Amanecí con el brazo de Edward descansando sobre mi estómago, lo moví con sumo cuidado y me levante. Cogí de la silla, que se encontraba en la esquina de mi habitación, un short de jean azul y mi blusa blanca. Entre al baño, abrí el grifo y comencé a quitarme la ropa... Cuando salí, Edward estaba sentado en la cama con el torso desnudo. Arrugue el entrecejo, pues no recordaba que hubiese dormido sin la camiseta. Aun no se había percatado de mi presencia, por lo que me tome el tiempo suficiente para mirar aquella cicatriz que cargaba en la espalda, la cual me daba ganas de tocar. Aparte los ojos en cuanto volteo. -Hola- dijo, una ligera sonrisa apareció en sus labios. -¿Todo bien? -Estupendo. Desearía que fuera así todas las mañanas- agrego esto último con un deje de tristeza. -¿El qué

