Vuelvo al interior de la empresa, directamente a la oficina de John Stone. Toco la puerta y paso sin esperar su adelante. Se encuentra sentado en su silla revisando informes y ni siquiera repara en mí. Quizás yo sea la única que me atreva a pasar sin esperar aceptación de su parte. Camino hasta su mesa y me detengo frente. Lo observo mientras trabaja. Ese pelo revuelto castaño, esas cejas más perfectas que las mías. Su cuerpo trabajado y preso debajo de la camisa blanca remangada hasta los antebrazos y dos botones sin abrochar. Quisiera decir que mi mente no procesa que es el insufrible John Stone, pero joder, lo tiene claro. —Me iré de tu casa hoy —cuento—. ¿Piensas ir allá cuando termines el trabajo? —No —contesta sin mirarme. —Entonces pasaré mañana por la ropa que tengo allá —inf

