capitulo 31

1043 Palabras
—¿Cómo es posible que ya pueda moverse si tan solo tiene tres semanas? — pregunto, ansiosa. Una pequeña sonrisa sabedora se instala en sus labios al escuchar mi pregunta, y el entusiasmo brillo en sus ojos cuando comienza a hablar del tema como si estuviera contándome de su libro favorito. —Han sido muy pocos los embarazos tales como los suyos, señorita Tate, pero fueron suficientes como para tener registros bastante detallados. Los fetos creados de la unión entre humanos y demonios crecen de manera más acelerada, terminando la gestación en tan solo veinte semanas, lo cual sería la mitad de un embarazo normal — explica, sorprendiéndome. —¿Solo lo tendré cinco meses dentro de mí? — pregunto con estupefacción, antes de desinflarme en mi asiento y volver mi atención hacia Balthazar —. Eso está genial, Casper, casi puedo perdonarte el que me embarazaras sin mi permiso. Hasta prefiero que me hayas embarazado tu y no un hombre normal que me habría hecho tener que cargar con un niño en mi vientre por nueve meses — bromeo con él. Un gruñido escapa de los labios de Balthazar y retumba en toda la habitación, haciendo aún más chiquito al doctor Drexler en su asiento y dándole un vuelco a mi estómago al ver como sus castaños ojos se oscurecen mientras me dedica una mirada de completa irritación. —Nunca hubiera permitido que ningún insípido humano dejara embarazada a mi mujer. Eres mía — se enfada, volviendo su atención al doctor. Este tiembla —. Explícale todo rápido. Ya quiero ver a mi hijo — demanda, cruzando sus brazos sobre su pecho e incitándole con la mirada a que siga hablando. —No sabemos con certeza cuál es la razón de la acelerada gestación de un embarazo de este tipo, pero estamos al tanto de cómo será el proceso y evolución del feto — comienza explicando, logrando captar mi atención por completo —. El parto está previsto entre las veinte y veintidós semanas de gestación. El niño nacerá con sangre mayormente demoníaca. Así, adquirirá más rasgos de su padre que suyos, señorita Tate — sigue, hablándome con lentitud para que lo entienda. —¿El niño? — pregunto con una ceja en alto y el doctor me asiente. —No descartamos ningún tipo de posibilidad, señorita Tate, pero nunca ha habido registro del nacimiento de una mujer demonio. Siempre son varones — aclara y yo me desinflo en mi asiento. —Vaya. Muy machistas de su parte, ¿no crees? — bromeo, pero por dentro tengo una revolución de emociones podría explotar en cualquier momento. El doctor Drexler aprieta los labios, incómodo por no saber cómo responder a mi humor. Y cuando miro a Balthazar, este se encoge. Está demasiado serio, inquieto. Quiere terminar con esto, pero yo aún tengo miles de preguntas. Por lo que las hago. —¿Qué diferencia hay entre mi sangre y la de Balthazar? — pregunto, interesada. —La sangre de los demonios posee enormes cantidades de hierro y sustancias que la hacen más espesa y de tonos oscuros, consecuente de sus acelerados metabolismos. Gracias a ello, los procesos que producen sus cuerpos son más rápidos y eficaces. Les otorgan mayor fuerza y resistencia sobrehumana, junto con una aceleración regenerativa sorprendente — explica, de nuevo con la misma lentitud y totalmente fascinado con el tema. —Oh, vaya. ¿Está queriendo decir que tendré un súper bebé? — susurro, pero ambos me escuchan. Balthazar suspira, ya acostumbrado a mi humor. Pero el doctor me mira con una ceja en alto. —Podría decirse — responde, incómodo. No puedo negar que me encanta y emociona la idea de que mi hijo se parezca a Balthazar. Imaginar a un pequeño niño con aquella intensa mirada chocolate y con una cabellera castaña y sedosa igual a la de su padre, embarga de calidez mi corazón y me hace sonreír en grande. Definitivamente nunca podría decirle que no a ese niño si hereda la encantadora sonrisa de su padre. Con emoción, vuelvo mi atención a Balthazar y le dedico una mirada totalmente entusiasmada que parece quitarle la respiración por unos segundos y endulzar su mirada mientras analiza mi expresión con un poco de sorpresa. —Ese niño será todo un rompecorazones si se parece a ti — le guiño un ojo. Sonríe de lado y no me pierdo la forma en que sus ojos brillan al hablar de nuestro hijo. Hace que mi pecho se caliente. Interrumpiendo nuestro momento, unos golpes en la puerta detrás de nuestros asientos se escuchan en toda la habitación, sobresaltándome y volviendo a endurecer la mirada de Balthazar. El doctor Drexler dice un "adelante", y una señora de mediana edad y con un uniforme de enfermera entra en la sala. —Ya está todo listo para proceder, doctor Drexler — dice con rapidez, desapareciendo tan rápido como llegó. —Bien, responderé sus preguntas mientras hacemos la ecografía, señorita Tate — se levanta y rodea el escritorio —. Síganme, por favor. Al instante, me levanto y lo sigo, entusiasmada. Balthazar viene detrás de mí, pisándome los talones. No parece dispuesto a apartarse en ningún momento, y me gusta tenerlo aquí. —Estoy tan emocionada — susurro, haciendo que Balthazar me mire. Sus oscuros ojos se ablandan un poco y me deja un beso en la frente antes de ayudarme a subir a la camilla. El doctor Drexler se sienta en un banco del otro lado de la camilla y comienza a teclear en unas pantallas muy sofisticadas y lujosas. Balthazar observa todo con atención, pendiente de cada movimiento de Drexler. Lo pone nervioso, y busco darle un respiro cuando pongo mi mano sobre uno de los antebrazos de Balthazar para llamarle la atención. —¿Qué te parece Jasper para el nombre del niño? — bromeo, pero me frunce el ceño, irritado. Me río. —Sobre mi cadáver — dice, pero descruza los brazos y me toma la mano con suavidad. —Sé que algún día te convenceré — le guiño un ojo. Suspira, y no lo niega. El doctor Drexler se aclara la garganta sutilmente para llamar nuestra atención, obligándome a dejar de ver a Balthazar y poner mi atención en él.
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