Habían pasado casi dos meses desde que Fiorella nació, ambos nos sentíamos completamente felices, apenas lloraba lo cual era un alivio, Dante mandó traer desde Sicilia un cuadro donde estaba retratada su madre, cada vez que lo contemplaba me quedaba asombrada de lo hermosa que era, su cabello rubio, su piel ligeramente tostada, ojos azules tan parecidos a los de Dante, a pesar de tener una sonrisa en su rostro, sus ojos desprendían sufrimiento. Mis padres estaban dichosos porque ahora tenían dos nietos a los que mimar, amar, y mi madre lo estaba también porque había recuperado a su hermana finalmente, con la ayuda del hijo de mi tía, Logan, consiguieron convencerla para internarse y poder llevar una vida normal. El ambiente extraño que notaba hace tiempo era cada vez más fuerte, Dante es

