– Dante me dejó dormir aquí, con él–dijo con una sonrisa maliciosa, sin pensarlo me tiré sobre ella comenzando a abofetearla, se revolvía, gritaba pidiendo ayuda, pero no me detenía – ¡Lea, para!–escuché a Dante, me cogió por la cintura alejándome de ella, quien comenzó a llorar– ¿Qué diablos haces?–preguntó soltándome, me giré mirándolo con ira – Más bien dime tú… ¡¿Qué hace ella en nuestra cama?!–grité sintiendo mis ojos humedecerse – Estaba asustada, no podía dormir así que la traje–dijo como si fuera lo más obvio del mundo – Pues si está asustada, ¡le compras un peluche!–exclamé furiosa – No iba a dejarla sola después de lo que paso– – Lea, si estas molesta porque dormí en tu cama, yo lo en…– – ¡Cállate!, ¡No sigas con tu función de mosquita muerta!–grité mirándola con odio,

