Capítulo 12.

1415 Palabras
P.O.V Levi Abrí la puerta bruscamente del despacho de mi madre, esto provocó un gran estruendo que se escuchó por todo el Castillo. La mujer levantó su mirada dejando el libro de lado, levantó una ceja, su mirada era una mezcla entre ironía y enojo y despreocupación. —Quiero una buena razón para que vengas a interrumpir de esta forma. —Ya vi las noticias, ¿Estás loca madre? —digo, lanzando el periódico en la mesa de café que está al frente de ella. Suelta una sonrisa burlista, egocéntrica y con una indiferencia a mis actos, que sólo hacen que la furia me corroa el cuerpo por completo. —Estoy totalmente cuerda Levi —dijo volviendo a pegar su vista al libro. —Sabes perfectamente que tipo de relación llevo con él -recalcó, al punto del colapso. Y esa sonrisa que tanto odio se ensancha. —Pero si tú odias a todo el mundo Levi. —Eso no es cierto. —Claro que lo es tesoro. Mi ceño esta fruncido aún más de lo normal, ¿Estaba mi madre bromeando? Yo no odiaba a todo el mundo... Bueno, a casi todo el mundo. Simplemente soy una persona increíblemente selectiva, delicado con los comportamientos ajenos y más que todo, no disimulo en absoluto cuando una persona, ya sea por A o B situación, se gana mi odio. Así que no suelo ser hipócrita y estoy conforme con ello. Miró a mi madre dar un suspiro de cansancio. Cierra los ojos para tratar de buscar, aunque sea un poco de paz. Se masaje el tabique y sin siquiera levantar su mirada del maldito libro, habla. —Sólo se quedará por un tiempo, ¿Puedes tratar de soportarlo? —trata de soñar de la forma más comprensiva posible. —Lamento decirte que mi paciencia a ese bastardo tiene precio. Si ella quería jugar con mi tolerancia, estaba completamente equivocada. No iba a dejar ni que mi propia madre divirtiera conmigo así que ¿Porque no seguirle el juego? Esboza una sonrisa carente de humor ante el comentario, cerró el libro y lo puso en sus regazos. Me miró de una forma despreocupada, como si mis palabras solo fueran un mal chiste, levanta una ceja. —¿Qué quieres? —Quiero ir a ver a papá. Fugazmente su expresión pasa de ser pasiva, a una increíblemente molesta. Noto como empieza a perder el control de sí misma, aprieta su mandíbula y para tratar de conciliar la poca paciencia que aún le queda, pasa desesperadamente una mano por su cabello -anteriormente- perfectamente peinado. Su respiración se vuelve pesada y una vez posa su mirada en mí, un escalofrío me recorre la espalda por completo. Pero no me importa, no estoy dispuesto a obedecer sus reglas, ya eh sido lo suficientemente sumiso y ya me cansé. —Sabes que eso no se puede Levi —su tono de voz es apagado. —No es que no se pueda, es que tu no quieres que lo vea —escupe con veneno, hablo con la verdad. —No me hables así muchacho —se pone de pie. Esta vez sí llegó a su límite. —No me puedes mantener lejos de él, aunque quieras —la encaró. —Levi, esto es inaceptable. ¿Cuándo te volviste tan insolente? —trata ante todo de mantenerse en sus cabales, pero se le hace imposible, notorio gracias a la vena que se marca en su cien. —Desde hace mucho, sólo que tu estas tan metida en tu maldito mundo de política que ya no me pones atención —confieso. Y decirlo en voz alta hace que mi corazón se estruje. Y era porque tenía la total certeza de ello, dolía. Mi madre apretó la mandíbula y fruncido el ceño. Yo no era la excepción. Ella sabía perfectamente que tenía la completa razón. —Retírate... —el hecho de que trate de evitar la verdad, solo provoca que la ira en mi aumente. —No me lo tienes que decir —me di la vuelta, me acerque a la puerta la abrí y tan rápido como llegue, me fui. Caminé por el pasillo que me llevaba a mi habitación, estaba tan cegado por la ira que no me di cuenta que venía un sirviente que traía una piña colada en una bandeja. Choque con el chico, el sonido del vidrio quebrándose retumba en mis oídos y justo cuando me doy cuenta veo como en cámara lenta el líquido cae sobre mí, el piso y el sirviente. —¡De verdad discúlpeme príncipe Levi! — la desesperación empezaba a inundar al mayordomo nuevo. Levante la mirada, el líquido le goteaba de la camisa blanca, su mirada reflejaba pánico, el cuerpo le temblaba. Rápidamente se acercó y me extendió la mano para ayudarme a levantarme. Y yo, sin razón alguna me hundo en mis pensamientos. El cuerpo lo tengo tan tenso como una roca, la sorpresa que está plasmada en mi rostro, por más que intento reemplazarla no lo logro. Sin embargo, segundos después voy procesando todos los hechos, la furia empieza a dominarme. Y lo hace de sobre cuando veo a ese maldito sirviente tratando de ayudarme —¿De verdad crees que soy tan inútil como para no levantarme sólo? —¿Qué? No para nada príncipe, sólo lo... —¡Mocoso insolente! —quité su mano de un manotazo y rápidamente me puse de pie- ¿Crees que porque soy un maldito príncipe no se hacer nada? —No señor... Sólo era un gesto... —su rostro refleja un miedo indescriptible. —Tú no tienes el derecho ni de mirarme a los ojos, ¡Sólo eres un simple empleado! —digo, mientras golpeo su pecho con mi dedo índice. —Si señor... —¡¿Esta claro maldita...?! —¡Levi ya basta! Levante la vista y el simple hecho de ver esos ojos azules me provocaban náuseas. Apreté los puños y la mandíbula, emanaba enojo por cada uno de mis poros. Verla era lo que menos quería en este momento. —¡¿Qué diablos te pasa?! —grita Erina, mientras se acercaba corriendo hacia donde estaba el estúpido sirviente- ¿Quién mierda te crees para tratar a Eitan así? —Más bien ¿Tu porque lo llamas por su nombre? —y por alguna razón, fuera de mi conocimiento, escucharla hablar de ese joven con tanta familiaridad solo hacía que odiara más cada centímetro del c***o nuevo — No vez que sólo es un completo inútil. —Lo siento Leviosa, pero él es exactamente igual a nosotros —me encara —¡Tiene los mismos putos derechos! El cuerpo me tiembla gracias a las mil emociones que estoy experimentando. Y estoy completamente consiente de que estoy a punto de cometer una estupidez si no me controlo. Pero no puedo parar, por más que le ordeno a mi cuerpo no reaccionar y a mi lengua no hablar. Pero la exaltación me consume. —¿Ahora te crees parte de la plebe Belrose? Que bajo caíste —mis palabras salen como veneno — Aparentemente te crees la misma escoria que este tipo de personas —una sonrisa egocéntrica, sin mi permiso, abarcó mi rostro — Una completa basura. Todo pasó en cámara lenta. Vi como Erina levantó la mano y la golpea contra mi mejilla izquierda. ¿Se atrevió a darme una cachetada? El ardor inundo todo mi rostro, pasé las llamas de mis dedos y sentí pequeñas punzadas. Nunca en mi vida pensé que recibiría una cachetada. Ahora, mis pensamientos quedan en blanco, todo se vuelve silencioso y lo único que logra, más que todo, que me sienta peor conmigo mismo era verla con los ojos cristalizados, los labios temblorosos y con la palma de su mano tan roja como mi pómulo. —¡Tú eres la basura Abrahams! No tienes sentimientos -grita a todo pulmón, emanando odio en cada palabra — Eres sólo un cuerpo vacío. Simplemente me das lastima -en este punto, su voz empieza a pagarse. —¿Qué? —es lo único que mi boca me permite pronunciar. El odio que tengo hacia mí mismo hace un desastre en mi mente y corazón. No logro, por más que lo intento, pensar con claridad. Siento mis ojos cristalizados, el cuerpo sobresaltado y más que todo, una debilidad inmensa. Me sentía tan Indefenso sin mi mascara de frialdad puesta y tan temeroso de que mis sentimientos fueran increíblemente dañados por la cruda realidad. —Lo que escuchaste, no te soporto. Te odio —esas palabras son una puñalada en mi fragilidad — Pensé que eras diferente pero sólo eres un idiota más. Y es aquí, en este preciso instante cuando me desplomo. Justo cuando mi fachada se cae y queda el verdadero yo a la luz. —¡Lo reconozco! —quiero llorar — Vivo engañado por mí mismo, vivo intentando no pensar mucho no para darme cuenta de que mi vida no vale una mierda. ¡Es triste! Fue lo último que dije antes de bajar las malditas escaleras al jardín y dejar atrás a Erina y al sirviente. Me acerqué a la fuente me senté en el borde y me halé el cabello desesperado. ¿Porque demonios grité todo eso? Y exclusivamente a ella #LecciónDeVida Levi es más idiota de lo que pensábamos.
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