Entre pruebas y ejercicios sus días pasaron más rápido y lento de lo que podía explicar. Era como si hubiese estado absorta en la rehabilitación, en mejorar su estado físico, lo que mantenía su mente ocupada y por ende le daba la impresión de que los días habían pasado rápido, pero al mismo tiempo, cada vez fue consciente de la cantidad de horas que pasaba intentando mejorar su condición sin alcanzarlo finalmente, por lo que percibía esas ocho semanas y media como las más largas de toda su vida.
Era una sensación bastante peculiar, el creer que el tiempo había pasado lentamente, pero ahora que era consciente de que ya había terminado su etapa de desintoxicación y rehabilitación, le parecía que había sido muy rápido como había pasado todo. ¿Quizás era la emoción?
La doctora Lysa había estado a su cuidado al igual que la enfermera Mida. El sargento Garren también la había visitado, pero solo unas cuatro veces en todo ese tiempo, y la última había sido hacía unas dos semanas. Según sabía, estaban muy ajetreados con otras misiones.
Así que se concentraba en ella y en poder estar a la altura suficiente para ser parte del cuerpo de batalla muy pronto. Se sentía intrigada acerca de lo que había en el mundo, de las cosas que le habían dicho que estaban mal, quería saber la verdad y luchar por ella. Quería vivir de esa manera.
Ahora estaba de pie en la oficina de la doctora Lysa junto a otros dos esenciales más con los que había compartido las últimas dos semanas. Por alguna razón, quizás por el hecho de que no todos pasaban por las mismas etapas al mismo tiempo, los esenciales terminaban no relacionándose mucho entre sí mientras estaban en su proceso de rehabilitación. Al menos era lo que ella había analizado.
Se habían llevado bien, y de hecho habían conectado, sentía que si lo querían así, podrían mantener una buena amistad.
—Ha sido un privilegio poder atenderlos y guiarlos por este camino de sanación — la doctora Lysa se notaba nostálgica —. Les agradezco ir haber sido tan fuertes y llegar hasta aquí, espero y no tengo duda — alzó ambos índices—, que serán personas increíbles, con vidas extraordinarias, por favor, salgan a disfrutar del valor de sus vidas.
—No tiene que llorar, doctora — bromeó Cai, el chico a un par de metros a la derecha de Darat.
—Lo siento, Cai, es que para mí este momento siempre es emocionante — respondió sonriendo y secando sus lágrimas.
—Debe ser porque nos ve como bebés que aprenden a caminar — Hawa, otra esencial más allá de Cai, hizo muecas y rio al final. Se notaba la emoción en todos.
—Es así, de hecho es así — la señaló con su mano —. Gracias por haber llegado hasta aquí, pero tienen que recordar, que aún les falta un gran camino por recorrer.
—Eso es lo que espero — esta vez habló Darat —, es como si nuestra vida solo está empezando.
—Por favor, vívanla sabiamente.
—Mejor vívanla libremente — Corrigió un hombre entrando en la sala.
Este estaba vestido con una chaqueta gris con botones y pantalón del mismo color. Su porte era elegante y seguro. Tenía el cabello oscuro y muy corto, los ojos grises y la piel como tostada. Darat ya era consciente de que se encontrarían con personas de diversas apariencias, pero eso no impedía que se siguiera sintiendo tan asombrada cada vez que veía una.
Era un contraste visual, o eso le parecía a Darat, la manera en la que estaban parados. Hawa, Cai y Darat, como tres esenciales de cabello y piel blanca, ojos color índigo, de contextura delgada y apariencia débil. Mientras que ellos eran dos personas coloridas, la doctora Lysa con su cabello rojo, ojos verdes y pecas marrones en todo su rostro, con más contextura que la de ellos, y este hombre nuevo, con su piel tostada, ojos grises, cabello oscuro, alto y de hombros amplios. Ellos dos se veían fuertes.
—Tu y yo no podremos congeniar nunca — se quejó la doctora Lysa —, deja de decirle a mis muchachos que sean salvajes.
—¿Yo les estoy diciendo que sean salvajes? — se rió con una mano en el pecho — Les estoy diciendo que encuentren la verdadera libertad, y eso no es necesariamente vivir salvajemente.
—Si, si, como sea —la doctora Lysa hizo un movimiento con la mano.
—Además, ya no son tus muchachos, tu tutela ha acabado — le dio unas palmandas en el hombro.
La doctora Lysa lo miró de mala gana, sin embargo, no daba la impresión de que se llevaran mal, sino lo contrario, como si se tuvieran una confianza tan grande que podían bromear a gusto.
—No tienes que recordarlo, eres insufrible — giró los ojos —. A ver, muchachos, él es Jerald, nos criamos juntos así que somos como hermanos, entonces a él se le olvidan las formalidades.
—Como si a ti no — la miró asombrado.
—Él será su guía de aquí en adelante — ignoró sus palabras —. Los llevará a la sala de conferencias, donde les instruirán sobre quienes somos, qué somos, lo que ustedes eran, todo ese asunto — movió ambas manos rápidamente —. Les darán una introducción a la realidad.
—Con todo el dolor que acabamos de atravesar, yo diría que sería la continuación de la introducción— Dijo Cai abriendo sus ojos grandemente.
—Eso es más bien como un ritual de iniciación — le respondió Jerald.
Darat dejó salir una pequeña risa al igual que Hawa.
—Probablemente escojan otro después, pero — continuó Jerald muy amigable —, ¿quién es Seuneu, Cai, Hawa o Darat?
—No hay Seuneu entre ellos — dijo la doctora Lysa.
—Yo soy Cai — respondió alzando la mano.
—Yo Hawa.
—Darat — continuó rápidamente y confundida —, pero ¿de qué hablan? ¿Cómo que no hay una Seunue y eso?
Ambos sonrieron como culpables o compasivos.
—Lo siento, ya se los explicaran en la instrucción — respondió Jerald —. Es solo que entre ustedes no hay variedad de nombres, no es importante — movió levemente su mano —. Lo importante ahora es que nos movilicemos porque la instrucción comenzará en unos — miró su reloj de mano —, seis minutos.
—¿Es en serio, Jerald? — se quejó la doctora Lysa — ¿Otra vez tarde?
—Ya, ya, vamos a tiempo — la calmó con otra palmada en el hombro —. Vamos chicos, no tienen que hacer una gran despedida, Lysa seguirá trabajando aquí y ustedes podrán venir a verla cuando quieran, o si resultan heridos.
—Por favor, no vengan por heridas — rogó la doctora Lysa.
—Muchas gracias por todo, doctora — habló Hawa.
—Gracias por todo, Doc — continuó Cai.
—Gracias, Doctora — finalizó Darat.
—Cuídense mucho.
—Por aquí, chicos — Jerald abrió la puerta y salió sosteniéndola para ellos.
—Mantengan su mente abierta para la instrucción —indicó la doctora Lysa.
Luego de asentir con una sonrisa, Darat emprendió camino detrás de Cai, seguida de Hawa y salieron de la habitación. Cuando pasó al lado de Jerald notó que este era muy alto.
—Manténganse fuertes — fue lo último que escuchó de la doctora Lysa antes que Jerald cerrara la puerta.
—Ella tiende a cuidar de todos como si fuera una madre — se quejó él —. Pero bueno, a ponernos en movimiento para que lleguen a tiempo. Síganme por aquí.
Dicho eso, dio media vuelta y empezó a caminar por el camino contrario por el que habían ido para llegar a la oficina de la doctora Lysa.
Entre ellos se dieron una mirada y luego Cai empezó a caminar, así que ella y Hawa le siguieron rápidamente.
Darat sentía que estaban caminando rápido, más de lo que le gustaría porque quería mirarlo todo a detalle. A pesar de que andaban por pasillos entrechos, rocosos y bien iluminados, sentía que no debía perderse detalles.
—Luego de la instrucción les daré un paseo de reconocimiento por las áreas principales para ustedes — anunció Jerald como si hubiese leído su mente —, ustedes han estado encerrados mucho tiempo, sé que quizás quieran verlo todo.
—Sobretodo Darat — bromeó Cai.
—Tu también quieres — replicó.
—No tengo duda de que todos quieren — intervino Jerald —. Me encanta este trabajo porque ver a cada esencial reaccionar a un lugar que yo veo todos los días, me ayuda a notar algo diferente cada vez.
Él se escuchaba sincero, amigable y muy animado, sin duda era bastante enérgico y era muy agradable.
De un momento a otro, y después de menos tiempo del que imaginó, al final del pasillo Darat distinguió un rayo de luz bastante fuerte.
Se sintió intrigada y su corazón empezó a latir con fuerza por la anticipación de lo que vería. ¿Sería la luz del sol? Debía serlo.
No había visto el cielo desde que la habían traído hasta aquí, casi cuatro meses atrás y la impresión había sido tan fuerte que había quedado grabada en su memoria como un momento memorable en su vida.
Se fueron acercando y la luz se hacia más brillante para ella, sabía que Jerald les decía algo pero no lo escuchaba, estaba absorta en la luz.
Su paso se aceleró y prácticamente corrió, sentía el anhelo de salir. Finalmente, Darat llegó al final del pasillo, la luz se hizo tan fuerte que por un momento encandiló sus ojos y empezó a escuchar un bullicio.
—Esto es una área común — anunció Jerald.
Se enfocó su visión y...
—Es asombroso.
Darat no controló decirlo en voz alta, pero no le importó.
¿Cuánta energía podría recorrer su cuerpo? ¿Más que esa? ¿Era posible?
Después de haber vivido toda su vida sin ser capaz de experimentar en carne propia lo que era el aire natural abrazando su piel, o que la luz del sol lastimara sus ojos, ese momento era de los mejores regalos que podrían haberle dado.
—Es increíble — repitió.
—¿Esto es real? — preguntó Cai.
—Existe — respondió Jerald contento.
Darat estaba tan embelesada que sus pies se pusieron en movimiento sin que ella lo controlorara del todo.
Avanzó unos metros admirando todo lo que estaba a su alrededor como si estuviera frente a ella aquello que anheló tanto toda su vida, porque de hecho o era.
El cielo asombre ella era tan azul que parecía dibujado, las nubes blancas resaltaban y se movían por el viento que incluso ella sentía.
A su alrededor, las paredes rocosas debían tener unos treinta metros de altura, y de diámetro debía tener unos cuarenta metros. Personas se movían de un lado a otro ocupadas en su labor, salían de un umbral y entraban a otro. Distinguió varios grupos con diferentes uniformes, otras personas no tenían ningún uniforme. Incluso había niños que corrían y jugaban a lo lejos.
Su espalda chocó con algo y se giró asustada.
—Deberías ver por dónde caminas — su sonrisa juguetona y su ceja alzada le hacía ver que no estaba enojado. No obstante, se sintió apenada.
—Lo siento mucho, Sargento Garren — inclinó un poco su cabeza.
—Ya, no te preocupes —se acercó un paso a ella y vio sus cejas unirse como si estuviera confundido —. ¿Por qué estás llorando?
—¿Qué?
Darat llevó rápidamente su mano hasta la mejilla y tocó la humedad en ella. Al mismo tiempo, el sargento Garren secó las lágrimas de su otra mejilla.
Por un momento se tensó, no estaba acostumbrada al contacto físico y parece que él lo notó porque alejó su mano de inmediato.
—¿Por qué llorabas? — volvió a preguntar.
—No fue consciente — respondió poniéndose más derecha —, creo que fue la impresión de ver todo esto.
Los hombros del Sargento bajaron dándole la impresión de que se había relajado, su expresión también denotaba comprensión.
—Aprende cada detalle de este lugar, te será de mucha ayuda más adelante — le sonrió —. Es bueno verte saludable.
—Gracias, espero estar en mejor condición pronto, Sargento.
—Hola, Joe, ¿qué tal? — preguntó Jerald llegando a su lado.
—Jerald, es agradable verte — golpeó su hombro —. ¿Eres su guía?
—Así es, pero me tocó una chica un poco despistada — bromeó, Darat hizo una mueca como de disculpa.
—No es despistada, creo que más bien es muy observadora — respondió el sargento Garren dando una mirada.
—¿Se conocían?
—Sí, yo fui el encargado de sacarla de la base, y estoy seguro que será mi subordinada en un par de días, así que cuídala bien, ¿de acuerdo? — el sargento Garren golpeó el brazo de Jerald.
—Sí, señor — sonó más a queja —. Por ahora debemos irnos, llegaremos tarde a su instrucción.
—Sí, yo también estoy ajetreado — señaló detrás de sí a unos cinco soldados firmes —. Pero espero verte pronto de nuevo, Darat. Y tú, sigue haciendo lo tuyo.
—Lo haré.
—Hasta luego, Sargento Garren — se despidió Darat mientras comenzaba a caminar detrás de Jerald.
—Debí imaginar que Joe había estado involucrado con uno de ustedes — dijo Jerald mientras caminaban.
—¿Por qué?
Atravesaron otro umbral y empezaron a caminar por el largo pasillo.
—Porque Joe ha estado en más misiones de rescate de las que puedo recordar o contar — respondió alzando los hombros —. Ha ido a tantas que al menos un quince por cierto de los rescatados se han vistos involucrados con él.
—Eso es increíble — acotó Hawa —. Debe gustarle mucho estar en el campo de batalla.
—No es que le guste, creo que más bien es que no le quedó de otra — informó Jerald —, a alguien tenía que tocarle una posición así, y fue a él. Así que ahora trata de ayudar a la mayor cantidad de personas posibles.
Darat estaba confundida con sus palabras, no estaba segura de por qué pero no le parecían del todo claras. Pero cuando quiso preguntar Jerald se detuvo frente a una puerta e informó:
—Es aquí — abrió para ellos.
El primero en entrar fue Cai, luego le siguió Hawa y de último Darat, seguida por Jerald.
El salón era amplio, tenía muchas sillas relativamente organizadas, donde ya estaban sentadas aproximadamente unas quince personas, había un pequeño escenario, junto a este un escritorio donde estaban sentadas dos personas con tabletas frente a ellos, y uno de ellos se colocó de pie y miró a Jerald con desaprobación,
—¿Por qué no me sorprende que los tuyos sean los últimos?
—Es un don — abrió los brazos despreocupado —. Sin embargo, llegamos justo a tiempo, el director no está aquí aún.
—Eres una fuerza del universo — se quejó.
El joven tenía una piel de color claro, su cabello muy oscuro y lo que más impactó a Darat fueron sus ojos rasgados, parecidos a los del General Kang, pero los de este joven eran más alargados y pequeños.
Este enfocó su mirada en ellos, sonrío amablemente y saludó llamándolos de una manera que hizo que adrenalina corriera por el cuerpo de Darat:
—Es un gusto conocerles, Nuevos Vivientes.