¡Bam! Los chicos habían dejado a los cuatro hombres que estaban en la casa, bien heridos. —Lo llevo yo —dice Santiago, yo asiento. —Muy bien, sígueme al galpón —digo, él asiente. Nosotros teníamos un galpón cerca del lago, un lugar poco concurrido, aún menos de noche, y lo usábamos para sacar información, así que sería perfecto en esta ocasión. —No puedo creer como te encontré —dice Derek a mi lado, yo ruedo los ojos. —Derek, solo nos besábamos, tan poco es para tanto —digo, él niega. —Si lo es, eres una niña —dice, yo lo miro por un segundo y me río. —¡Qué hablas! — —Pensaba que eras virgen —dice, yo vuelvo a reír. —Oye, ¿estás de comediante hoy? — —Eres mi hermana… — —Por favor, Derek, relájate —digo, él se cruza de brazos en el asiento, sé que él sabe que no soy virgen, pero

