MI ASISTENTE

1283 Palabras
Dalia Una chica, wow que chica, suspire, mientras recordaba su sonrisa, su cabello n***o cayendo por sus hombros, y esas gafas que la hacían parecer tan interesante. - Es normal que estés confundida, esto es nuevo para ti- sus ojos se abrieron como dos platos- ¿De donde la conoces? - ella se sonrojo, para mi era normal todo esto, desde niño tuve mis tendencias homosexuales, tanto que mi padre, me corrió de la casa recordé. - Fabián por favor- aparte la mirada de el, no sabia como expresarme de ella, ni tan siquiera entiendo porque estoy aquí a esta hora bebiendo con mi mejor amigo, hablando de una chica, de una empleada, suspire, ocupando mi tiempo, mis pensamientos. - ¿No me dirás? - la mire, su teléfono sonó, tomo entre sus manos, lo apagocuéntame- me acerque, la note muy interesada en esa chica, la note con un brillo especial, en los ojos. - No tenemos, ni tendremos nada- afirme, pero en el fondo deseaba conocerla, saber mas de ella. - Nunca digas nunca reyna- ella tomo una copa mas, de vino, supongo que, para darse valor, se que es difícil para ella. - Es joven- recordé- es practicante de derecho- sonreí- el mejor promedio de su generación- me gustaba que fuera inteligente- quizás en unos meses sea mi asistente, claro dependiendo su desempeño- eso era peligroso para mi tenerla cerca, pero quería correr ese riesgo, pensé. - ¿Tu asistente? - la mire confundido. - Si- voltee a verlo- Oscar se va y su lugar queda vacante, me senté a su lado, sonriendo, bromeando, recordando viejos tiempo, viejos amores, menciono el nombre de mi primer amor, yo preferí no hacerle caso, ni mencionar nada al respecto, vi mi reloj, me levante de la alfombra- debo irme- tome mis zapatos, los coloque, Fabián hizo pasar a mi guarura. - Te amo- sonríe, ella ya estaba un poco ebria, su rostro estaba rojo, se notaba pensativa, preocupada quizás, yo pensaba que era algo bueno que empezara a sentir algo por esa chica, por alguien diferente a ese hombre con el cual se casó - Yo también te amo, mi amor- lo abrace con fuerza- Te veo pronto- como era costumbre , Salí por la puerta trasera, subí al auto, el chofer condujo, hacia mi palacio, al llegar yo entre fui al estudio, del frigo bar tome una botella de vino, me quite los zapatos, abrí la puerta, que daba hacia la terraza, salí, admiraba la luna, de ese cielo estrellado, sonreí, deseando que el sol anunciara un nuevo día, el día de volver a verla. Yazmin En mi cabeza solo estaba un objetivo, había dejado el tema del romance a un lado, estaba concentrada en mis estudios, en tener un buen desempeño en ese despacho de abogados, tenia la firme intención de quedarme a trabajar en ese lugar, junto a ella, una sonrisa se dibujo en mis labios, pensaba mientras entraba a la oficina, a ese lugar donde me había vuelto adicta a estar, acomode mi falda, mi cabello. Dalia Me sentía, ridícula, esperando por ella, para compartir, elevador, me sentía tonta, por estar tras una niña, pensé cuando entro al elevador. - Hola, buen día- sonreí, era imposible, no hacerlo. - Buen día- dije seria, ocultando mi sonrisa, la alegría de verla, al iniciar el día, de tenerla cerca, ella salió yo unos pasos tras ella, Yazmin se detuvo, cuando pasé junto a ella, ella dijo. - Que tenga bonito día y excelente inicio de semana- sonreí, ella se detuvo, me miro. - Igualmente- tan seria yo pensé, caminé hacia mi oficina, sin duda la semana será linda, pensé, entre a mi oficina con una sonrisa en los labios, la semana se me fue tan de prisa, pensé, mientras tomaba mis cosas, para ir a casa, para pasar el fin de semana con mis dos hijos y con mi nieto. Yazmin Preparando demandas, revisando expedientes, soportando uno que otro patán, ir a la universidad, ayudar a mi madre los fines de semana, con la venta, de comida, era cansado, pero valía la pena, pensaba un domingo por la noche. Dalia Domingo por la noche, había cumplido con todo al pie de la letra, había ido a misa, a pesar de no ser religiosa, había desayunado con mis hijos, comí y cene con mi esposo, pero al llegar la noche, por no decir todo el día, algo ocupaba mis pensamientos, tome un libro, necesitaba pensar en otra cosa, ocuparme. Yazmin Levantarme temprano, todos los días, pasar horas en el camión, el cuarto mes de mis practicas había iniciado, estaba a dos meses , quizás menos de graduarme de la universidad, como abogada, sonreí, camine como cada día hacia la entrada del edificio, con una sonrisa, en los labios salude, cordialmente a las personas que me encontraba en mi camino. Dalia Conduje mi auto, me arregle mas de lo normal, baje del auto, vi mi reloj, era la hora en la que ella llegaba camine hacia el elevador, ella ya estaba ahí, para mi sorpresa, estaba con Fernando, uno de mis abogados, pensé, estaban sonriendo, yo los mire, voltee la mirada hacia el frente mientras decía. - Buen día- los minutos en ese elevador se hacían eternos, así que Salí un piso antes. Yazmin Estaba seria, tanto que bajo un piso antes, yo voltee a ver a Fernando, le di una sonrisa, salimos del ascensor, me despedí de el, el tenia su propia oficina, un lugar en el despacho, mientras yo solo era la practicante pensé, llegue a mi lugar, coloque mis cosas, me enfoque en el trabajo antes del medio día la extensión del área sonó, atendí el teléfono, era Melisa, la recepcionista. - Hola Yaz, buen día. - Hola Mely- sonreí. - La abogada Villaseñor te quiere ver en tu oficina. - Claro, ahora voy- mi sonrisa se desvaneció, mi rostro cambio, tome mi cuaderno y una pluma, camine hacia la oficina de la señora Villaseñor. Dalia Esperábamos por ella, Oscar y yo, yo estaba nerviosa, tenerla cerca, pasar tanto tiempo juntas, quizá no sea lo mejor para mi, pensaba, un golpe en la puerta me trajo a la realidad, en tono alto dije: - Pase- Oscar, se puso de pie, me miro, sonrió, Yazmin camino hacia nosotros, estando frente a mi escritorio, se dibujo una sonrisa, seguido de. - Buen dia, abogados- Villaseñor, inicio la conversación, las piernas me temblaban, las manos me sudaban, esa mujer en serio imponía, no había estado tan cerca de ella como ahora lo doy pensé. - Yazmin- la mire fijamente, intentando actuar, como la abogada seria que soy, haciendo a un lado lo que me pasaba con ella- toma asiento, por favor- ella se sentó a un lado de Oscar, frente a mi, sus ojos color miel, es tan linda pensé, inalcanzable también, quiero ser como ella, algún día , lo supe desde que la conocí en esas revistas y lo afirmo ahora que estoy aquí frente a ella - Gracias- estaba nerviosa, ella me ponía nerviosa, como persona y como la abogada que es, sus ojos miel, mirándome, esos ojos tan misteriosos, que casi nunca se posan en mi, ahora esta frente a mi y yo frente a ella, sus ojos eran claros como los míos, su piel blanca y su cabello, sus labios, su nariz, todo parecía Perfecto, único. - Te pedí que vinieras porque como sabes Oscar, se va en un mes- mis ojos seguían mirándola, intentando verla como una chica mas, intentando comportarme como la mujer seria que siempre soy, pero mis ojos, la veían y pensaban que realmente era linda, la noté nerviosa- Oscar te propuso para ser mi asistente.
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