Capítulo 7: Sin deudas

1367 Palabras
Narra Victoria En ella hay algo diferente, para mí que estoy acostumbrada a estar rodeada de gente que siempre tiene algún tipo de interés, conocer a una chica tan joven que ha salvado mí vida arriesgando la de ella, es de poco creer. Más que no acepte mi forma de agradecerle, sabiendo que no tiene dinero y que le será necesario. La verdad no quería que hubiese quedado fanfarroneando por todos lados lo que hizo por mí, me iba a sentir en deuda, no lo quería. Le pedí a alguien que consultara sobre ella, supe que la manera que podía aceptar era buscando lo que ella realmente necesitaba; un mejor trabajo. Aunque al principio lo pensé, en el fondo sabia que necesitaba a alguien como ella en mi equipo o por lo menos cerca de mí, soy de poco fiar; pero en ella hay algo diferente. —Señora victoria, la cena está lista —dice Yayi, la mujer que cuida de mi alimentación. Me organizo para ir al comedor, me resultaba extraño compartir mi mesa con alguien, hace mucho estoy sola en esta casa por lo que es raro tener a una desconocida comiendo conmigo. —Gracias por la cena —dice la chica cortando los trozos de res. —No tienes que agradecer. No me gusta hacer plática, tengo una forma de ser compleja, lo acepto. También acepto la manera en la que me ve la gente, los he escuchado hablar de mí, hasta me dicen apodos; pero no me importa, las palabras ajenas no afectan mi autoestima y mi orgullo. Me gusta masticar con lentitud para saborear la carne, miraba de reojo a la chica y ella reparaba el espacio, ¿Qué tanto ve? —Tiene fotografías en lugares increíbles —dice como una manera de iniciar conversación. —Sí —respondo cortando con delicadeza mi porción de carne a término tres cuartos. —Le gusta viajar ¿verdad? —Sí. —¿Usted viaja sola? —Sí. Siempre intento limitarme a manera de no darle continuidad a su charla. —Vi que en una foto está acompañada por alguien ¿él es su hijo? Dejo de cortar la carne y apoyo los cubiertos sobre el plato, me limpio la boca con el pañuelo y recuesto mi cuerpo en el espaldar de la silla. Miro a la chica por un rato y parece que su pregunta no tiene una mala intención, muchos lo hacen solo para dañarme el rato. —Sí, es mi hijo. —Es parecido a usted, ¿él dónde está? —Lejos, muy lejos. —¿Y su esposo? ¿Tiene esposo verdad? Limpio las migas de mi boca con gestos bruscos, que ha toda costa sepa que este tema no es agradable para mí. —Dime, ¿Es importante para ti conocer esos detalles de mi vida? Digo, noto la curiosidad sobre eso. —No, solo devolvía las preguntas que me hizo en algún momento. Suspiro y vuelvo a tomar mis cubiertos. —No tengo, mi esposo se murió. Por lo menos para mí. Soy una mujer separada, lastimosamente me crucé con una cosa que no servía de mucho, alguien que no le sumaba nada a mi vida; un irresponsable llamado Fernando Lambordo, un hombre adinerado que al saber que estaba embarazada se fue de España, quizás pensó que me tendría detrás de él mendigando su atención. Pero Victoria Soler no le mendiga nada a nadie y eso se lo demostré con el paso del tiempo, que no necesitaría de un hombre para ser la mujer que soy hoy en día, ni su apellido necesitó mi hijo. Muchos dijeron que era una mujer demasiado orgullosa, pero no me importa. Lo que quería era ser grande, exitosa, sin la ayuda de él ni de nadie. —Debe ser agradable tener tanto espacio para usted sola. —Sí, lo es. Mi apetito se hace menos, a pesar de que la carne me parecía exquisitamente jugosa, pero no me gustan las charlas personales en medio de la comida. —¿Ya puedo comer? —pregunto con una sonrisa fingida. Me limito para no ser tan cortante con ella, tengo en la cabeza que le debo el estar respirando en este momento, parece que será una carga que tendré hasta que no sienta que se lo he devuelto. La chica asiente y sigue reparando todo a su alrededor. —¿Por qué me ofreció el trabajo? —pregunta haciendo que me de por vencida con la cena. —Pues, simplemente creí que lo necesitabas. Tenías un título y yo la vacante, eso es todo. —¿No me preguntará sobre mi experiencia o saberes? No es que tenga dudas de mis capacidades, solo que no me siento conforme que actúe de esta manera. No sabe quién soy y me invita de la nada a su casa, no haga esto solo para devolverme lo que hice en Colombia por usted. —Bien, ¿eres ladrona? —¿Qué? ¡No! —Asesinas personas o secuestras, extorsionas… —¡Claro que no hago esas cosas! —¿Entonces? Ya saca esa idea de tu cabeza, solo míralo como una manera de agradecer. No me gusta dejar nada pendiente, así estamos a paz y salvo. —¿Por qué? ¿por qué actúa así? —Porque no, porque así no funcionan las cosas en el mundo de Victoria Soler, no me conoces, yo sé como es el mundo, por algo tengo tantas canas en mi cabeza; cada arruga es una experiencia buena o mala. Aprendí a no deberle nada a nadie, eso es lo mejor, si quieres toma eso como consejo ya que aun eres joven. Con el tiempo sabrás como soy, soy una mujer correcta y justa. Algunos te dirán que soy una hija de put*, otros que soy una gran profesional, todo eso créelo. La chica no dice más, me mira extrañada y sigue comiendo. No creo que después de mis palabras quiera seguir conversando. No me permito este tipo de cosas, ya siento que soy lo suficientemente solitaria como para contarle tanto a una chica que no conozco. Al final de la cena me voy a mi cuarto, he tenido problemas para dormir por lo que un té y una pildorita, son todo lo que necesito para morirme por una noche. La mañana siguiente me dispongo para mi rutina, reviso mi agenda, organizo mi día, me tomo una taza de té y me preparo para ir a la empresa, escojo mi traje n***o de pantalón de corte recto, zapatos altos, y mi cartera de cuero. Bajo hasta el comedor para tomar mi taza de café como todos los días, leo el periódico y al rato como cualquier cosa si se me antoja. Hace veintiocho años creé mi empresa, Soler Tecnology fue mí manera de hacerme notar ante el mundo, mi iniciativa surge luego de mi separación o abandono, en mi caso son sinónimos. Me quería demostrar que era capaz sin la ayuda de nadie, el maldito Lambordo —padre de Fernando—. Creyó que me pisotearía y que, al ser una madre soltera, caería en el ahogo de las obligaciones de mi hijo. Nunca lo llamé, ni su asqueroso apellido necesité. Soy ingeniera tecnológica, tengo especializaciones y maestrías, me he preparado con el paso del tiempo, fue de manera obligatoria porque mi pequeña empresa crecía tan rápido que sentía que debía expandir mis conocimientos con ella. Hoy día, soy dueña de una multinacional, nos encargamos de vender tecnología a muchas empresas en el mundo. —Buen día, señora Victoria. —Buen día —respondo cruzándome a Emily en la salida. —Estoy ansiosa por esto, hace mucho quería tener esta oportunidad de… —Te pondré a prueba ¿okey? —digo poniéndome los lentes de sol—. Lo pensé y tienes razón, no debería hacer esto pasando por alto tus habilidades, lo correcto es que pases un conducto como todos, así que te pondré a prueba. —Espere, ¿Qué? —Sí, eso fue lo que ayer dijiste durante la cena y tienes razón. Que manera tan madura tienes de pensar. —Oh, pero… —Es hora de irnos, el auto nos espera.
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