Desperté sintiendo una presión en los ojos, intenté abrirlos pero no pude. Pensé lo peor, me quedé ciega o Edward puso pegamento en mis párpados. La última opción era la más probable. Recordando cada detalle de mi habitación, me levanté y caminé con cuidado, utilizando ambas manos para tocar la puerta del baño. Interrumpi mi labor cuando escuché su risa y, automáticamente, giré. -Es una mañana muy oscura ¿No crees? ¡Hijo de perra! Haré que se trague sus propios ojos. -Quítame lo que sea que hayas puesto en mis ojos, así podré matarte- concluí con una sonrisa. -No, todavía no. Tendrás que encontrarme primero- dijo. Agudice mi oído para saber de dónde provenía su voz. -Pero tengo los ojos tapados, idiota- dije, como si fuera obvio, luego de tocar con los dedos la suave tela. Mi primera

