Nada más pisar el campo de entrenamiento le llenó de energía y la activó lo suficiente como para sentirse con fuerzas. Su vida estaba en movimiento, era todo lo que importaba. De los esenciales que habían entrado a la charla con ella, un poco menos de la mitad había quedado en el cuerpo de batalla, así que se dirigieron juntos y les fueron entregados sus uniformes. Una felicidad recorrió el cuerpo de Darat al verse vestida con el uniforme que tanto significaba para ella. Eso era lo que era. Antes de recibir el uniforme le habían preguntado qué nombre escogería, si mantendría el de la perspectiva o no. A lo que Darat respondió: —Mantendré mi nombre real, Darat. Porque después de todo, ese era su nombre, era la única forma en la que era llamada en la realidad y se había llegado a co

