja de portar el apellido “Dollengur”. Subió hasta la tarima y se sentó sobre el taburete con la espalda bien recta, el rostro impacible, sin mirar a nadie. Las miradas estaban postradas en ella. La profesora McLean le ofreció el enorme cáliz de plata. Al sostenerlo entre sus manos comenzó a arder. Esa maldita cosa va a quemarme las manos.   Las miradas estaban puestas en ella como estacas, escudriñando su destino en el colegio. El cáliz quemaba sus manos dolorosamente, se mordió un labio para evitar chillar del dolor. No iba a permitirse que los demás la vieran débil. Se esforzó en hacer lo que la profesora McLean le dijo. Cerró los ojos. Mente en blanco. Energía neutra. El cáliz iba a decidir en qué aquelarre estar. Se escuchó un suave murmullo en el comedor, algunos soltaron expresiones de lástima. Lily abrió los ojos cuando sintió que el cáliz dejó de quemarle las manos. Una llama verde chisporroteaba del cáliz. Su aquelarre era Nireth. Hogar de Levidor. ¿Qué tan catastrófico era aquello? No podía significar nada bueno, a juzgar por la mirada de Alec Dollengur.
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