Narra Emily
Me mantuve desorientada unos minutos, veía a mi lado a la mujer que había perdido la conciencia luego que el auto explotara, todo parecía tan irreal. El ruido y las altas llamas espantaron a todos los que veían la escena, lo que más tengo presente es una nube de humo que arropaba la zona.
—¿Estás bien?
Yo estaba recostada en el asfalto mirando el cielo, era como si no estuviera en la tierra.
—Señorita, ¿me escucha?
Miro a mi lado y un paramédico estaba inclinado.
—Estoy bien.
—Vamos a revisarla, le ayudaremos.
Asiento a lo que dice y otra persona llega para auxiliarme, todo el tiempo mis ojos estuvieron puestos en la mujer, vi como la inmovilizaron y la subieron a una ambulancia.
—¿Ella estará bien?
—Sí, estará bien. Fuiste muy valiente en ayudarla ¿Es alguien cercano a ti?
Niego con la cabeza.
—Primera vez que la veo.
—Ella fue afortunada de que te cruzaras por aquí, en este tipo de accidentes las probabilidades de sobrevivir son pocas.
Los hombres limpiaron y curaron algunas marcas en mis manos y aruños pequeños en mi cara, cuando logré tranquilizarme me miré las pequeñas raspaduras, parece que para mí solo fue el susto, creo que estoy bien; así que me pongo de pie y sacudo mi ropa.
—Espere ¿A dónde va? La llevaremos a urgencias para que la revise un médico.
—Estoy bien, ya tengo que irme.
Recojo mis cosas y me alejo de los hombres.
—¡Señorita, espere!
Muchos me miraban y abrían paso para que saliera, seguí caminando por mi ruta de siempre notando que mi chaqueta estaba rota; creo que por los vidrios del auto. A pesar de sentirme golpeada, aun con nerviosismo y melancólica por esto que acabo de vivir, tengo la satisfacción de saber que le he ayudado a esa mujer.
Al llegar a mi trabajo mis jefes esperan en la entrada, parecían algo molestos.
—Emily Díaz, Emily, Emily… ¿Que pasó? Nunca llegas tan tarde, ¿Dónde estabas?
—Jefe, si le cuento, no me lo creería.
—Bien, después nos dices, ahora ve a tu puesto, una de tus compañeras te cubrió mientras llegabas.
Entro a la habitación donde nos cambiamos y de apoco empieza a salir el dolor, mis hombros, brazos y piernas dolían; no comprendo por qué, hasta vi un golpe en mi pantorrilla, no recuerdo haberme golpeado en ese lugar, pero imagino que en la adrenalina del momento una persona es capaz de pasar por el ojo de una aguja.
Salí para empezar con el servicio, los clientes hablaban sobre lo que pasó en la autopista.
—Fue un caos, desde donde estaba pude escuchar, dijeron que una chica la salvó.
—¿De verdad? Yo escuché que fue un chico, pero que importa quien fue; lo importante es que esa mujer está viva.
Me dediqué solo a escuchar, sonreía por dentro porque llegué a escuchar más de la cuenta, hasta mencionaron que la chica que había salvado a aquella mujer se murió rostizada como un pollo.
A la mitad de mi servicio, estuve dentro recogiendo pedidos; algunas personas escuchaban música y otros solo estaban en sus teléfonos.
—Hola, ¿Qué deseas ordenar?
—Comida costeña, me das una sopa de gallina.
—Claro, ya se lo…
Me quedo mirando el móvil del hombre y en su pantalla había una imagen de aquel accidente.
—Oh, parece que este es el tema del día —dice el joven.
El chico desliza su dedo y hay muchos reportes.
—Parece que se trata de una extranjera, ha de ser una mujer muy importante como para tanto escándalo, ¿no crees?
—Si, me imagino —respondo dudando.
Ya me cuesta creer lo que todos dicen, solo espero que esté mejor.
Pasé el resto del día pensativa, por más que no quería, pensaba en lo que había pasado; es la primera vez que experimento algo tan fuerte.
—Oye, ¿en que mundo estás? ¿No escuchaste a los jefes? Dijeron que ya podíamos irnos.
—¿Qué?
Dori me agarra del brazo y vamos a cambiarnos, luego me fui a casa tomando la misma ruta de siempre.
Al llegar a casa le doy un abrazo a mi madre, no le conté lo que me pasó por fuera para que no se preocupara. Cerré mis ojos y la rodeé con mi cuerpo, ella sobaba mi espalda sin preguntar nada.
—¿Cómo te fue?
—Bien, mami. Tuve un buen día.
—¿Quieres comer?
—Oh, no, estoy bien. Solo quiero dormir, estoy cansada.
Me encerré en mi habitación porque todo el cuerpo me dolía, no pasaron unos minutos cuando ya me había rendido ante el sueño.
La mañana siguiente no pude levantarme, me sentía como si mi cuerpo hubiese pasado por un molino. Era tanto mi cansancio y maltrato que decidí no ir al trabajo, le dije a mi jefe que no me sentía bien, siempre son tan amables conmigo que me permitieron tomar los días que fueran necesarios, parece que mi cara de angustia fue mucha como para que terminaran diciéndome “descansa lo que necesites”
—Emi, Jhonatan está aquí.
Salgo de la cama para lavar mi cara, acomodo mi ropa y trato de verme bien para él.
—¿Te sientes muy mal? ¿Qué tienes?
—Creo que es un resfriado.
Él me abraza y deja un beso en mi frente.
—Cuando vivamos juntos, cuidaré de ti las veinticuatro horas del día. Será pronto si tú lo decides.
—¿A qué te refieres?
—Me refiero a que siento que es hora de casarnos, de vivir juntos y hacer una familia.
—¿Es enserio?
—Claro que sí, tan enserio como que te amo y que ya tengo la necesidad de despertarme y verte al lado mío.
—Vaya, no esperaba escuchar algo así antes de desayunar.
—¿Qué dices?
—¿Tengo que darte una respuesta?
No me siento segura de si sea el momento de irme, no quiero dejar a mi mamá sola, tampoco quiero ser una carga para él.
—Prometo darte pronto una respuesta, ¿de acuerdo? Solo quiero pensar lo que voy a decirte.
Jhonatan me abraza y susurra en mi odio:
—Estarás conmigo siempre.
—¿Ya lo has hablado con tu padre?
Pregunto sabiendo la situación con su familia, no me gustaría que entre él y sus padres tengan discordia por nosotros.
—Sí, no hay nada de lo que debas sentirte pensativa, además podrás estar bien conmigo; actualmente las cosas en la papelería marchan mejor y sé que puedo trabajar para darte la vida que mereces.
Sus palabras dan seguridad, pero quisiera que planeara nuestra vida más en forma de equipo.
—Juntos nos daremos la vida que necesitamos, prometo buscar más opciones, si tengo un mejor trabajo sé que…
—No vuelvas a lo mismo, ya lo habíamos hablado antes.
—Pero…
—Pero nada, puedes estar en casa, yo me hago cargo de ti.
¿Y mi madre? Entiendo lo que quiere hacer y lo valoro, pero no puedo hacer mi única responsabilidad a un lado, también tengo que responder por ella, no lo veo como una obligación, lo veo como algo que me nace del corazón, yo más que nadie sé lo que le costó a ella llegar a este punto. No puedo solo irme y ser egoísta, o darle una responsabilidad más a él.
—Está bien.
Siempre corto la conversación para no terminar mal.
Pasaron un par de días hasta que regresé al trabajo, caminé por las calles recordando lo sucedido, tenía en mi mente a esa señora, me pregunto como estará. Pasé por la autopista y aun hay marcas en el pavimento, vaya, que fuerte. Aparto mi vista y sigo mi camino, hasta que me doy cuenta de que un auto se empieza a orillar.
—Señorita —dice alguien.
Al pensar que no es conmigo, sigo adelante.
—Señorita, espere un momento —repite.
Quise voltear, pero sentía vergüenza, ¿y si no es conmigo?
—¡Joder! ¿eres sorda?
La bocina acompaña el grito, fue inevitable no voltear. Salté de la impresión y vi un rostro familiar.
—Usted…
—Eres Emily, ¿verdad?
La miro asombrada de pies a cabeza, era la mujer que salvé en el accidente.
—Sí, soy yo.
—Sabía que te reconocería de inmediato, mucho gusto, soy Victoria Soler.