Capítulo 3: 《《Los nombres que no se dicen》》
El pueblo tenía la extraña costumbre de hablar en voz baja sobre las cosas que dolían. Preferían callar o mejor aún murmurar cuando se sabía que era doloroso lo que estaba rondando o que podía lastimar a alguien el alboroto sobre un tema en particular y en este caso no seria diferente.
Todo el mundo sabía quién era Frank Umpiérrez, pero nadie se atrevía a preguntarle por qué había vuelto. Menos aún, a mencionar lo que había ocurrido aquella noche de septiembre, catorce años atrás. Era todo muy confuso lo que pasó en aquel entonces peeo no estaban dispuestos a perturbar su paz por imprudentes.
Micaela lo sabía. Y también sabía que no estaba lista para revivirlo, por lo que tambien se mantuvo en silencio. Volvió a pensar que si él no recordaba, no refería ella precisamente quien lo hiciera recordar.
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Frank caminaba por la plaza central con los papeles del notario en una carpeta bajo el brazo, esos papeles que tanto necesitaba al fin los tenía. Pasó frente a la escuela vieja, la escuela que lo vio correr, jugar, estudiar y hacer amigos, estaba allí, tal cual el la recordaba.
A su memoria vino el rostro de una niña de trenzas, sentada detrás de él en clase, escribiendo en un cuaderno lleno de calcomanías. ¿Era ella, Micaela? No podía estar seguro. Su mente era un revoltijo de imágenes borrosas y emociones enredadas. Pero cada vez estaba mas convencido de que conocía mas de lo que él creía a Micaela.
Volvió a la casona y se metió en el desván. No sabía bien qué buscaba, pero igual empezo a mover y a desenvolver cosas. Entre cajas y objetos cubiertos por sábanas, encontró una vieja agenda de su madre. Solo por curiosidad la abrió, sin saber lo que en ella encontraria.La mayoría de las hojas estaban vacías, por lo qie la iba a dejar donde la encontró, y aunque no sabe porqué siguió recorriendo cada hoja, hasta al final, un nombre escrito a mano lo detuvo.
> “Clara Báez – 14 de septiembre. Que me perdone algún día.” Era la letra de su madre, de eso estaba seguro, pero ¿Por qué escribía eso?
Frank se quedó helado. Baez, ese apellido le sonaba familiar. Por un instante quedó pensativo, hasta que no sabe ni como, pero en su mente asoció ese apellido a Micaela.
— Clara Báez. El mismo apellido de Micaela. — pronunció en voz baja.
Sacó su celular y buscó en internet. Un artículo antiguo del diario local apareció entre los resultados:
> “Tragedia en la curva del acantilado: adolescente fallece en accidente vehicular. La comunidad despide con dolor a Clara Báez, 17 años.”
Fue la primer noticia que le salió y no le podía sacar los ojos de encima, haciéndose muchas preguntas.
Frank sintió que el piso se le movía. Era imposible. ¿Su madre estaba conectada con eso?
Debía averiguar la verdad, si su madre tenía algonque ver con ese accidente él lo tenía que descubrir.
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Mientras tanto, Micaela preparaba un nuevo pedido en la florería. Como todos los dias alguien se tenía que disculparme por algo o simplemente tener un gesto romántico.
Pero esta vez era uno que le daba mucha nostalgia hacer, un ramo para un aniversario fúnebre. Pero no era cualquier aniversario, al leer la nota que debía acompañarlo, su mano tembló: era por el aniversario de la muerte de su hermana:
> “Para Clara. A 14 años de tu partida, tu luz sigue floreciendo.”
Era de su padre. A pesar de todo, él aún dejaba flores. Aunque nunca más se vieran, aunque no hablaran desde ese día.
Dejó de ser un padre presente y estaba muy dolida por eso, pero las flores para su hermana no fallaron ni un solo año.
Guardó la nota y la colocó entre las flores.
Otro año más, se cumplía otro aniversario de la despedida de su hermana, ja fecha que la volvía muy vulnerable.
Su respiración se agitó. La visita de Frank no era coincidencia. Algo se estaba moviendo, lo podían llamar como quisieran, destino o coincidencia, pero algo era seguro, algo distinto estaba pasando.
Algo que había estado demasiado tiempo enterrado estaba queriendo salir a la luz.
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Esa tarde, Frank volvió a pasar por la florería. No iba a entrar. Solo mirarla desde afuera. Micaela regaba unas begonias y lo vio. Esta vez no se escondió.
—¿Otra vuelta más? —dijo sin dejar de mojar las macetas. alentando a que se animara a hablar.
—Creo que tengo preguntas —respondió él desde la acera, aunque tenía miedo de algunas respuestas, debía preguntar.
—¿Y yo las respuestas? — hizo la pregunta como en automático
Frank se acercó, sin cruzar la puerta.
—¿Clara Báez era tu hermana? - La pregunta la tomó por sorpresa.
El agua dejó de caer.
Micaela lo miró. Sin expresión. Sin lágrimas. Solo un muro levantado en segundos.
—Sí. - Fue fría al responder, era un tema muy delicado para ella.
Se hizo un silencio entre ambos
—¿Por qué lo preguntás? - Se animó a continuar
Frank sostuvo su mirada. Su voz se quebró apenas:
—Porque mi madre escribió su nombre… el mismo día del accidente. - Frank buscaba respuestas, y para encontrarlas debía ser sincero.
Micaela sintió un vacío en el pecho. Las piezas empezaban a encajar. Pero no estaba lista para armar el rompecabezas. No todavía.
—Andate, Frank. Por hoy… no quiero venderte más flores. - Fue cortante ésta vez
Él asintió, sin decir nada. No queria forzar la situación, sabía que no era seguro que fuera a encontrar lo que estaba buscando.
Se alejó. Y por primera vez en mucho tiempo, Micaela sintió miedo. No del pasado.
Sino de lo que podía hacerle el presente. o el futuro cercano.