6. Ashley

1981 Palabras
Salgo corriendo del hotel, sin mirar ni una sola vez atrás. Lo había pensando por más de cinco minutos y la decisión, en mi mente estaba clara. Tal vez, confundía amor con costumbre. No iba a sacrificar la felicidad de mi vida por miedos a si estoy dejando ir al hombre correcto. Imagino que si no estoy en plenitud a su lado, no lo es. Los reporteros gozaban con la cantidad de fotos que tomaban. Mañana había chisme del bueno y ellos estarían en primera plana. Tampoco me preocupaba por ello ahora. El vestido lo tenía controlado con mis manos, pero estaba demasiado grande así que un trozo cae de mi mano y entorpece mi camino. Lucho una batalla por quitarlo de mi camino sin detener mi paso. No quiero que nadie me alcance. No quiero hablar de la boda que no se llevó a cabo. El acero toca mi piel mientras el frenazo brutal de un auto me hace detenerme. Mierda. El día no puede ir a peor. Levanto la cabeza dejando que mi pelo deje de impedirme la visión. Su pelo castaño, con ese aire despreocupado. Ya voy teniendo idea de quién es, pero no sé por qué demonios lo escaneo lentamente. Esos ojos marrones y esos labios que no son exuberantes pero tampoco pasan desapercibidos. Una barba afeitada que le da un toque de seriedad y maleza. Él, último hombre sobre la faz de la tierra con el que trataría. El imbécil, John Stone. Lo odio, desde que tenía diecisiete años. A pesar de que siempre fue serio y creído, como si el mundo entero tuviera que rendirle pleitesía; fue en los diecisiete donde empezó a tener el control de un grupo de personas que respondían a sus intereses automotriz. Desde entonces siempre le acompaña esa postura dominada por un instinto narcisista. Parece serio y lo es. No parece creído y autosuficiente, pero lo es. Estar cerca de él me provoca un estrés brutal. Pero ahora, no tengo otra opción. Necesito huir de aquí. Me subo en su auto sin esperar respuesta de su parte. Adams viene por mí. Recuerdo la frase que me comentó una vez mi abuela Kassandra: el hombre cambia cuando ve que puede perderte, mientras no. Tenía razón, es ahora que Adams intenta dar lo que no en ellos. Pero con sus palabras en la ventanilla del auto de Gran Insoportable no me convence, porque el cambio iba a ser hasta que todo volviera al ritmo de antes y otra vez, tendría que volver a pedir migajas. Pensé que debía darle una bofetada a Stone para que pusiera en marcha el auto pero lo hizo, para mi asombro por su cuenta. Apoyo mi cabeza a la ventanilla de su auto. El olor a perfume masculino inunda mis fosas nasales y me remuevo en el asiento con paciencia para que no lo notase. Maldita sea ese olor. Lo detesto y ese perfume siempre ha terminado en cada ocasión donde nos encontramos por más tiempo del debido en mi nariz. No pienso donde me lleva. Donde quiera que sea que me deje será mejor que estar en ese hotel rodeada de preguntas. Mi familia, especialmente mis padres, se que entienden mi acto, los demás me da igual. No hay retroceso. Merezco más de lo que estaba recibiendo con Adams y no por ser quién soy, sino porque todas las mujeres merecemos más que un tío que nos dé migajas y además esas migajas hay que pedirlas. John se detiene en una casa y yo miro asombrada el exterior. La casa de John la conoce algunas personas de la familia, quizás yo sea la única que no la conoce ni por fotos. Nunca se celebra aquí nada, pues el Gran Insoportable detesta invasión en su casa. Me pregunto por qué me trae aquí. Se baja del auto y sube las escaleras hasta la entrada. No mira hacia atrás. Mi presencia le molesta, lo sé, la suya también a mí. Pero, no tengo otra opción. Todos saben que no nos toleramos, nadie vendrá a buscarme aquí y cuando hablo de huir, es de Adams. Me bajo del auto y subo las mismas escaleras que me llevan a la puerta principal. Cotilleo un poco, distrayendo mi mente. La casa es muy típica de John, del humor n***o que siempre carga. Un auto n***o real se ubica al lado de la sala principal, de adorno. Todo y cada uno de los muebles de diseños eran negros. La casa gritaba lujos en letras mayúsculas pero todos los tonos en ella eran oscuros. Sigo el pasillo que contiene varias puertas hasta que llego al final del pasillo. La puerta no estaba del todo cerrada, así que lo escucho hablando. Por el nombre que menciona sé que es de una mujer. Actitud, como siempre, insoportable, distante, jodidamente fría como si hubiera que rezarle de rodillas para poder ganárselo. Menudo imbécil. Como siempre, cuando nos vemos repelemos. Sigo diciéndome mentalmente que no tengo otra opción. Aguantar a Gran Insoportable es la única forma de que no tenga que lidiar con las explicaciones de que pasó en la boda. Mañana lidiaré con ello. Hoy solo quiero conectar conmigo misma. Este tipo y yo no ligamos así que me dejará por incorregible y yo podré estar conmigo misma. Salgo de su despacho y curioseo que guarda detrás de las puertas que aparecen en el pasillo. Son tres habitaciones, igualmente en tonos negros, como cada parte de la casa, pero, con lo básico. No creo que ninguna de estas sea la de él. En la última habitación que reviso, encuentro un espejo en la pared un poco más grande que yo. Todo lo que me ha pasado con Adams vuelve a traerme de golpe, a mi cuerpo, las inseguridades. No sé si todas las chicas alguna vez han tenido inseguridades, yo sí, por culpa de Adams he sufrido las mías. Es mental, me repito. Debo ganarle, puedo. Sin embargo, se refugian en mi mente y terminan dejándome frente al espejo. Me observo completamente en el espejo. Me quito el vestido de novia y la ropa interior, manteniéndome desnuda frente al cristal. Mi mente amenaza con criticar lo que mis ojos observan y no sé por qué. Mis tetas no son enormes, pero tampoco pasan desapercibidas. Mi cintura es pequeña y las caderas algo pronunciadas. Mis piernas son bonitas y tampoco creo que pase desapercibida. Aunque repita esto mientras inspecciono mi cuerpo, mi mente vuelve a traer las inseguridades de golpe. Me castiga, sin ninguna piedad. Así que me enaltezco en alta voz, haber si de esa forma, las inseguridades escapan. No lo hacen, al contrario, me amenazan con derrumbarme. No quiero hacerlo, no quiero que me venzan. Adams con su rechazo provocó mucho daño interno y mental en mí. ¿Por qué demonios me cuesta ahora sentirme bien con mi cuerpo, conmigo misma? Salgo de esa habitación, antes de que termine destruyendo el espejo. Me encuentro con dos escaleras, una que conduce hasta otra planta y otra lleva al piso inferior. Opto por bajar. Desde afuera solo se visualiza una casa de dos pisos, pero cuando llegas aquí te das cuenta que son tres. Abajo hay otra sección. Curiosa miro el piso de abajo. Es la primera y última vez que estaré aquí así que cotillearé un poco. En esta división se encuentra un gimnasio, un pequeño cine, otra sala, un pequeño bar y el exterior. Una piscina enorme rodeada por muebles de diseño ocupaba esta parte. Me encantaba, no voy a mentir. Sentía una tranquilidad enorme aquí. No lo pienso y me lanzo al agua. Esta no quitará mis complejos ante el espejo pero si me ayudará a sentirme por instantes mejor. Nado un poco hasta que mi mente empezaba a torturarme de nuevo. Decido salir y ocupar sitio en uno de los muebles, igualmente en tonos oscuros, como cada detalle de esta casa. Cuando tuve la posibilidad de ver mi cuerpo desnudo otra vez, volvió la guerra contra mi mente. Nadie habla de lo difícil que es deshacerse de las inseguridades y cuanto cuesta ver los atributos que merecen exaltación como si no valiesen nada. En plena guerra con mis complejos, mi cuerpo se encendía por dentro. Era una sensación que no había experimentado antes. Como si la piel me quemara. Levanto mi mirada dispuesta a moverme de sitio y me encuentro con los ojos de John puestos en mí. La mirada de John a mí nunca me había causado nada, a pesar de que era gélida. Algo pasa hoy con la forma de mirarme y con la forma de que mi cuerpo lo percibe. Bajo la mirada al bulto que resalta en su pantalón. Trago mi propia saliva al detallarlo. Mi acto no es solo gracias a su tamaño, que desde ya aseguro que es responsable; se trata de lo que he provocado. Como si Dios me diera armas para combatir las dudas que me ha creado el que Adams me haya dejado desnuda en su habitación, sin hacerme el mínimo caso. Regreso mi mirada a su rostro y no lo ataco con mis palabras, él tampoco lo hace. Por segundos nos quedamos mirándonos sin hacer nada más. No sé qué demonios sucede. Quizás el estar tan acostumbrados a la guerra nos desconcierta cuando hay un poco de paz. —Me reprocho a mí misma por tener que acudir a la persona que menos soporto en el mundo, pero no tengo otra opción, ¿Puedo quedarme en tu casa? —pregunto. Lo que digo es cierto, no lo tolero, pero vuelvo y repito, no tengo otra opción. Ni las noticias, ni los curiosos y sobre todo Adams, no vendrán a buscarme aquí. Él me mira con seriedad, está claro que no es un hecho que nos agrade a ambos, pero es lo que hay, al menos para mí, es la única opción que hay. —Cuéntame Ashley Jones —pide mientras se acerca a mí con las manos aún en los bolsillos. No quiero volver a mirar abajo pero reluce, aunque tenga sus manos en los bolsillos no disimula nada el tamaño. Su proximidad ahora se percibe distinta y de pronto, me siento nerviosa no sé por qué. No me pongo nerviosa con John, jamás ha provocado en mí más que estrés—. ¿Por qué te quedaría en la casa del único tipo que no soportas? —Porque nadie vendría a buscarme aquí —digo intentando que mi actitud de pendeja pase a segundo plano—. Este berrinche mío es tan grande que no quiero ver a nadie. Y sí, volví a mi posición para con él. Gran Insoportable sonríe y el que no haya visto esa sonrisa con frecuencia me provoca algo raro dentro. Como si dentro de la frialdad te azotara un soplo de aire caliente. —Increíble, Miss Perfecta, ahora no tengo nada que reclamarte. Estás consciente de que solo haces berrinches. Volvimos a la defensiva, así que sonrío. Sé lidiar mejor con esto que con las miradas extrañas y las sensaciones indescriptibles. —Para un hombre como tú, imagino que el que una chica pida atención de su hombre es un berrinche —le digo. No quiero que cambie la opinión que tiene de mí, pero quedarme callada ante él no es una opción. —En toda regla —Contesta y yo asiento, intento pasar de él pero su mano en mi brazo me detiene. Miro tal roce, con un calor instalándose dentro, así que vuelvo a llevar mi mirada a su rostro. Ya lo dije no sé lidiar con estas cosas extrañas que está presenciando mi cuerpo con Gran Insoportable—. Si no recibe atención sin pedirla, entonces no sé que hace esa chica ahí. ¿Esperar a que cambie con un papel? Sí es un berrinche, Miss Perfecta, te podías haber evitado todo esto.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR