Capítulo 15: Tentación

1080 Palabras
Dereck Hunt Debo decir que el ver a esa mocosa comer me provoca pensamientos demasiado indecentes. No es propio de mí, una mujer nunca me resultó tan atractiva y sexy solo moviendo su boca para comer, comida, alimentos. Y ella se ve peor con ese pijama de depresión que le queda grande, parece abrigado y quisiera ser ese pijama. Debe sentirse muy bien tenerla así de pegada. ¡Concéntrate! Cuando veo que deja la bandeja a un lado tras comerse las tostadas con mermelada, noto que le ha quedado un poco sobre el labio y debo decir que es tentadoramente perfecta, tanto que se la quitaría con mi boca, solo para comprobar que sus labios son más dulces que la misma mermelada. Pero eso no sería correcto. Estoy casado. Según mi experiencia, es mejor hacerlo con el pulgar, pero resulta mil veces peor y sé que, en cuanto salga de este cuarto, debo apresurar esa maldita carta del instituto para que yo pueda mandarla lejos. Si la sigo teniendo tan cerca, no podré ser tan fuerte como siempre lo he sido. Arruinaría su vida y también la mía, porque Loretta podría impugnar el testamento. Y no le daré en el gusto. Tal vez pueda llamar a Lorraine, ella siempre me ha escuchado todas mis perversiones, tal vez por eso no confía tanto en los hombres. Pero, además de escuchar, también me da buenos consejos, sin juzgarme jamás, no sé cómo lo hace. Dejo a Megan lista para dormir, una de las chicas del servicio toma la bandeja en cuanto salgo al pasillo y yo le envío un mensaje a Karl. Solo unos segundos después, recibo su respuesta. Recibido de Karl: «Llamaré ahora mismo al instituto, señor. Hoy mismo tendrá esa carta en casa.» Cierro los ojos, respiro profundo y me voy al cuarto, en donde mi esposa está preparando su maleta para ir a Texas. Sus mellizos serán parte de una obra de teatro, es algo que no planeó y, aunque Megan requiere cuidados, mu gusta que no quiera decepcionar a sus hijos. Se acerca a mí, pasa sus brazos por mi cuello y me besa con suavidad. —Lo siento… De haber sabido que todo esto iba a pasar. —No es tu culpa. Megan estará bien, yo mismo pondré gente que la cuide —ella me sonríe y baja sus manos, para posarlas en mi pecho. —¿Podemos darnos una despedida como corresponde? Estaré allá una semana, te voy a extrañar. —Me encanta esa idea. Terminamos en la cama, donde ella toma el control y me gusta, porque tiene mucha experiencia. Sabe cómo enloquecerme y despertar a esa bestia que le encanta en la cama. Sin embargo, cuando la tengo en cuatro, gritando contra la almohada por mis embestidas, no estoy saboreando su cuerpo, ni tampoco siento el éxtasis por estar con una mujer así. No. En mi mente la veo a ella y sé que es sucio. Pero me consuelo sabiendo que no soy el único hombre que se ha acostado con una mujer pensando en otra. Cuando terminamos, ella deja un beso en mi pecho y se va a la ducha, dejando que me deleite con los movimientos de sus caderas. Me lanza un beso desde la puerta, me hace un gesto para que la siga y lo hago. Tendría que ser estúpido para no aprovechar el sexo con mi esposa. Unas horas después, antes del almuerzo, veo a Janina despedirse de Megan. Le da un beso en la frente, le canta una canción de cuna y la veo sonrojarse, pero sonriendo del mimo de su madre. —Prométeme que, si te pones peor, me lo dirás. Puedo regresar de inmediato. Linc sería feliz de poner su avión a mi disposición para deshacerse de mí. —Ve tranquila. Puedo molestar a Irwin. Me lo debe, por ser tan nerd y dejarme sola. —Te amo, mi niña. —Y yo a ti, mami. Dales un beso de mi parte a los mellizos del terror. Janina le sonríe, se pone de pie y sale del cuarto, yo miro a Megan unos segundos y sigo a mi esposa. Nos damos un último beso antes de que ella se suba al auto y veo cómo se marcha. En la entrada distingo otro auto, es Karl. Me tenso de inmediato, casi puedo saber a qué viene y sé que esto será terrible para ella, pero es lo correcto. Cuando su auto se detiene, Karl se baja con un sobre y lo extiende para mí. —Señor, ya está hecho. —Gracias. Ve a la oficina, tráeme todos los documentos que se necesiten con urgencia y posterga todo lo que tenga durante una semana. Si hay algo que se pueda pasar a remoto, hazlo. —Sí, señor. Y gracias —sonríe como niño en dulcería—. Ya lo pedí. Se verá precioso en el centro de mi cuarto de colección. —Te lo ganaste bien, Karl. Te espero con el trabajo. Me meto dentro, golpeo la palma de mi mano con el sobre y decido que no se lo entregaré hoy. Es mejor que se recupere de lo que le pasó y esto podría alterarla. Lo dejo en mi oficina, voy a la cocina para saber si la comida está lista y yo mismo llevo la bandeja que es para ella. Cuando me ve entrar, abre sus hermosos ojos, yo solo pongo la misma cara de siempre, ella me sonríe con su gesto divertido y recibe la bandeja. —Gracias, papi —su tono dulce me altera y doy un respingo. —No me llames papi, ya te lo he dicho. —Creo que puedes pasar de pelear por eso conmigo, al menos estos dos días que estaré convaleciente y sin mi madre —me dice con un puchero y batiendo sus pestañas de manera exagerada. Yo solo pongo los ojos en blanco y me siento a verla comer, pensando en que cada día odio más que me llame así, porque un padre jamás pensaría en su hija de la manera en que yo pienso en ella. No. Yo no soy su padre, papi, papá ni nada parecido. Yo soy el jodido esposo de su madre, el mismo que se folló a su esposa en la ducha pensando que, a la que tenía con la espalda pega a la fría baldosa, era la misma chiquilla que ahora disfruta de su pasta. No, Megan. Yo no soy tu papi.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR