Capítulo 3

1830 Palabras
Narra Ángel Esa mocosa no tiene remedio, ¿Quién se cree para reclamarme? No es ni mi novia ni mucho menos mi esposa, y espero que eso nunca pase, no la soporto, apenas llevamos cuatro días de conocernos y ya se pone en ese plan, que absurdo. Estaba en la oficina revisando unos documentos, cuando entra la Srta. Douglas, y hoy se ve muy atractiva, ella si es una mujer, lleva puesto una falda lisa a media pierna y su blusa blanca con dos botones abiertos mostrando su escote, zapatillas negras de tacón de aguja, esta mujer me va a volver loco en otro sentido. -        Aquí están los documentos que me pidió- dice ella con voz poco sensual -        Muchas gracias Srta. Douglas- digo tratando de no tartamudear. -        ¿necesita algo más?- me mira fijamente   -        Es todo, puede retirarse- me regala una sonrisa y sale de la oficina. ¿Por qué me pasa esto a mí? No debo mirarla de otra manera, es mi asistente, sensual… ¿en qué estoy pensando? Debo concentrarme en el trabajo. Luego viene a la mente sus hermosos ojos azules mirándome con odio, - Krista- ¿en serio Ángel? ¿Piensas en esa mocosa grosera? Y luego dice que soy yo en mal educado, ella es la que necesita buenos modales.-Mocosa molesta- digo entre dientes para mí mismo. ¡Demonios! La tengo que sacar de mi mente. -        ¿Qué ocurre hijo?- entra mi padre a la oficina -        Nada, es sólo que… se juntó mucho el trabajo- digo rápidamente para que no se dé cuenta de que estaba molesto por algo más. -        ¿seguro?- parece no creerme -        Muy seguro padre- le regalo una sonrisa -        Muy bien. Venía a verte para proponerte algo- dice más relajado y yo sólo alzo la ceja dando a entender de que se podría tratar -        ¿Por qué no invitas a Krista al cine o una cena sólo ustedes? – tiene que estar bromeando -        Padre, con todo respeto, pero no creo que las cosas con ella funcionen, no tenemos nada en común, además que es muy molesta- él sólo comienza a reír -        De eso se trata, de se conozcan más, así muchos empiezan un amor- yo sólo bufo -        Bien. Haré mi mejor esfuerzo por tratarme de llevar bien con ella.- y dicho eso, él me vuelve a sonreír y sale de la oficina. Esto no debería de estar pasándome a mí, yo tengo 34 años y ella 24, son 10 años de diferencia, ¿que podíamos tener en común? Es una pésima idea salir con alguien mucho más joven que yo, ni siquiera nos agradamos. Mi padre se tomó la molestia de llamarla a través del señor Griffin, ¿para qué? Invitarla al cine, dios, esta noche va a ser más larga que otras, sólo de pensarlo hace que me sienta aburrido antes de tiempo. *** Ya nos encontrábamos en el cine, ella se veía algo entusiasmada, -como si no podía venir sola o con sus ruidosas amigas- vestía unos jeans n****s una playera azul marino con estampado y unos tenis n****s también y su cabello lo traía amarrado, se veía muy linda- ¡Ángel! ¿En verdad?- me regaña mi conciencia -        ¿Qué película quieres ver?- digo serio sin mirarla -        Mmm… - duda un momento- una de acción- dice y realmente no lo puedo creer, pensé que deseaba ver esas aburridas películas románticas. -        ¿te sorprende?- me mira con una leve sonrisa -        La verdad… si- le digo mirándola de reojo cruzando los brazos -        Pues no soy tan aburrida, como debes estar pensando, ¿sabes?- dice con cierta ironía -        Eso lo veremos…- le iba a decir como siempre pero después de estoy preferí callar. -        Bien, entonces compremos los boletos- después de comprarlos, fuimos por palomitas y otro tipo de golosinas, para disfrutar más de la película. Tengo que admitir que me la estoy pasando bien, pero ni crean que me llevaré bien con ella. Ni en sueño. Salimos del cine y ella estaba más contenta que antes, es hermosa- ¿otra vez?- ¡Dios! Necesito alejarme de ella, es sólo una mocosa infantil y grosera. -        No te acostumbres a estas salidas ¿entendiste?- le digo de la nada ya saliendo del cine y ella me mira confusa -        No te preocupes, de igual manera ni quería venir contigo, pero mi padre me obligó- dice como si nada -        Bien, sólo te dejo a tu casa- me interrumpe -        No es necesario, me puedo ir sola- dice y sale corriendo de ahí, dejándome solo, corro tras de ella pero la perdí entre tanta gente. Aparte de grosera, muy digna la señorita- sólo espero que esta tontería termine pronto o me volveré loco. Aún era poco temprano y me fui a un bar cerca del centro, entré y pedí la botella de vodka, estaba tan hundido en mis pensamientos cuando siento la mano de una mujer tocar mi hombro. -        Hola bebé. ¿Por qué tan solito? – es muy guapa y atractiva -        Sólo vine a despejarme- digo mirando a otra parte mientras le doy un trago a mi bebida -        Si deseas, te puedo hacer compañía- acaricia cerca de mi entre pierna y me está gustando, así  podría sacarme de la mente a esa mocosa- pero de hermosos ojos como luceros- No. Necesito desahogarme. Me levanté de mi lugar y la tomé por la cintura y salimos del bar, la llevé a un lugar más privado, comenzamos a besarnos y la hice mía. Dos horas después, la dejé cerca de su casa y me fui a mi departamento, no me siento seguro de formar una familia, siento que no es para mí, no después de lo que viví en el pasado antes de saber quién era realmente, y aunque no pueda ver a mi hijo, estoy feliz de su existencia, pero no me siento listo y menos con una joven como Krista.   Narra Krista Hoy me la estaba pasando bien, aunque fuera en compañía de ese mal educado, hasta que lo hecho a perder, me molesté tanto que cuando se ofreció a llevarme a mi casa, me negué y salí corriendo de ahí, sólo espero no tener que volver a salir con él a solas, no le agrado y no me agrada, es un pesado de primera. Así que me quedé de ver con mis amigas para ir al centro comercial de compras, mañana iremos de antro, así que me compré un lindo vestido a las rodillas, suelto, color verde agua, unos zapatos bajitos del mismo color, y algunos accesorios, como brazaletes. Así me distraeré un rato. -        El domingo haremos una comida para los Anderson- dice mi papá con su sonrisa -        Yo mañana saldré con mis amigas por la noche- digo cruzándome de brazos. -        Pues trata de no tomar tanto y llegar temprano, no te quiero cruda.- dice mi padre y se va a su oficina. Por dios, tengo 24 años, ya no soy una niña. *** -        Vamos Krista, quita esa cara- dice Regina, una de mis amigas -        Si, ¡vamos a divertirnos!- habla esta vez Karina -        Tienen razón, no tienen por qué echarme a perder la noche- digo ya más tranquila -        Así se habla- Karina me giña un ojo y yo sonrío Se acercaron a nuestra mesa, unos muchachos muy apuestos, invitándonos a bailar, a lo que nosotras aceptamos con gusto, estaban muy guapos, el que me tocó a mí, era alto de 1.80, de complexión atlético, cabello castaño claro, y ojos verdes estaba vestido con unos jeans mezclilla, y una camisa blanca, con este si me caso. -        ¿Cómo te llamas hermosa?- me pregunta mi pareja de baile -        Krista, ¿Y tú?- le digo al oído, porque la música está muy alta -        Sebastián- me dice con una hermosa sonrisa -        Es un placer- lo miro a los ojos, son tan hermosos como para perderme en ellos y también como desearía probar sus labios -        El placer es mío- dios, creo que ya me perdí Estábamos a punto de besarnos, cuando sentí la mirada de alguien sobre mí, carraspeo un poco y miro a todas partes, y ahí está ese mal educado, pero ¿Qué demonios hace aquí? No me quita la vista de encima y comienzo a sentirme incomoda. -        ¿pasa algo muñeca?- me Sebastián algo confundido -        No, todo bien- digo volviendo a mirar a mi pareja -        Vamos por un trago- le digo y él asiente, necesito despejarme Fuimos a la mesa donde me encontraba con mis amigas, Sebastián llama a un mesero para que nos atienda, yo miro discretamente y ya no lo veo. Después de 20 minutos platicando con mis amigas y los muchachos, me levanté para ir a los sanitarios, y lo volví a ver besándose con una mujer, que para mi gusto, algo vulgar, entré al tocador y grité, no debería ponerme así por alguien como él, es obvio que nunca nos llevaremos. Salí y estaba ahí parado cruzado de brazos -        ¿Qué haces aquí?- digo molesta -        Nada que te importe- dice fríamente -        Tienes razón, no me importa- digo y sigo mi camino, pero de repente siento que alguien me jala del brazo y giro y veo su mirada fría sobre mí, nuevamente -        Una niña como Tú,  debería estar en su casa- dice con seriedad -        ¿niña? – ya debe estar borracho -        Tengo 24 años- le digo molesta -        No pareces- me acerca más a él y comienzo a ponerme nerviosa -        Suéltame- digo reaccionando -        Te veo mañana en tu casa- dice y se va con la rubia con la que estaba. Como lo odio. Regresé con el grupo y pareciera que ni me extrañaron, seguimos bebiendo, hasta que llegó un mensaje de mi padre que ya me fuera para la casa. Sebastián fue tan amable de ofrecerse para llevarme, una vez en la salida, ahí estaba subiendo a su carro con la zorra esa y sólo veo cómo se van. – Que le aproveche- llegamos a mi casa y me despedí de Sebas- le gusta que le diga así- y bajé para entrar. Salude a mis padres quienes me recibieron nada contentos, los ignoré y me subí a mi recamara, me desmaquillé y cambie de ropa y me acomode en mi cama, cierro los ojos y veo su mirada fría sobre mi ¿Qué me está pasando? No me puede estar gustando un hombre como él,- imposible- es un mal educado y arrogante. No importa, ya quedé de verme con Sebas, para salir la otra semana, él si es todo un caballero. Ya era un poco tarde, así que tengo que dormir para ayudar mañana con la comida para la familia del socio de mi padre, los señores Anderson me caen súper bien, a diferencia de su petulante hijo.        
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