Capítulo XXVIII. Una procesión Todos los corazones estaban conmovidos. La presencia de Dios parecía haber bajado a esas calles estrechas y góticas, con colgaduras por doquier y que habían enarenado con primor las manos de los fieles. YOUNG Por más anodino y necio que quisiera aparentar Julien, no podía agradar: era demasiado diferente. Sin embargo, se decía, todos estos profesores son personas muy finas y escogidas entre mil; ¿cómo es que no les gusta mi humildad? Solo a uno parecía engañar su buena disposición para creérselo todo y hacer como si cayera en todos los embaucos. Era el padre Chas-Bernard, director de las ceremonias de la catedral, donde llevaban quince años prometiéndole un puesto de canónigo; mientras tanto, daba clase de elocuencia sacra en el seminario. En la temporada

