Capítulo 14: La curva del acantilado El aire estaba frío aquella tarde, con un filo que se colaba entre los huesos. Las nubes se habían amontonado sobre el horizonte como un ejército oscuro, amenazando con desatar una tormenta que parecía reflejar exactamente lo que Micaela llevaba dentro. Sus pasos resonaban sobre el camino de tierra húmeda que conducía al acantilado. Cada piedra, cada curva, parecía arrastrar consigo un recuerdo que había intentado sepultar durante años. El viento, cada vez más intenso, agitaba sus cabellos como si quisiera empujarla hacia atrás, obligarla a detenerse. Pero Micaela avanzaba, firme, con esa obstinación silenciosa de quien ha decidido enfrentar el dolor cara a cara. El murmullo del mar empezó a crecer, primero lejano, luego imponente, hasta que el rugid

