Franchesca estaba eufórica, había logrado entrar al palacio fácilmente. Ahora, tendría que pensar como tratar con todos y no ser descubierta.
Horas después Franchesca ya estaba en el departamento de cocina. La mujer estaba estaba realmente nerviosa ya que no tenía ninguna experiencia en la cocina.
Miró como las mujeres se movían de un lado a otro al rededor de los fogones.
—Niña, lleva esto al jardín de rendición.
Franchesca se desplazó de la cocina hasta los jardines reales, veía pasar de un lado a otro a muchas criadas, quiénes poseían diferentes uniformes. Con el paso de los días pudo saber a qué departamento pertenecía cada una.
Azúl; cocina, rosa; doncellas de palacio, verde; costura y beige esclavos y personal castigado.
Franchesca apresuró los pasos. Sus manos sudaban por el nerviosismo. No sabía qué podía pasar si se encontraba con la reina.
Una noche Franchesca cuestionó todos sus actos, sentía que estaba perdiendo el rumbo, como una brújula controlada por un imán. Sus sentimientos a flor de piel la impulsaban a hacerle daño a Sebastián, pero cuando estos se enfriaban su determinación desaparecía.
Nunca se había considerado una persona rencorosa, pero ahora todo era diferente. Había pasado por muchos sucesos desagradables que con solo recordarlos su enojo llegaba a dominar.
También habían días en los que se preguntaba si Sebastián en realidad la odiaba tanto como para querer matarla.
La imagen de la muerte de Dayana daba vueltas una y otra vez en su cabeza y luego recordó el sufrimiento de Rayna.
Ellas habían sufrido por su culpa, por el simple hecho de estar con ella. Ella Franchesca Montblanc perjudicaba todo a su paso.
…
Habían pasado varios meses desde su entrada al palacio y nunca se había cruzado con la reina Eleonora, un hecho que la favorecía demasiado. Aunque no gozaría de aquello por mucho tiempo, en algún momento tropezaría con la reina y debía trazar un plan de escape el día que eso ocurriera.
La cocina de mostraba cada vez más atareada, obligando a otras señoritas a servir dentro de la cocina también.
Franchesca se estaba cortando cebollas en un rincón del lugar. Aquella era la oportunidad perfecta para poner en marcha su plan. Miró a sus demás compañeras con disimulo. Todas estaban concentradas en sus quehaceres. Detuvo sus movimientos sobre el mesón y alzó el cuchillo entre sus manos consiguiendo que este brillara ante sus ojos. "Solo es una pequeña cortada" pensó.
Franchesca cerró los ojos con miedo y pasó la punta de este sobre su mejilla. Casi de inmediato la princesa soltó un grito y las lágrimas aparecieron débilmente, tal grito sorprendió a las otras muchachas.
Las mujeres la rodearon para ver qué le sucedía.
La cocinera se acercó y pido ver de primera mano la herida en el rostro de su asistente.
—¿Cómo te has hecho esto, Alana? —preguntó horrorizada.
—Señora Meyer, estaba cortando las cebollas cuando empecé a llorar, en un intento por limpiar fui descuidada y pasé el cuchillo por mi mejilla. —expresa mientras llora.
—Mira lo que has hecho, has arruinado tu rostro, ¡muchacha tonta!
La mujer limpió la herida de Franchesca y después le aplicó una pomada cicatrizante.
—Ahora deberás llevar una venda que cubra tu rostro. Tan bella que eres —se lamentó la cocinera.
—Señora Meyer, ayúdeme. No quiero irme de la cocina, por favor. —Lloriquea.
—No te preocupes, no te irás. Trabajarás igual que siempre. Solo deberás llevar una venda sobre el rostro. Tú reputación se dañará si te ven con el rostro dañado.
El caos reinó en el palacio con la llegada de una noticia. El principe heredero de Prey había caído de su caballo consiguiendo la muerte.
La situación era critica. Las tropas de Taín presionaban la ciudad luna y aunque constantemente se enviaban refuerzos nada parecia contener el ejercicio Taín.
Poco sabía Franchesca sobre lo que haría el monarca ahora que su heredero se había esfumado del mapa dejando semejante vacío en el reino y lo que podía hacer el rey la inquietaba demasiado.
—Alana, la reina se ha retirado a su palacio. Y está buscando una institutriz para la pequeña Malena. Cualquiera que sirva en el palacio. Podría postularse. Aunque talvez no todas sean seleccionadas.
—¿Te vas a postular? —preguntó Franchesca
—Claro, también debería hacerlo.
La larga fila que había dentro del palacio real resultaba tan singular para Franchesca. Todos dispuestos a cuidar y enseñar a una niña para conseguir ser promovidos. Ella no era la excepción.
Aún le era difícil adaptarse a las miradas curiosas y murmuraciones que hacían las criadas de palacio a sus espaldas debido a la venda en su rostro.
Cuando por fin fue su turno, la supervisora del palacio le realizó un examen a sus habilidades de escritura y modales. Franchesca fue agregada a la lista de posibles candidatas. Y en un principio las mujeres habían mostrado apatía hacia ella por su apariencia. Pero luego se dieron cuenta de las habilidades que tenía la princesa. Sus antecedentes nobles le habían sido útiles.