Había pasado casi una semana desde que se llevaron a Fiorella, las cosas ahora eran más complicadas, nadie sabía dónde podría estar Guido, la policía hacia todo lo posible, pero no hallaban nada. Mis padres se habían instalado con nosotros hasta que la encontraran, ellos me cuidaban cada vez que Dante salía a averiguar sobre alguna nueva pista. – Lea, tienes que comer–me pidió Dante con desesperación – No puedo, no tengo apetito–dije contemplando un elefante rosa, ella dormía con él – Mi amor, llevas días en los que no comes y apenas duermes, vas a enfermar a este paso–se agachó a mi altura cogiéndome de las manos – Solo quiero que ella vuelva…– – Lo sé, yo también lo quiero, estoy haciendo todo lo posible, pero nada da resultados…–se quedó callado unos segundos– Intento ser fuer

