Capítulo 14: Solo con un pulgar

1088 Palabras
Megan Martin Mi madre llega con nosotros, se acerca para besar a Dereck y él le sonríe como siempre lo hace. Luego, los ojos de mi madre me miran con preocupación y me toma el rostro. —¿Qué pasó, hija? —Tuvo un percance anoche, con los idiotas de su grupo —le dice Dereck, noto cómo se tensa por completo, sus brazos se ponen más duros de lo que ya son—. Pero, prefiero llevarla a su cuarto para contarte, porque no creo que aguante mucho con ella así. —Claro, amor. Vamos. Mi madre vuelve a subir, yo me sonrojo un poco y en cuanto me deja en la cama, me hago una bolita. Acabo de darme cuenta lo mucho que me gusta mi cama, mi cuarto, mi espacio. Me siento segura, aquí nadie me puede tocar y cuando recuerdo lo que pasó anoche, mis ojos se llenan de lágrimas. Mi madre se acerca a mí, me aferro a ella y me acaricia el cabello. Hace tanto que no sentía miedo de esta manera. Es como si salir del hospital me hubiese roto la armadura. Quise verme fuerte para no molestar a Dereck, pero ahora puedo sentir todo el pánico que no sentí ayer. —¡Dime qué le pasó a mi niña! —llora mi madre y veo a Dereck apretar los labios, meterse las manos en los bolsillos y erguirse como el imponente empresario que es. —La atacaron. Tuve un presentimiento, como lo que te dije el otro día, ¿recuerdas? —Sí, a tu hermana quisieron hacerle una broma horrible. —Bueno, a Megan no pensaban hacerle una broma —lo veo mirar a otro lado y soltar un bufido—. Quisieron abusarla. Mi madre ahoga un grito y me aprieta más. Cierro mis ojos, porque no quiero llorar más, pero no puedo evitarlo. Las lágrimas caen sin que las pueda controlar. —¿Y la policía? ¡¿Llamaron a la policía?! —Claro que sí. Mis abogados frenaron todos los intentos de fianza que pidieron y no solo eso, van a juzgarlos por otros delitos similares. Ya conseguí dos víctimas dispuestas a declarar. Lo miro con sorpresa y puedo ver sus ojos oscuros, su mirada es la de un asesino o qué se yo. Se ve peligroso y eso me ayuda a recuperar un poco la calma. —Anoche tuvimos que quedarnos en el hospital, le dieron un golpe en la cabeza y ahora tiene indicaciones de reposo absoluto por dos días, con vigilancia en los síntomas que pueda presentar. —Debiste llamarme, Dereck… ¡Es mi hija, mi niña! —Lo siento, amor —esa palabra me escuece, pero es lo que mi madre es para él—. Preferí hacerme cargo yo para que no te preocuparas y para que Megan descansara. Mira cómo estás ahora, eso no la ayuda. Dereck se acerca y tira de ella para abrazarla. Yo me miro las manos un segundo y me limpio las lágrimas. —Debes darle seguridad, lo que pasó no fue sencillo. Las dejo para que hablen y la ayudes a bañarse. Dereck se marcha, nos quedamos solas y madre solo me abraza un poco más antes de llevarme al baño. Me ayuda con la ducha, hace tanto que no hacía esto por mí y se siente bien. Pero sé que esto es solo por aparentar, porque yo nunca he sido su prioridad. Y lo compruebo al salir. —Hija, no sabía lo que te pasó y me comprometí con los mellizos para ir a visitarlos. Adara tendrá una presentación, será la princesa en una obra y Adam será el villano. —No te preocupes. No tengo nada que hacer, solo quedarme aquí y ya. —Lo siento. Yo le sonrío levemente, me dejo ayudar con el pijama y en cuanto estoy vestida, ella sale del cuarto. Una de las empleadas, como si estuviera esperando, entra con una enorme bandeja de comida. De mi madre, ni sus luces. Al ver toda la comida, niego con delicadeza, porque ha empezado a dolerme la cabeza. —No me comeré todo eso… —Yo creo que sí —me dice Dereck, entra al cuarto y la chica sale volando—. Debes comer bien. —Lo sé, pero esto es mucho y me está doliendo la cabeza. —Sobre eso —saca un frasco de pastillas y lo deja en la mesita de noche—. La receta de la doctora. Una cada ocho horas en caso de dolor, así que deberías comer algo y luego tomártelas. Miro todo y sé que es mucho, pero decido comer un poco de todo y hasta donde aguante. De pronto, me siento agotada, quiero dormir y lo mejor que puedo hacer es salir lo antes posible de esta situación. Me llevo el primer bocado, es ensalada de frutas, puedo con eso. Cuando me la termino, noto que tengo un poco más de hambre, pero decido que la pastilla es urgente. Me la tomo con un poco de jugo y sigo comiendo. Miro a Dereck, quien parece un guardián, sentado frente a mí y con su pulgar jugueteando con sus labios. Aprieto mis piernas, no sé por qué, pero es como si estuviese frenando algo que no debe salir. —Ya estamos en casa, no tienes que seguir cuidándome —le digo en un susurro y sin mirarlo. Me siento vulnerable. —Bueno, me aseguro de que comas lo suficiente. Dejo a un lado la leche tibia y las tostadas. Siento que ya es suficiente y él retira la bandeja. Cuando me ve, frunce el ceño, mira la bandeja y niega como molesto. Veo que acerca su mano a mi rostro y su pulgar pasa por el costado de mi labio superior. Cierro los ojos, respiro por la boca y no soy capaz de botar el aire. Una corriente me recorre todo el cuerpo, es como si ese simple toque, con tan solo un pulgar, pudiera ordenarle a todo mi ser que haga lo que él quiera. —Te dejo descansar, debes estar agotada. Me entierro en la cama sin abrir los ojos, porque no quiero verlo. Si lo hago, sabrá que puede hacer conmigo lo que se le pegue la gana. Cuando la puerta se cierra, respiro profundamente varias veces y me digo que debo recordar la distancia que he marcado con él. —La próxima vez que te vea, volverás a no ser mi papi. Cierro los ojos y me duermo.
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