Franchesca dormía con tranquilidad cuando fue despertada con brusquedad. Abrió los ojos encontrándose con el rostro de Rayna.
—Es de madrugada —gruñe en susurro
—¿Acaso quieres aprender a bailar durmiendo? —la mujer la golpea con una delgada vara.
Franchesca se despierta de un salto de su cama enfrentando a la mujer.
—Empezaremos las clases, sígueme.
Franchesca sigue la figura de su maestra a través de los pasillos de aquella mansión.
—Lo principal ahora es tú equilibrio—franchesca extiende sus brazos mientas se mantiene de pie con una sola pierna. Los temblores en el cuerpo de la princesa no tardaron en aparecer y con esta las carcajadas de Rayna.
Al poco tiempo baja sus brazos soltando un suspiro de dolor, su brazo empieza a dolerle de nuevo.
—¿Qué tiene?
—Creo que lo tengo roto
Rayna se acerca a su brazo, lo toma y empieza a palparlo.
—No está roto, solo es inflamación. Tengo un ungüento, pronto la hinchazón desaparecerá y también el dolor, en pocos días estarás lista.
—Gracias
—Dentro de una semana volveré, ya para ese momento estarás lista.
—Lo entiendo.
Con el paso de los días su brazo dejó de doler, Rayna empezó sus clases de baile.
—Recuerda que el equilibrio lo es todo.
La mujer trata de esconder las carcajadas cada vez que Franchesca la mira.
—Practica esa posición
¿Que se supone que haría ahora? ¿Cómo pretendía acercarse al principe? Debía encontrar la forma.
2 semana después
Los días de práctica dejaban cansada a Franchesca. Cada noche antes de cerrar sus ojos pensaba planes sobre cómo atraer al principe Sebastián a la mansión de las cortesanas, sin embargo, las probabilidades de salir lastimada eran muy altas. Desistió. "Olvidar es lo mejor" pensó.
Entró a la mansión después de una larga jornada de entrenamiento. Las chicas se hallaban reunidas en el salón principal a causa del llamado de su superior, al parecer, una invitación especial de algún noble.
Al escuchar las palabras de la Madama, Franchesca no podía creerlo, la invitación era del principe heredero. Pensó que ya todo había quedado en el pasado, que era hora de olvidar pero al parecer no es así.
—Es maravilloso, haremos una presentación en la coronación del principe como nuevo rey de Taín —dijo Priyanka llamando su atención.
—El principe heredero convocará nuestra mansión a la coronación, solo las mejores se presentarán ante el nuevo rey —finalizó la Madama
—Creo que debemos poner a prueba las habilidades de cada bailarina, solo serán seleccionadas las más aptas.— habla Shaila
—Me parece bien. Ya oyeron chicas, deben esforzarse si quieren tener el favor del rey.
Franchesca no lo pensó dos veces, las palabras salieron de su boca aceleradas. La oportunidad que tanto había esperado se presentaba y no la pensaba desaprovechar. A su memoria vino el rostro manchado de sangre de Dayana, ella era inocente, no tenía que haber terminado así y todo fue obra del principe Sebastián y todo el daño causado lo pagaría con creces.
—Quiero presentarme.
—Acaso estás loca, muchacha. No tienes la preparación suficiente en danza, si salimos mal librados, el principe no perdonará nuestras vidas. —Habla indignada Shaila.
—No te enfades Shaila
—Pero Madama... —intenta reprochar pero es a detenida con un gesto.
—Has estado aquí por unas cuantas semanas y ya intentas hacerte camino entre las demás muchachas, a ellas no le gustan las escaladoras. Si quieres ser la atracción principal de las cortesanas tendrás que ganarlo. Aquí no tienes ningún privilegio de realeza.
—No pido privilegios, solo sé que puedo ganarme el papel principal del baile—decreta
—No eres autoridad aquí. Todo lo que hagas está bajo tú responsabilidad y capacidad. Recuérdalo.
—Si, Madama.
—Esta semana nosotras les mostraremos el baile que presentarán esa noche.
El día de hoy les mostraré el baile que hemos escogido. Presten mucha atención y vean muy bien los pasos, por tres días verán el baile. Yo, Rayna y Shaila se los mostraremos una cada día.
Los músicos iniciaron la canción maravillando los oídos de Franchesca. La Madama se encontraba personificando un hermoso baile y ante la sutileza y encanto de este quedó fascinada.
La mujer bailó demostrando toda habilidad y destreza en aquél baile en el que ella era totalmente ajena. Jamás había visto bailar a la Madama pero lo cierto era que la mujer se movía con gracia y esteticismo.
Franchesca se preguntó si ella podía llegar si quisiera al nivel de la maestra pero enseguida se reprendió, La Madama no era una novata, toda su vida giraba alrededor del baile indio y su música.
—Ahora tú —la mujer la señala, haciendo que las miradas estuvieran sobre ella.
Franchesca trató de imitar los gráciles movimientos de la mujer. Sin embargo, mientras baila el ceño de la mujer se frunce.
—¿Qué pasa?
—Bailas sin gracia, mecánicamente. Esto es un recordatorio para todas, deben sentir la melodía de la canción y expresarla con su cuerpo.
—Si, Madama —dijeron en coro las bailarinas
***
La noche había caído sobre la ciudad y con ella se hallaba Franchesca practicando el baile con tenacidad. A lo lejos Rayna la veía con una expresión confundida, se preguntaba la motivación de ella, pues, muy bien había visto sus avances durante las semanas que práctico.
Rayna caminó hacía ella, el movimiento de las faldas de su indumentaria anunciaron a Franchesca de una extraña presencia
—Madama Rayna —saluda
—No entiendo tú motivación, ¿Por qué quieres volver al palacio?
—Maestra, él me ha hecho mucho daño tanto a mí como quién me rodea y debo hacerlo pagar y demostrarle que soy inocente. Quiénes no tienen nada que ver en este conflicto han terminado afectados, eso no es nada justo.
—Pero el es poderoso, ahora es un Rey. ¿Cómo pretendes enfrentarlo?
—No lo sé, en algo pensaré.
—Estas loca, muchacha. Es imposible vencerlo, lo digo por experiencia.
Franchesca mira a Rayna con duda, queriendo saber más detalles de dicha experiencia.
—Tu tienes el valor que yo nunca tuve. No quiero que pases por el mismo dolor que yo. Aunque, sé que lo que tú deseas con afán ahora, después te traerá dolores al corazón. No sigas, es pérdida. Al final cada quién recibirá según lo que hizo—. La mujer le expresa con sinceridad
—No dejaré que muera a manos de otros. Morirá en mis manos, ese día sentiré paz en mi corazón.
—No será así, te lo aseguro. Aunque, espero que no lo descubras demasiado tarde.
—Lo dudo —aseveró. Su corazón ardía en enojo y venganza. No podía pensar el Sebastián sin conectarlo con la muerte de Dayana, una inocente más en aquella telaraña.
Su corazón ardía, ardía con tesón. No cedía ante cualquier viento.