Capítulo 4

1833 Palabras
Narra Ángel Yo aún no puedo creer que mis padres pudieron conocer a su nieto en persona, algo que yo jamás podré hacer, me contaron que les fue muy bien con él y Michelle, hasta se tomaron fotos juntos, que incluso el pequeño Ángel estuvo preguntando por mí, y como era yo a su edad y que se pasaron casi toda la tarde viendo películas y platicando de todo. Como me habría gustado haber estado ahí. Todo fue culpa de esa maldita de Pamela. *** Hoy es la comida con los Griffin, la verdad no tengo ganas de ir, pero se lo prometí a mi padre, así que no debo quedar mal con él, tendré que ver nuevamente a esa mocosa, creí que me iba a librar de ella después de lo del cine, pero no fue así, anoche la vi en un antro, yo estaba con Diana, una mujer bella y ardiente, como a mí me gustan, no mocosas inmaduras como Krista Griffin. Aunque debo admitir que se veía guapa con ese vestido que llevaba puesto, ella puede tener al hombre que desee, ¿Por qué yo? Me visto casual, ya que la comida es informal, unos jeans deslavados y una playera negra, y unos tenis, y mi cabello lo dejo alborotado. -        ¿así vas a ir hijo? Dice mi madre algo curiosa -        Sí, es una comida informal- digo sin importancia. -        Bien. Me gustaría que quedaras bien con tu futura prometida- dice y sale un poco decepcionada de mi habitación No me importa quedar bien con esa niñita, y mientras más se desilusione de mí, mejor. Ayer tenía ganas de besarla, pero me contuve, no soy para ella ni ella para mí. Llegamos a la casa del señor Griffin y nos reciben con abrazos amigables, y ahí esta ella, lleva puesto una falda blanca a los tobillos, y una blusa de tirantes y de sandalias, su cabello lo tiene amarrado en alto, se veía muy linda, - nota mental: dejar de mirarla como idiota- -        Que gusto que vinieran.- Dice el señor Robert -        Muchas gracias, mientras más convivan nuestros hijos, mejor- esta vez habla mi padre, a lo que me contuve de rodar los ojos. -        ¿convivir con él?- dice Krista con cara de aburrida -        Hija, no seas grosera- la regaña su madre y me mira fulminándome con sus hermosos ojos -        Pasemos a comer- dice algo apenado su padre Tomamos asiento y prácticamente, nos obligaron a estar junto, pero procuramos ignorarnos. La tarde pasa y se fue haciendo un poco más agradable, yo la veía de reojo, se veía hermosa con esa sonrisa. ¿Qué me pasa con ella? No debería ponerme así, somos como el agua y el aceite, no congeniamos. La noche cae y ya es hora de retirarnos, nos despedimos de la familia y nos fuimos a casa. Llegando me fui a mi habitación, mañana hay trabajo, no es mucho, pero se tiene que hacer.   Me encontraba ya en la oficina revisando unos documentos, cuando veo entrar a mi asistente con una taza de café, y no sólo eso, estaba vestida de una forma atractiva, sé que deseo hacerla mía, pero prometí no tener nada con alguna asistente, pero se ve tan irresistible. -        ¿necesita algo más, Sr. Anderson?- me dice con voz sensual. -        No, es todo- digo reaccionando, creo que me le quede viendo como un idiota. -        Con permiso- dice y antes de que salga, la detengo y ella gira para verme. -        Si necesito algo más señorita Douglas- la tomo por la cintura y la pego más a mí. Ella pone sus manos  por mi cuello y comenzamos a besarnos, la recuesto en el sofá de la oficina, y terminé haciéndola mía. Es muy ardiente. Al cerrar mis ojos para disfrutar el momento, puedo ver sus ojos azules mirándome sin alguna expresión en ellos, los vuelvo abrir y sólo puedo ver a Vanessa gozando del momento. Los días pasan y en ese tiempo, Vanessa y yo tenemos de vez en cuando encuentros muy íntimos en mi oficina o por las noches en su departamento, es mejor que se termine toda esa mentira con lo del supuesto compromiso con esa niña. Yo tengo un pasado muy perturbador y no quiero hacerle daño a nadie. Lo bueno que no hay planes para este fin de semana, así me la puedo pasar con ella en mi departamento.   Narra Krista Que buenos que estos días no me han obligado a salir con el arrogante ese, me la paso en la maestría o con mis amigas, de paseo o yendo a comer, Sebas me ha estado escribiendo y dice que ya desea verme, lo que hace que sonría como tonta, es tan guapo y amable. ¿Por qué mis padres no me dejan que me comprometa con quien yo quiera? ¿Sólo por negocios? No es justo, además Ángel es diez años más que yo, y Sebastián solo 4 más, tenemos más cosas en común. -        ¿piensas en tu casi prometido?- me dice Karina con una sonrisa picara -        Claro que no- digo un poco molesta -        Pienso en Sebastián, el chico del antro- sólo sentí como me puse roja -        Es muy guapo, pero…- iba a decir algo mas pero prefirió callarse -        Pero ¿Qué?- digo curiosa -        Nada, olvídalo- se adelanta y yo la alcanzo -        Dime Karina- digo molesta y ella bufa -        Sólo espero que no tenga novia- dice y yo la miro sin entender nada -        Ya te lastimaron una vez y no quiero que te vuelva a pasar- dice y la veo con cierto decepción -        Él ya me lo habría dicho, además me invito a cenar este fin de semana a su casa.- ahora soy yo la que se va ignorándola Sé que Carlos me lastimó cuando tenía 19 años, pero eso ya es pasado y ya lo superé, más bien debe estar celosa de que yo si ligué y ella no, el amigo de Sebas, no le hizo mucho caso después de aquella vez, y si tanto quiere, le puedo presentar al arrogante ese para que me deje en paz con sus tonterías. Por fin llega el sábado y tengo una cita con Sebas esta noche, estoy algo nerviosa, porque en verdad me gusta, y no sé qué pueda pasar después. Mientras hago unas tareas de escuela para aprovechar la mañana, Karina me ha estado enviando mensajes disculpándose, pero la verdad aún sigo molesta con ella, ¿Quién la manda a decir estupideces? Ya casi es la hora de verme con él, así que me meto a dar una ducha, saliendo, me sequé y me puse un vestido azul cielo, sencillo, a las rodillas, unas zapatillas del mismo color, me maquillé y me dejé suelto el cabello. No me ha enviado mensaje en todo el día, debió estar muy ocupado, así que salgo de la casa y pido al chofer que me lleve a la dirección que le indiqué. Va manejando y cada vez estoy más nerviosa. Al fin llego al edificio donde vive, bajé del carro y entré, me subí por el ascensor, y ya deseo verlo, y por fin sentir sus labios, ¡Dios! ¿Qué cosas pienso? Llegué al piso, me dirigí y toqué la puerta, no hay respuesta, volví a tocar y escucho que se acerca y abre la puerta, me quedé en shock. -        Hola, ¿Quién eres?- dice una chica poco más alta que yo y rubia, y ojos verdes estaba cubriéndose con una camisa de Sebastián -        Yo… -tardo segundos en responder- yo creo que me equivoqué de departamento- que incómodo es esto -        ¿Quién es Sam? – escucho su voz acercándose -        ¿Qué haces aquí?- dice algo molesto -        ¿la conoces amor?- dice la tal Sam -        Espérame en la recamara, en seguida voy -        Creí… creí que teníamos una cita hoy- digo tratando de no llorar -        Ay nena, lo siento, no lo recordaba- dice con sarcasmo -        Eres un imbécil- Salí corriendo de ahí y le llamé a Karina *** -        Tenías razón- digo llorando mientras ella me abraza -        Lo siento, pero intente decírtelo- yo la miro y veo preocupación en su mirada -        ¿Cómo?- digo confundida -        Lo vi hace unos días en un centro comercial, y tomé esta foto, pero te molestaste conmigo y…- no dejo que termine de hablar -        Lo siento, en verdad- miro a otra parte -        Descuida, ve el lado bueno, no hubo nada más que pudo haber sido peor. Tiene razón, así que me tranquilice y avisé a mis padres que me quedaría con ella, y le llamamos a Regina para que se nos uniera, le contamos lo que me pasó con aquel idiota y dijo un montón de maldiciones, las cuales me causo gracia. Pasamos viendo televisión, jugando juegos de mesa o contando cuentos de terrero, hasta que nos dormimos como a las 2 de la mañana. -        Me gustas mucho Krista- dice él con esa hermosa sonrisa y mirándome a los ojos -        ¿en… en verdad?- digo perdida en su mirada y deseándolo con todas las ganas del mundo -        Mucho- dice y comienza a besarme. Sus besos saben a miel, sus labios son carnosos y suaves -        Te deseo Ángel- esperen…. ¡¡¡¡¿¿¿QUÉ???!!! Despierto toda confundida, no es cierto, no puede haber soñado con ese arrogante, ¡NO! Me niego a eso, más bien fue una pesadilla. -        ¿Qué te pasa loca?- dice Regina aun medio dormida -        Nada, sólo tuve una pesadilla, es todo. Vuelve a dormir. Así lo hace. ¡Qué horror! Tendré que hablar seriamente con mis padres, acerca de esta absurda idea de comprometerme con él, no lo puedo permitir, ya hasta sueño con ese grandísimo idiota. La mañana llega, y salí del departamento de mi amiga después de desayunar, y me fui a mi casa, vi a mis padres en el jardín y me planté frente a ellos con los brazos cruzados. -        Tenemos que hablar seriamente- digo bastante seria, ya no me trataran como a una niña de cinco años -        ¿Qué pasa princesa?- pregunta mamá sin entender -        No me quiero comprometer con el hijo de tu socio, papá- el sólo frunce el ceño -        ¿De qué hablas?- dice algo molesto -        Que no tengo nada en común con él, además me lleva diez años- sigo con mi semblante de seriedad -        Eso no está a discusión jovencita- esta vez habla mi madre ¿en serio? -        Pero…- no me dejan terminar -        Pero nada Krista- me voy molesta y me encierro en mi habitación. No puedo creer que personas como nosotras aun acudan a matrimonios arreglados para hacer de sus  negocios crecer más, no es justo. Yo sólo tengo miedo de sufrir, no quiero pasar por lo mismo.                
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