Clarissa Clarissa se despierta con la luz del sol entrando a través de unas cortinas desconocidas. Por un instante —un instante dichoso y desorientado— no recuerda dónde está ni por qué. Está cálida y cómoda, enterrada entre sábanas suaves que huelen a cedro y a algo más oscuro, algo masculino que le revuelve el estómago de una forma que no comprende. Entonces la realidad vuelve a golpearla. Eduardo. Karin. La foto. Se incorpora demasiado rápido y la cabeza le da vueltas. La habitación se va comprendiendo poco a poco: paredes oscuras, muebles minimalistas, una estantería llena de libros de bolsillo y libros de texto desgastados. La habitación de Federico. Está en la cama de Federico. Su teléfono está en la mesita de noche, donde lo dejó. Lo agarra con el corazón acelerado. 13:47.

