Franchesca cubre su rostro al igual que Rayna y emprenden la huida, Franchesca corre por los pasillos de la prisión con el corazón en la mano. Ya estaba en la salida de la prisión cuando regresó la vista y se dio cuenta que Rayna había tropezado.
Franchesca pretendía regresar por ella.
—No, vete— escuchó gritar a Rayna mientras es arrastrada por los guardias.
Los hombres arrastran a Rayna dentro de la prisión y Franchesca corre fuera de la cárcel.
Franchesca a las afueras esperaba alguna señal de Rayna, la desesperación empieza a apoderarse de ella. Entraría a buscarla, no podía dejarla en ese lugar.
La mujer estableció guardia cerca de la entrada de la ciudad.
De repente las puertas se abrieron y un grupo de soldados salieron cargando una carreta llena de paja que dejan abandonada en el bosque.
Franchesca inspeccionó la carreta una vez los hombres se habían retirado. Remueve la paja y toca un cuerpo, en seguida descubre el cuerpo de una persona.
Era Rayna, se asegura de que estuviese viva e inspecciona su cuerpo. Estaba realmente débil.
—Mira lo que te han hecho —Franchesca quitó los cabellos sueltos de su cara y humedece sus labios con agua.
La mujer soltó un suspiro y abrió los ojos y de inmediato empieza a llorar ruidosamente.
—Yo no merezco eso —lloró en el regazo de Franchesca, ella solo la abrazó tratando de darle consuelo.
—Matame Franchesca, quiero morir —pidió entre llanto.
—No Rayna, vivirás y verás el día en que esos bárbaros pagarán por lo que te hicieron. —Franchesca la abraza esperando calmar su sufrimiento—. Buscaré un caballo —acomoda su caballo y emprende el camino hacía la mansión de las cortesanas.
Al llegar los músicos ayudan a salir a Rayna de la carreta.
—¿Qué pasa aquí? —la primera Madame interroga.
—Madama, Rayna está muy débil, debe descansar.
—Ella desobedeció y se quedó en la ciudad, está castigada.
—Madama, Rayna fue humillada, ¿Acaso no cree que para ella eso es un castigo? —grita enfurecida.
—Llevenla a su habitación —finalmente concede.
Una vez Rayna estuvo en su habitación y ya hubiese despertado de su letargo, Franchesca entró a hacerle compañía.
—¿Franchesca? —Rayna trató de localizarla
—Estoy aquí
—¿Te vas?
—Si, volveré a Prey.
—¿Qué harás allá? —preguntó extrañada.
—Debo aclarar algunas cosas allá —dijo sin dar detalles
—Quiero ir contigo
—Estás enferma, debes recuperarte. —dijo con una sonrisa. Cuando lo hagas si aún quieres ir a Prey, enviaré por tí.
—Gracias.
Franchesca salió de la mansión, busca su caballo y sin mirar atrás emprende el galope. Tras ella la Madama trató de detenerla. Una cortesana nunca podía abandonar su estatus, nunca dejaría de serlo. Pero la princesa simplemente hizo caso omiso a las advertencias de la mujer. Ella era libre, y ya había logrado parte de lo que quería.
Los meses pasaron con rapidez, pronto pasaron dos meses desde la coronación del principe aparente y poco después de su ceremonia, el rey había declarado la guerra a Prey. La fuerte brisa removía con violencia las tiendas de campaña del ejército del reino del oriente. En medio del bosque se alzaban miles de carpas blancas con el blasón de un lobo hambriento anunciando una pronta guerra.
—Majestad, el principe rebelde Taín se autoproclamó rey del oriente y está liderando un gran ejército hasta la ciudad luna.
—¿Qué? —el rey de Prey se levantó de su trono alarmado.
—Majestad, debemos actuar rápido, de lo contrario, la ciudad caerá en manos de los rebeldes.
—Envia mi orden a la ciudad, el ejército debe desplegarse y defender a toda costa la ciudad.
—Si, majestad.
***
Franchesca cabalgó durante varios días hasta llegar a la ciudad de Prey. Le tomó cinco días llegar al lugar.
Poco a poco atravesó las grandes puertas de la ciudad y escucha las puertas cerrar tras ella. Su corazón palpitaba frenético ante la expectativa.
No había dormido nada. Sin embargo, salió de la posada donde se quedaba a buscar alguna forma de entrar al palacio real.
Al caminar por las calles no puede evitar sentir tristeza por la vida que una vez tuvo. De lejos Franchesca logró ver un grupo de muchachas jóvenes haciendo fila tras las puertas del palacio.
—¿Quiénes son ellas? —Pregunta a un comerciante.
—Se presentarán como criadas y niñeras del palacio. —le responde y Franchesca asiente.
Las mujeres estaban organizadas en una extensa fila que además avanzaba con lentitud.
Había una mujer al final que se perdió con lentitud de la fila, esperando no ser vista. Franchesca la siguió y le detuvo antes que se perdiera entre la gente.
—Señorita, ¿Va a entrar al palacio? —pregunta Franchesca.
La muchacha miró asustada a la princesa y empezó a correr despavorida.
—¡Oye! ¡Espera!
Franchesca vuelve a detenerla.
—Si no vas a entrar, por favor, déjame tomar tú lugar.
—¿Quien eres?
—Eso no importa, quiero entrar al palacio y si tú no entras yo podría hacerlo por tí. Nadie se enterará.
La muchacha aún desconfiada rehúsa darle su carta de identificación. Sin embargo, tras ella convencerla lo hace. Al final se trataba de una muchacha enamorada y que ante la idea de perder a su amor y entrar al palacio decidió huir.
Franchesca vistió el uniforme de la muchacha y se integra con rapidez a la fila.
La mirada nada amable del guardia se posó sobre ella.
—Sus documentos.
—Alana Peters, hija del secretario menor de la oficina de registros.
—Asi es
Franchesca pasó por la puerta del servicio del palacio y tomó lugar junto con las demás muchachas que entraban al palacio. Miró su ficha de identificación y la apretó con fuerza entre sus manos. Debia mantener esa identidad en el palacio si quería completar sus planes.
Tras varios minutos de formación una mujer con uniforme diferente a cualquier otro en el patio se acercó a ellas.
—Todas ustedes eligieron los departamentos al que querían entrar. A continuación se les llevará a sus instalaciones y una vez se acomoden deberán atender sus obligaciones. ¿Entendido?
—Sí —dijeron todas.
Franchesca estaba eufórica, había logrado entrar al palacio fácilmente. Ahora, tendría que pensar como tratar con todos y no ser descubierta.