12. Un heredero

1582 Palabras

|Ksenia Hartmann| El sol me da de lleno en la cara, obligándome a revolverme en la cama con fastidio. Apenas abro los ojos, descubro que fue Óscar quien abrió las ventanas. —Es hora de levantarse, señorita —anuncia mientras busca algo de ropa en el clóset—. La esperan abajo para desayunar. —¿Por qué te despiertas tan temprano? —gruño, molesta—. Dame cinco minutos más. Me cubro la cabeza con la almohada, de mal humor. Me duele la cabeza... y la entrepierna. —El señor Rurik espera su presencia —insiste desde el baño—. Por favor, apúrese. A regañadientes, me incorporo y me siento al borde de la cama, desnuda. Óscar aparece con una toalla; me la envuelvo antes de ir al baño, donde ya me ha preparado la tina. —Joder, siento que la cabeza me va a estallar —murmuro mientras me sumerjo—. N

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