La idea de otra mujer cerca de Nikola era un tormento intolerable para Alissa. Una furia irracional, primitiva, se apoderó de ella, intensificando el fuego que la consumía desde dentro. Ninguna otra mujer tenía derecho a estar ahí. «Nikola era suyo. Solo suyo.» —¡Alissa! —la llamó Nikola, su voz cargada de alarma al ver cómo intentaba levantarse, con los ojos encendidos de rabia mientras buscaba alcanzar a la chamana, deseando apartarla o incluso herirla. El vínculo entre ambos era un torrente indomable. Sentía cada chispa de su furia, cada ola del dolor abrasador que recorría el cuerpo de Alissa. La desesperación y la necesidad de calmarla lo llevaron a hacer lo único que su instinto le dictaba, cerrar el vínculo, por lo que no dudó ni un minuto más reclamando sus labios. Fue un bes

