La destruí.

1220 Palabras

Santiago La casa olía a silencio. Demasiado silencio. Cerré la puerta de la camioneta y entré sin quitarme el abrigo. Había pasado todo el día revisando los contenedores del puerto, asegurándome de que los malditos italianos no se hubieran metido donde no debían. Mi cabeza era un hervidero de números, rutas y amenazas veladas… pero bastó con cruzar el vestíbulo para que todo eso pasara a segundo plano. Porque no la vi. Sofía. Siempre encontraba la forma de verla. Aunque fuera de reojo. Aunque fuera limpiando una esquina fingiendo que no existía. Pero hoy no. —¿Dónde está? —pregunté al pasar junto a Daniel, que ya me esperaba en el pasillo. Mi escolta se irguió. El tipo tenía la maldita costumbre de leerme el humor con una mirada. A veces, me sacaba de quicio. —No ha salido de la

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