Capítulo 2

1997 Palabras
Capítulo dos: Una cara bonita y una voz melodiosa. Olivia Romano 26 de julio. Al llegar al apartamento, aún no he tomado ninguna decisión, es difícil si lo analizo por el nombre de ambas editoriales; pero si lo veo como dinero. Lo mejor es escoger a Fenix, aun así, la duda es persistente. Reviso los nombres escritos en las cartas, algunas Gia me las entrego antes de salir de su puesto de trabajo y otras las recogí del buzón en la sala de recepción. Organizo las que fueron enviadas por los fanes, a un lado, todas juntas para leerlas más tarde; después paso a las que tienen información legal o financiera y por último una de mi hermana y padre. Han pasado casi cinco meses desde que tengo información de ellos, sabía que Lucia, se encontraba en un entrenamiento para aumentar de rango y a unos meses de obtener otra condecoración. Lucia, mi hermana menor, y quien ha seguido fielmente el camino de nuestra familia, se ha abierto paso entre los más poderosos de la marina. La carta de mi padre, son apenas tres líneas, donde me pregunta cómo me encuentro y me informa que todo se encuentra en orden. Algo corto y conciso, como él. En cambio, Lucia ha escrito dos páginas completas, detallándome con precisión lo que ha hecho en los meses que no hemos hablado. Cuando decidí escoger un camino diferente, fue difícil, tanto para ella como para mí. La decisión tomada, no solo me afecto a mí. Me separo de Lucia, y coloco una barrera entre nosotras. Los Romano son una familia tradicional y cabeza dura, para ellos importa cuán fuerte y poderosos pueden volverse sus miembros. Todos deben convertirse en soldados; servir a su patria, línea de sangre y honrar el honor de la familia. Al escoger ser una escritora, fui expulsada de la familia, una marginada, la cual desconocían. Los primeros meses no obtuve contacto de ellos, Lucia desapareció de mi vista y vida; la pequeña, de cabellos rubios y ojos azules, tenía la edad suficiente para comenzar el entrenamiento especial. Todos pasábamos por tres años de entrenamiento especial, al hacerlo quedábamos escondidos de todo el mundo, desconocía que sucedía más allá de esas paredes y metros de camino desolado. Para los jóvenes Romano de veinte años, solo pasaban las estaciones y los entrenamientos eran terribles, la sangre y lágrimas corrían más de lo que podían recordar. Cuando terminé aquel entrenamiento, y decidí irme de la familia, era el momento de Lucia; ella se fue pensando que había decidido abandonarla. —Tranquilo Luk—murmuro tocando la cabeza del perro, él se mueve energéticamente. Leo las últimas líneas de la carta de lucia, la felicidad me inunda al saber que termino el entrenamiento sin dificultades. Saber que mi pequeña hermana está sana, es lo mejor que me puede ocurrir, además de encontrarme un rollito de billetes. No existe mayor felicidad en el mundo. Doblo la carta guardándola junta a las demás que he ido conservando alrededor de los años. Ya han pasado casi seis años desde que comencé la colección. El cajón de madera donde decidí guardar las primeras, está a punto de desbordarse con tanto papel. Luk me sigue hasta una de las habitaciones del apartamento, al entrar veo mi reflejo en el espejo que ocupa una pared entera, las curvas que he perfeccionado durante años de ejercicios desmedidos están ocultas debajo de capas de tela gruesa y abrigadora. La ventana del improvisado gimnasio permanece cerrada, Luk, corre hacia ella tratando de atrapar al pájaro que se encuentra al otro lado del vidrio. Sin embargo, el perro no se da cuenta de la barrera que hay entre él y su presa, causando que choque de lleno con el ventanal. —Perro tonto—susurro notando como cae hacia atrás con las piernas arriba. Luk mira con duda hacia la ventana, con una oreja doblada. El perro se levanta e intenta de nuevo arremeter contra la ventana, esperando que esta vez sí pueda cruzarla. Los tres golpes que ha recibido no parecen suficientes para que Luk aprenda la lección o se dé cuenta de que no podrá pasar al otro lado. Él sigue intentándolo, sin rendirse; la lámina de cristalina se estremece ante los continuos choques, pero no se va a romper. Cuando me doy cuenta de que no se detendrá y que su cabeza volverá a impactar, camino hacia la ventana abriéndola. Luk corre hacia delante cayendo en la pila de nieve acumulada, su cabeza queda enterrada donde hace un momento estaba el pequeño pájaro. Observo durante unos segundos el estado de Luk, cuando veo que todo se encuentra en orden comienzo con mi rutina de ejercicio. Las series de ejercicios, aumentan gradualmente; a medida que los músculos arden, el aliento se entrecorta y el frío del exterior entra. Extiendo la rutina, porque aún no he tomado una decisión, el ejercicio no me está ayudando como tenía pensando. Exhalo, cayendo al suelo después de dejar la pesa en su posición, escucho un ladrido y seguido de eso la lengua de Luk lame mis mejillas dejando un rastro de saliva a su paso. El perro se coloca a un lado mío, sacudiéndose la nieve con ímpetu. El frío cala aún más profunda en mis huesos y maldigo su existencia. — ¿Qué debo hacer Luk? —cuestiono a mi fiel compañero, pero parece que Luk ha caído dormido después de jugar. Suspiro con cansancio, el piso del gimnasio improvisado se está comenzando a enfriar y parece que a Luk le encanta; permanezco durante unos minutos acostada, aunque el sudor se halla secado y esté pegajosa. La decisión es tan fácil y aun así, no puedo tomarla. Siempre he sido una persona indecisa, la cual piensa demasiado en las cosas. Cuando otros le toman solo cinco minutos decidirse, a mí me toma horas y horas. Y aún, así sé la respuesta, sé qué debo hacer, pero no lo hago. Me alegro de no tener mayor problema en este momento que las dos editoriales. —Livia—escucho una voz suave desde la puerta, toques lentos acompañan el tono de voz. Giro la cabeza hacia donde proviene el sonido, aunque la persona del otro lado sigue llamándome, mis ganas de pararme del suelo son tan nulas como las que tengo de ver la cara de Hendry en este momento. El músico sigue llamándome desde algún lado, su voz suena cada vez más cansada y baja en algunos segundos. No sé qué hace Hendry en el apartamento a estas horas, ya debería haber llenado su cuota de sexo a esta hora del día. Entiendo que el sexo es adictivo, brinda un poco de diversión y desfogue; pero estos dos ya se están pasando. Parecen unos animales en pleno celo, y sus gemidos descontrolados arruinan mi inspiración y concentración. —Livia—murmura una vez más, pero hago oídos sordos. Hendry no es nada mío, Verónica no me ha enviado ni un mensaje para que le ayude a escabullirse, así que no tengo la necesidad de responderle. Luk se levanta después de escuchar la voz del músico, menea el rabo y corre hacia la puerta de la entrada, ladrando como respuesta hacia Hendry. El cachorro enloquece colocándose al mismo son del músico, así que cada vez que esté habla, él ladra con alegría y rasguña la puerta. Ignoro los alaridos y los gritos de Hendry, camino hacia el baño, quitándome cada prenda en el proceso, sin preocuparme que tan mal luzca que un hombre este fuera de mi apartamento llamándome desesperadamente. Coloco un poco de música antes de abrir el chorro y meterme debajo de él, la melodía suave de la canción silencio los demás sonidos. Así que no me doy cuenta del momento exacto cuando Luk se queda en silencio y mi nombre no vuelve hacer pronunciado. Tarareo sintiéndome renovada y feliz por el agua tibia, el mal humor del comienzo del día se ha esfumado casi por completo y al fin he tomado una decisión después de estar cuarenta minutos debajo del chorro de agua. Me siento preparada para darle una respuesta a Gia y comenzar con el aburrido y largo proceso antes que el libro salga en físico. — ¿Aún sigues acá? —pregunto al abrir la puerta y encontrándome con el rostro de Hendry. Tenía la leve sospecha que Hendry no se había ido, solamente era una sospecha sin fundamentos. Pero, aun así, no me dejaba tranquila la idea de que el aún estuviera esperando en la puerta del apartamento. Así que, al terminar de vestirme con un vestido corto y ligero, con una toalla en el cabello, me dirigí a abrir la puerta. La sorpresa fue estar en lo correcto, el músico se encontraba apoyado en una de las paredes, el gorro sobre su cabeza escondía a la perfección parte de su rostro y cabello. Los mechones que se escapaban de él, eran cortos y desordenados, apenas un hilo de su cabello castaño. Hendry asiente y me regala una de sus sonrisas, esa sonrisa que le quita el aspecto de seriedad y deja ver cuán ingenuo y amable es este hombre. Hay algo en la manera de hablar, sonreír, y mirarme en el que me molesta; una espina la cual se ha clavado cada vez más profundo en mi corazón cuando nos vemos. No tengo nada en contra de él, pero no llego a tolerarlo por completo. —Pensé que no estabas—murmura y con la cabeza me pide permiso para entrar, sedo dándole camino libre. Hendry tira del gorro aún más bajo, y entra antes de mirar hacia atrás, como si hubiera esperado encontrar algo detrás de él. —No te escuche—miento. Él parece no darse cuenta o decidió ignorarlo. — ¿Necesitas algo, Hendry? —inquiero caminando detrás de él, el músico se detiene a saludar a Luk y achucharlo como si no lo hubiera visto en años. —Quería verte—murmura y sus ojos se arrugan, una clara muestra que está mintiendo. Suelto una suave carcajada antes de negar, él vuelve a intentarlo, pero consigue la misma respuesta de mi parte. Una carcajada sin aliento—bien, no tenía esa intención. Alguien me reconoció y lo mejor en que puede pensar era en llegar hasta tu apartamento. —No somos amigos, Hendry—mi risa muere, y la seriedad tiñe mi expresión—no creas que te ayudaré solo porque estás en un apuro—mi voz sale dura y tajante, los ojos del músico se tiñen de vergüenza y pena, sus mejillas sonrojadas demuestran que mi comentario le ha afectado. No entiendo como este ser tan bueno, está en una relación con Verónica. Sobre todo, ella, Verónica, no entraría en mi etiqueta de mala persona, pero tampoco en la buena. Es despiadada y solo ve por sus deseos, no digo que eso tenga algo de malo. Tiene los motivos suficientes para justificar su retorcida personalidad, y el suficiente dinero para comprar lo que sea. Sin embargo, este genio de la música, no combina con ella; son polos cargados con fuerzas opuestas, y aun así se atraen. Una atracción que no entiendo. —Lo sé—murmura Hendry sacándome de mis pensamientos. —Gracias por abrirme—asiento observando su expresión seria y los ojos claros están tratando de reflejar una dureza la cual no posee. —Está bien, puedes quedarte hasta que creas que es seguro salir—concedo, por pena. Casi lástima de haberlo hecho sentir mal. Luk permanece a su lado, y mi leal amigo me mira con rabia y molestia, por haberlo lastimado. La persona que dijo que los perros son fieles, se equivocó. Luk no lo es. Traidor, me dejo a un lado por una voz y cara bonita. Suspiro rindiéndome ante las expresiones de ambos, camino hacia el sofá, tomando asiento cerca de Hendry, quien sigue acariciando las orejas de Luk. Estas horas serán un infierno.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR