Capítulo 8 "La boda"

1621 Palabras
El día de la boda llegó, mi hermano estaba ayudándome a acomodarme el traje mientras en pleno silencio me miraba, como si estuviera esperando a que hablara con él, que le confesara mis más íntimos secretos. —¿Qué fue lo que sucedió con esa mujer? —dijo en un susurro como si alguien pudiera escucharnos. —Nada, ella volvió a desaparecer, no puedo negarlo, quisiera lanzar este matrimonio por la borda, quisiera ir a buscarla en algún sitio remoto y escapar con ella a un sitio donde nunca nadie nos pueda encontrar —suspiro y cuando mi hermano se quita de en frente me analizo en el espejo. —Hablas como un loco enamorado, pero no te entiendo ¿Cómo te puedes haber enamorado de una mujer que ni siquiera sabes su nombre? —pregunta con el ceño arrugado mientras toma asiento. —No necesitas conocer el nombre de una persona para amarla, ni siquiera tienes que saber todo de esa persona, esas cosas vienen después, con el paso de los años, después de todo nunca terminas de conocer a una persona por completo —comento acomodando el borde de la camisa que no termina por convencerme. —No lo sé, nunca me he enamorado de una mujer —niega sonriendo— Pero sin duda podría enamorarme de esa rubia despampanante que estaba con esa mujer, pasé una noche de puta madre. —El día que mires a una mujer a los ojos y sientas un cosquilleo en el estómago, que no le puedas sostener la mirada demasiado, que te guste hasta su más mínima imperfección, que la veas como lo más perfecto que se ha plantado ante tus ojos, que no quieras volver a compartir la cama con otra mujer, entonces sabrás que estás enamorado —lo miro a lo que se queda en pleno silencio. —No me parece que eso vaya a sucederme algún día —niega con ese gesto de que todo le importa una mierda. —Espero que nunca te suceda como a mí, que nunca te enamores de una mujer y tengas que casarte con otra que ni siquiera puedes tocar sin pensar en la que amas —le cuento a lo que abro la puerta— Vamos. Los invitados estaban ya cada uno en su asiento, como era de esperarse de Vivian, eligió un salón elegante y pretencioso para la boda, un sitio que para nada era mi estilo. Yo soñaba con casarme en la playa, al lado del mar, con su sonido tan relajante, pero Vivian no quiso, dijo que su cabello iba a verse arruinado por el aire marino, si es que no se arruinaba en el primer instante por la intensidad del soplar del viento. A mí me pareció más bien una excusa, una muy rebuscada para no tener una boda sencilla y que todos los periodistas estuvieran allí, plantados en ese salón elegante que dejaría una mejor imagen de todo el dinero que poseemos. Por supuesto que mi padre, como era de esperarse, le dio la razón, no la eligió para ser mi esposa por nada, sino que eran cosas como esas las que le gustaban de ella, que siempre pensaba en su imagen, el dinero y los negocios por encima de cualquier otra cosa. Mientras veía inexpresivo entrar a la novia de la mano de su padre, rezaba en mi interior porque algo sucediera, me imaginaba que esa mujer me encontraba de algún modo, que se paraba ante ambos y decía que no podía casarme. Si algo como eso llegara a suceder, no tendría que pensarlo, simplemente saldría de allí, me iría con ella a cualquier sitio sin importarme ni un segundo más todo el dinero que se perdería. Durante toda la ceremonia estuve esperando como si mi sueño fuera a volverse realidad, pero se vio aplastado cuando me tocó decir el “Sí, acepto” más insípido de mi vida y colocarle el anillo a Vivian. Cuando la ceremonia terminó pasamos a un salón perfectamente decorado, todo por supuesto elegido por mi ahora esposa, ella se veía radiante, como si hubiera esperado por este día toda la vida. Por mi parte no puedo decir que gesto tenía reflejado, pero seguramente no era el de una persona feliz, me lo confirmó mi padre, cuando me alejó de algunos invitados y la novia para hablar. —Cambia ese maldito gesto, parece que estás en un funeral y no en tu boda —me dice en un susurro palmeando mi hombro— Pone una sonrisa, este día debería de ser el más maravilloso, será memorable para toda tu vida. —Yo no quería casarme, no quería esta boda de mierda, en este salón de mierda, no quería esa esposa mucho menos —digo en un tono completamente normal, sin importarme que pueda llegar a escucharme alguno de los invitados— ¿Cómo esperas que sonría? Agradece que continuo aquí y que cumplí con la petición que me hiciste, no tienes derecho a exigirme más. —El otro día en el baño no parecías no quererla como tu esposa —se carcajea como si todo esto se tratara de una broma— Te hará un hombre feliz y te dará una hermosa familia. —Ya que insistes en saber, mientras se lo hacía pensaba en otra mujer, en una que sí me generaba placer e interés —comento a lo que sus ojos se abrieron de sorpresa— No me toques las pelotas, no pienso darle hijos a esa mujer, no pretendo arruinar mi descendencia con una mujer que solamente se preocupa por mantener sus uñas intactas y que solamente quiere ir de compras. —No es cierto, nada de lo que estás diciendo —dice con una risa nerviosa. —Nunca había sido tan sincero, no pienso darle ni un solo hijo, no quiero ver a un niño igual a ella en mi vida, mucho menos que ni siquiera reciba la atención de su madre, no haré que la historia se repita —termino por decir. Me alejé, pasé entre algunos invitados que querían pararme para felicitarme, pero yo me fui directo a un balcón, a sentarme a pensar en cualquier otra cosa, menos en que estaba en mi boda. De repente volvió a aparecer mi hermano, me trajo un vaso de whisky, me miró con genuina tristeza en el rostro, como si la culpa lo estuviera consumiendo. —Siento que hayas tenido que sacrificarte por ambos —dice mirando a la nada. —No tienes la culpa, no tienes nada que ver con que nuestro padre haya puesto estas reglas absurdas para dirigir las empresas —comento mirando la bebida de mi vaso y me dispongo a beber un buen trago. —Quisiera hacer algo por ti, que pudieras ser feliz de alguna manera —me dice con la culpabilidad aún reflejada en la mirada. —Si quieres hacer algo por mí, entonces vuelve a ese club, busca a esa mujer y consigue su número para mí, yo no me voy a quedar de brazos cruzados, si debo de vivir este matrimonio, ella tendrá que estar conmigo, aunque sea a escondidas del mundo entero, no podré soportarlo de otra manera —le aseguro bebiendo el resto del contenido del vaso. —Lo haré, pero ¿Estás seguro de que ella va a aceptarlo? No me pareció el tipo de mujer que sale con hombres casados, es jodidamente hermosa —soltó un suspiro. —No lo sé, pero tengo que arriesgarme, no me imagino una vida donde no pueda volver a probar sus besos —digo en un tono sumergido en la tristeza. De repente escucho el sonido de unos zapatos de tacón, giro medio rostro para ver a Vivian, no parece muy contenta, mi hermano la mira por algunos segundos y en pleno silencio se levanta de su sitio, se va dejando que tengamos la privacidad suficiente para hablar. —¿Qué es lo que te sucede Oliver? Has estado toda la boda con el mismo gesto y ahora te vas cuando los invitados están preguntando por ti, ¿qué se supone que les diga? —arruga el ceño cruzada de brazos. —Me importa una mierda lo que vas a decirles —me pongo de pie y me paro frente a ella— No quería esta boda, este sitio donde a ti sola se te ocurrió celebrarla, no quería todos esos invitados, yo no tuve voz en esto, así que como todo lo has organizado sola, puedes inventarte una excusa y celebrarla sola. —Joder, no digas ridiculeces, no puedo Oliver, tienes que estar para el baile, para partir el pastel a mi lado, no puedo hacerlo todo sola —se queja con las lágrimas a punto de correr por sus mejillas— Sé que fui un poco egoísta, pero es la boda de mis sueños, tampoco me quería casar, esto no ha sido fácil de digerir para mí, pero al menos quería cumplir mi sueño de una boda preciosa como la que había soñado desde siempre. —Estaré al momento del baile y del pastel, pero no me pidas más, solamente cuando sea el momento envía a mi hermano por mí, no me pidas más que eso Vivian, es mi máximo esfuerzo —termino por decir soltando un suspiro. —No pensaba que para ti era tan trabajoso casarte conmigo, pensaba que podríamos llevarnos bien, disfrutar del matrimonio, al menos —termina por decir en un quiebre de voz. —Vivimos en sintonías diferentes, nunca podré ser un esposo real para ti, espero que encuentres a alguien que te haga feliz y que terminemos con esta farsa —sentencie, pero al mirar, ella ya no estaba allí.
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