Ese día pasaron tres cosas, dos de las cuales cambiarían todo para siempre, pero primero lo primero. Pat se despertó con la sensación más placentera del mundo y al mirar, aún dormido, hacia abajo, vio esa cabeza pequeña de cabello largo oscuro subiendo y bajando. — Oh Dios mío.— dijo y llevó su mano a su cabello para enterrar sus dedos mientras ponía los ojos en blanco. Con ímpetu, empujó su cabeza hacia abajo para meter su v***a más profundo en la boca de esa bruja enloquecedora, y ella solo hacía ruidos mientras salivaba, comiéndose completa la inflamada v***a, llevándola hasta lo más recóndito de su garganta —. Sigue así, por favor...— casi suplicó el duende pelirrojo en tono ronco y totalmente caliente por esa boca que parecía sedienta de su simiente mientras, ya fuera se control, e

