No puedo evitar llorar, él era mi amigo, mi mascota. Carlton tiene los ojos hinchados por el llanto, me abraza porque necesita mi firma en los documentos de defunción y para darle sepultura a su cuerpo. — Luchó hasta el final amigo, fue tan... frustrante – aprieta mi camisa y las lágrimas de la Gladiola no paran de brotar de sus hermosas esmeraldas. Se encuentra sentada frente a la mesa metálica contemplando el enorme cuerpo del animalito, que murió a consecuencia de un golpe en la cabeza, hecho por el hijo de puta que se metió en la casa para fotografiarla y luego demandarnos. Ella llora y yo quiero despedazar a quien hizo esta mierda, pero primero debo mudarme a mi ático para que mi madre, mi tío y no se quien coño más estén tranquilos. — ¡Gladiola... debemos irnos, hay que

