Capítulo 5: La propuesta

1664 Palabras
Narra Emily Aquella mujer recatada estaba acompañada por dos hombres, uno conducía su lujoso auto y otro cubría su espalda. —Tenía tu rostro grabado, hay cosas que no comprendo con relación al accidente y menos que recuerdo, pero tu cara y tu voz se quedaron. La mujer tenía un acento español, parece que uno de los rumores si era cierto. —Me alegra verla bien. Tenía en su cara un golpe y pocas cosas visibles. Limpio mi mano y se la extiendo, ella me mira y tarda unos segundos en tomar solo la punta de mis dedos —También me alegro, casi que no puedo volver a España, parece que estuve destinada a morir en Colombia si no es por ti —menciona ella poniéndose unos lentes de sol— Bien, antes de irme quisiera saldar la deuda que me queda contigo, ¿dime cuanto quieres? —¿Cuánto quiero? No comprendo lo que dice. —Sí, ¿Cuánto dinero necesitas? —Oh, no, no crea que hice eso por dinero, con las gracias es suficiente. La mujer se quita sus lentes de sol y me mira de manera extraña. —Estás diciendo que te lanzaste a un auto a punto de explotar, ¿solo porque sí? —Sí, alguien tenía que hacerlo. —No, nadie tenía que hacerlo, ¿arriesgarse por una persona que no conoces? ¡Vaya! La mujer saca su cartera y de ella una chequera. —De verdad, no tiene que darme dinero. Victoria parece confundida, apenada guarda su cartera y mira a todos lados como si no supiera que más decir. —¿De verdad? ¿Solo con decir gracias es suficiente? —Si señora. —Bien, entonces gracias. Le sonrío a la mujer e intento despedirme, miro la hora y el tiempo no me espera. La mujer intenta subir al auto, pero se da la vuelta. —Emily, dime ¿hacia donde vas? —Oh, voy a mi trabajo. —Te parece bien si me permites llevarte, es lo mínimo que puedo hacer por ti. —Claro, un aventón no me vendría mal. La mujer es amable, entro primero a su auto, pero noto que no deja repararme. —¿A qué te dedicas? —cuestiona sin mirarme. —Soy camarera. —Oh, comprendo; ¿tus padres que hacen? —Mi madre está en casa, y a mi padre no lo conocí. —¿Por qué no aceptaste el dinero? —cuestiona sin tanto tapujo. —No la ayudé por dinero, lo hice porque sentía impotencia al ver que una persona estaba a punto de morir ante mis ojos, estoy segura de que cualquier persona lo hubiera hecho. —No lo creo, parece que en la vida nos topamos pocas veces con personas como tu Emily. Llegamos a mi trabajo y me despido, le doy una sonrisa y le agradezco por traerme, me bajo del auto sintiendo las miradas de mis compañeros. La señora Victoria estuvo afuera en su auto por un largo rato, todos preguntaban sobre el auto lujosos, pero me limité a responder preguntas. Casi una hora después el auto se mueve, trabajé todo el día teniendo la idea de la mujer en mi cabeza. Su forma de hablar es un poco fría por momentos, quizás esté prejuzgando y está mal, pero parece difícil de manejar. Antes de terminar el servicio, me piden que vaya a la mesa ocho, salgo sacando mi libreta del bolcillo del delantal y vuelvo a verla, la mujer estaba sentada de manos cruzadas viéndome desde el lugar. Esa misma mirada penetrante que mantuvo luego de nuestra corta conversación. —Oh, señora Victoria, ¿en qué puedo ayudarle? —Siéntate, por favor. Miro a los lados por mis jefes, no se supone que me siente con los clientes. —Nunca escuchas bien, siéntate conmigo. La señora parece autoritaria. Ruedo la silla y me siento en el bordecito de la silla. —¿En qué le puedo ayudar? —No comprendo por qué no recibes mi ayuda si sabes que la necesitas, aquí no ganas mucho, es tu único ingreso, tu madre no genera dinero y tienes una costosa carrera que no ha dado nada. ¿Si eres ingeniera por qué estás aquí? ¿por qué no aceptar lo que te quiero dar? —Estoy aquí porque aún no logro conseguir un empleo, es mi única fuente de ingresos, mi madre es una empleada maltratada que tiene que aguantar las humillaciones de personas prepotentes por un pago miserable. No ejerzo mi carrera porque estoy en un país que no brinda oportunidades, simplemente soy afortunada que en medio de todo lo que dije anteriormente, tenga este empleo que me ayuda a sobrevivir a mí y a mi familia. No sé como una persona desconoce tanto sobre la realidad de muchos, pienso que el dinero la hace enceguecerse. —Mira, Emily, no podré volver a España sabiendo que tengo una deuda tan grande contigo; sí, lo acepto, no quieres recibir mí dinero, no puedo obligarte. Pero creo que puedo ofrecerte algo mejor, tu me salvaste la vida así que también puedo salvar la tuya. Bueno, no sé si salvarla, pero si cambiarla. ¿Salvarme? ¿De qué? No sé si deba ofenderme o no por lo que dice, no quiero sentir que interpreto mal las intenciones de la señora. —Soy la CEO de una multinacional, mi compañía está en España, nos encargamos de vender tecnología a otras empresas en distintos países. Una persona como tú me vendrá muy bien, ¿Qué dices? Sentí que mi corazón dio un salto, era lo que hubiera querido escuchar en todos los lugares a los que he ido. —Vaya, no sé que decir. Trabajar en una multinacional es… —me quedo callada al recordar bien sus palabras—. Dice, ¿en España? —Sí, me serviría alguien como tú conmigo Emily. La verdad es la primera vez que hago esto, así que no quiero presionarte, el día de mañana me regreso a Madrid, si tienes una respuesta para mí, solo llámame. ¿de acuerdo? La mujer saca una tarjeta y la desliza por la mesa. Habla de presión y solo tengo un día para pensar, por Dios. —Está bien, lo pensaré. —Eres una chica inteligente Emily, piensa con inteligencia. La señora se pone de pie y se va, detrás de mí sabía que me todos mis compañeros observaban, por lo que guardo bien la tarjeta y hago como si no los hubiera visto. —¿Quién era esa mujer? —Una cliente. —¿No pidió nada? —No, dijo que se le hacía y se marchó. —Oye, esa mujer se me hace conocida, ¿Dónde he visto ese rostro? —se pregunta Emmanuel queriendo que le cuente más. —Seguro en alguna novela mexicana. Voy por mis cosas algo afanada, necesitaba contarle esto a alguien, sé que puede ser riesgoso porque se trata de una persona que no conozco, pero no hay que temer, si no me arriesgo, no sé si pueda funcionar o no. Lo primero que hago es ir a casa, confío en las corazonadas de mi mamá, si ella dice: “no sé, parece mala idea” no lo hago, simplemente es malo, es a lo que le llamo intuición de mamá. Llegando a casa me siento con ella y le expongo lo que pasó hace unos días, le cuento sobre lo que hace la mujer y hasta me tomo los minutos de consultar en internet, lo que no sabe Google, no lo sabe nadie. —Sé que es lo que quieres, Emi. Estarás lejos, te extrañaré, pero cuando recuerde que estás haciendo lo que amas, me sentiré feliz por ti. Muy feliz. —Oh, mamá, ¿estás segura de lo que dices? —Más que segura, no quiero que limites tus sueños o tu vida por mí, no quiero que veas a tu madre como un impedimento para que logres lo que quieras. Sé que no he sido capaz de muchas cosas y que me ha faltado la valentía que tú tienes, así que no pienses en mí y ve por lo que deseas. Las palabras de mi mamá me hacen llenar los ojos de lágrimas, que manera de llenarme el corazón y de inspirarme. Solo me queda escuchar el concepto de alguien más. Le pido a Jhonatan que por favor venga a mi casa más tarde, es algo que debe saber porque a estas instancias de nuestra relación, hemos proyectado cosas a futuro. Esperé por un largo rato hasta que me respondió por un mensaje de texto. —Lo siento, salgo un poco tarde de la papelería. ¿Mañana lo podemos hablar? No puedo esperar hasta mañana, es demasiado tiempo para mí, tengo que decirle ahora. Salgo de casa apresurada, la noche estaba por caer y no quiero estar tan tarde por fuera, la papelería está a solo cuadras por lo que no tardaré. Cruzo la ultima calle pensando en no encontrarme a su padre, sería terrible irme con un mal gesto de ese hombre. Sonrío emocionada al verlo, Jhony estaba afuera del local de su padre, parecía hablar con alguien, a medida que me acercaba escucho con más claridad lo que dice. No era una conversación, era una discusión. —No puedes decidir sobre mi vida, soy un hombre adulto, sé perfectamente con quien puedo casarme y con quien no. Me quedo inmóvil al saber que se trata de mí, discute con su padre por mí. —Te has vuelto loco, solo tú quiere meterse con una camarera, ¿no has visto que alrededor tienes mejores opciones? Entre tanta escoges la peor. Sus palabras fueron un duro golpe a mi pecho. —No uses esas palabras, estás siendo muy duro con ella. Mejor no toquemos más el tema, sé que de esto no puedo hablar contigo. Jhonatan se da la vuelta, sus ojos se conectan de inmediato conmigo. —Emi —pronuncia en voz baja.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR