|Oleg Ferraro| El estómago se me encoge al ver la cena que Loreley preparó, servida en la mesa, fría y olvidada. Las velas están apagadas y la botella de vino yace en un recipiente con el hielo completamente derretido. Todo lo que habíamos construido se ha ido al carajo en cuestión de horas. Y todo por culpa de la misma mujer. Aprieto las fotos que tengo en las manos y las hago trizas, furioso. Esa víbora tiene que ver con la desaparición del anillo, no tengo dudas. Lo llevaba bien asegurado en el saco. Fue la única que se me acercó, me distrajo, y lo robó, la muy perra. Las fotos no fueron una coincidencia, ya tenía todo planeado para arruinar lo que tengo con Loreley. «Me las vas a pagar» Subo a toda prisa a la habitación de Loreley. Debe de estar llorando desconsolada por lo que vi

