Dalia
Sebastián y yo entramos al elevador, yo me sentía, preocupada por que ella me vio, que tonta soy, pensaba, al entrar el me miro.
- ¿Todo bien? - su actitud cambio, la note pensativa.
- Si mi amor- sonreí- todo bien- el enmarco mi rostro, beso mis labios, al final del beso dijo.
- Te amo- bese su mejilla, entrelace mis dedos con los suyos.
Dalia
Durante la comida estuve algo distraída, recordando el rostro de esa chica, sus ojos mirándome, me sentía culpable fuera de lugar por lo sucedido, por que ella me vio con mi esposo pensé, estaba tan distraída que Sebastián, me observaba detenidamente, en tono suave dijo.
- Mi amor, el mesero pregunta ¿que si estas lista para ordenar? - ella estaba tan distraída que no escucho al mesero hasta que yo le dije.
- Si, claro- ordene mi comida, e intente poner atención a mi esposo, quien hablaba de nuestro próximo viaje, de nuestras vacaciones en navidad, yo le dacia que si, incluso propuse algunos lugares, al volver a la oficina, la busque, pero no la encontré, hasta que Oscar mi asistente dijo.
- Los practicantes se encuentran en el archivo y algunos en la biblioteca revisando documentos- camine tras la abogada Villaseñor.
- Bien, han pasado tres meses- lo mire.
- Así es abogada- me quede de pie.
- Siéntate por favor- lo mire- ¿sigues con la idea de querer irte? - lo mire.
- Si, mi esposa y yo queremos que nuestro hijo este cerca de nuestros padres- la mire- estoy eternamente agradecido, usted, siempre lo estaré, ah sido mi mentora- ella se puso de pie.
- Te aprecio y las puertas de mi despacho siempre estarán abiertas, para ti- el se puso de pie, yo le di un abrazo.
- Gracias- sonreí.
- Ahora, necesitamos a alguien para tu lugar- lo mire.
- Si, bueno podríamos publicar la vacante, o seleccionar a uno de los practicantes- cuando dije eso ella se levanto no dijo nada.
Dalia
A mi mente vino la señorita Herrera, fue la mejor de su generación, ha tenido buen desempeño, en los trabajos que solicitamos, pensé, regresé a la silla.
- ¿A quien propones? - lo mire.
- En base a su promedio y su desempeño, podría ser Herrera- a ella parecía no disgustarle la idea.
- Esta bien, el lunes empecemos a darle mas responsabilidades- me quedé unos minutos conversando con Oscar, hasta que vi el reloj, era hora de ir a casa.
Yazmin
La tarde paso, yo evitándola a toda costa, cuando la hora de salir llego, yo tome mi bolso, mi termino y camine hacia el ascensor, conversando con Fernando un compañero, el pregunto.
- ¿Qué harás hoy? - la mire, realmente es hermosa, pensaba, recargado en la pared del elevador.
- Iré a casa- sonreí- tomare una ducha, veré tv, quizás alguna película, una comedia- el sonrió.
- Es un plan interesante, pero podrías hacer eso el domingo- la miré- y hoy ir con nosotros al bar- insistí.
- En otra ocasión- no estaba de ánimos, pensé, al llegar a la recepción nos despedimos.
- Te veo el lunes- besé su mejilla- estaremos en el bar de la avenida- insistí.
- Descansa- reí, el se fue y yo caminé hacia un costado del edificio, la vista era maravillosa, en una tarde como hoy, después de la lluvia, salió el sol, el cielo se ve algo despejado, pensaba, era el mes de mayo, la primavera, mi cumpleaños, esta próximo pensaba, le di una calada al cigarrillo, normalmente no fumo pero ahora me siento algo estresada, le di una calada mas al cigarro, con la mirada al frente, distraída, escuche una voz conocida para mi.
- Fumar daña los pulmones, la piel-mi tono serio, ella volteó a verme, cuando lo hizo yo había dejado de mirarla.
- Lo siento- apague el cigarrillo, las mejillas sonrojadas- no sabia que no podía fumar aquí- ella poso sus ojos color miel, en mi.
- No lo dije por eso- nuestros ojos se encontraron, me dejo sin palabras, a mi la señora perfecta.
Yazmin
Sus ojos, esa mirada, no encajaban con ese rostro serio, con esa voz, con esa mueca parecida a una sonrisa, era bella pensé, sin darme oportunidad de reaccionar, se fue , desapareció entre la multitud, yo camine hacia el paradero del autobús.
Dalia
Subí de prisa al auto, esas miradas, mi forma de acercarme no, no puede ser, volví a mi a calma, a mi seriedad, el chofer pregunto.
- ¿A dónde la llevo?
- Al bar de siempre por favor- el asintió, condujo, yo como de costumbre iba en silencio, pensando, analizando, llegamos a ese lugar, me senté en la mesa de costumbre, el mesero se acerco.
- Hola, buen tarde abogada, ¿Desea ordenar?
- Lo de siempre por favor- le di una sonrisa, me sentía nerviosa al recordar, una sonrisa se dibujo en mi rostro al recordar sus mejillas sonrojadas, una voz conocida, dijo.
- Querida- me acerque en cuanto me dijeron que ella estaba aquí, sonrió, me miro.
- Querido- me puse de pie, dejé un beso en cada mejilla.
- Mi amor, que alegría verte- tomaba su mano, el mesero se acerco-no, no dejes su copa aquí, llévala a la oficina por favor- le di una sonrisa al chico, mi amiga sonrió.
- No pierdes el tiempo- le dije riendo.
- No cariño, ya lo perdí, perdí muchos años valiosos- la mire- vamos a mi oficina- ella engancho su brazo en mi brazo, su guarura se acerco, ella le dijo.
- Quédate aquí afuera por favor- entramos a la oficina de Fabián, nuestra amistad era algo secreta, al menos para mi familia.
- Siéntate por favor, ponte cómoda- le di una sonrisa.
- Gracias amigo- el se sirvió una copa, regreso al sofá, se sentó a mi lado, me miro a los ojos.
- ¿Qué te trae por aquí? - la mire.
- Me traen las ganas de ver a mi amigo y tomar una copa tranquila con el- me puse de pie evitando su mirada, el conocía todo de mi, sabia mis secretos, se acerco, me abrazo, cuando al solté camino hacia la pequeña cantina de mi oficina, sirvió una copa de wiski, mientras me decía.
- Estoy muy estresada- evitaba mirarlo, no tenia valor para decirle que estaba confundida.
- Es normal- la mire- trabajas mucho.
- Por favor llevo, años siendo abogada- le di un trago a mi bebida.
- La mejor abogada del país- la mire- te falto decirlo.
- Claro, próximamente quizás sea jueza- lo mire, no podía decirle lo que realmente me pasaba, ni yo misma lo entendía pensé, entre algunas copas, recordando algunas cosas que nos pasaron, el, volvió a preguntar.
- ¿Qué te pasa? - la mire fijamente, ella recargo la cabeza sobre el sofá, estábamos sentados en la alfombra cerca del sofá, ella levanto la mirada al techo, yo en broma dije- la respuesta no la tiene el techo la tienes tu- ella sonrió, volteo a verme.
- Ese es el problema no se que me pasa- lo miré, en ese momento lo entendí, esto era nuevo para mi.
- Entre nosotros no hay secretos- la mire- puedes confiar, contarme lo que sea, yo sabré escucharte- yo sostenía un cigarrillo, ella me lo quito, empezó a fumar.
- Se que esto daña mucho la salud, pero- le di una calada, esperando encontrar las palabras para decirle que- hay una chica.