Balthazar niega levemente ante mis palabras y me dedica una mirada de advertencia que me saca una pequeña sonrisa divertida. Sonrisa la cual rápidamente desaparece cuando él lleva sus manos a mi cintura y me eleva sorpresivamente, dejándome sobre el escritorio a nuestro lado y quedando él aún de rodillas y entre mis piernas abiertas. —Eres lo más caliente que he visto nunca, nena — gruñe observando mi sexo expuesto y extendido frente a él, lo cual me hace sonrojar violentamente y logra acelerar los latidos de mi corazón al ver cómo una sonrisa espeluznante se forma en su rostro al ver mi reacción a sus palabras —. Y eres mía — gruñe. Sorpresivamente, su cuerpo se inclina sobre el mío con rapidez y acerca su rostro a mí entrepierna sin preámbulos, dejándome sin aliento cuando su caliente

