No podía creer lo que mis ojos veían, era un Yoshi de felpa tan grande como yo. Mis ojos se iluminaron, corrí hacia él y lo abracé fuertemente. El mejor regalo que había recibido en años después de mi Play. Vi la cartita y era nuevamente anónima.
*Espero te guste este pequeño presente, es para demostrarte todas las ansias que tengo de conocerte, disfrútalo. *
Atte: -Anónimo
Sinceramente era jodidamente perturbador recibir este tipo de regalos tan seguido de un autor completamente desconocido. Me acosté en la cama, y empecé a leer las 3 cartas que tenía hasta el momento, no me creía que podía recibir tantos detalles de un mismo remitente. No sabía de quien era la caligrafía, pero la pulcredad y los detalles únicos eran lo que las hacían más hermosas para los amantes de la caligrafía y ortografía.
Decidí sacarme esas tonteras de la cabeza y bajar al primer piso, donde estaba Lucas con sus maletas a punto de irse. Vi al chico de los ojos color esmeralda hablar con Levi, se notaba que hablaban de un tema algo serio, decidí apoyarme a una de las columnas de mármol y esperar a que terminarán de charlar, lo más seguro era sobre política.
—¿Estás seguro? —dijo Lucas. Con un tono de voz notablemente preocupado.
—Completamente.
—Bien, me mantendré al tanto. Si hay noticias te aviso.
Fue lo único que alcance a escuchar, después de eso ambos chocaron puños y Levi empezó a caminar hacia la escalera de paréntesis, pero, cuando iba pasando al frente de mí se detuvo, giro su rostro por encima del hombro y me encaro. Su mirada era fría, severa y contenía una gran cantidad de ira.
—Deberías tener un poco más de cuidado con el anónimo —recalca con voz apaciguada.
Lo miro a los ojos, trago grueso y justo cuando estoy a punto de hablar. Empieza a caminar en dirección a las escaleras de paréntesis. Y las dudas empiezan a invadirme ¿Qué le pasa? o más bien ¿Cómo osa hablarme en ese tono tan... autoritario? Mi cara empieza a arder, pero de no ser porque Lucas era lo más importante para mí en este momento, decido dejar mis incertidumbres de lado y centrarme completamente en disfrutar los últimos minutos que me quedan con él.
—¿De verdad te tienes que ir? —le hablo, una vez el termina de conversar con su mayordomo.
—Lamentablemente mi visita a este lugar ya terminó —me dedica una de esas tantas sonrisas que me calientan el corazón — Pero te prometo que vendré dentro de poco —el corazón se me estruja.
—Me estas dejando sola con Leviosa, terminaremos matándonos —trato de sonar despreocupada, pero lo único que logro es que mi voz se quiebre.
— Por favor Erina, trata de llevarte bien con él —dice, mientras acuna mi rostro en una de sus manos — Se lo prometiste a la reina Giselle —sus palabras me caen como un balde de agua helada.
—Eso era lo que me convenía decir en el momento —trato de justificarme, pero no es así. Simplemente aun no me quería ver en la obligación de tener que aceptar lo que ya estaba destinado para mí.
—Pues Levi lo va a cumplir —mi cuerpo se tensa- Bueno o tratará —suelta una risa divertida, pero que en realidad se me hace muy nostálgica.
—Todo está listo príncipe Lucas —interrumpe uno de los empleados.
—Gracias —responde con una humildad impresionante- Creo que ya me debo de ir -su mirada se apaga y ver eso, solo provoca que el corazón se me haga pequeño.
—Recuerda escribirme —digo, con un atisbo de esperanza de que no me olvide.
—Tenlo por seguro —se acercó y sentí como rodeaba con sus brazos mi cuerpo- Te extrañaré tonta —inmediatamente pego su cuerpo más al mío.
Hundo mi cabeza en su pecho, mi cuerpo se tensa y por más que trato de evitarlo, las lágrimas empiezan a salir. El cuerpo me tiembla, me salen sollozos sin mi permiso y sentir como acaricia mi cabeza solo me provoca el no querer soltarlo nunca.
—Príncipe Lucas, el vuelo lo espera —apresura el mayordomo.
Y es aquí cuando siento que más voy a decaer. Se separa de mí, me dedica una última mirada y en sus labios se forma una sonrisa melancólica.
—Nos vemos Erina —el corazón se me estruja.
—Nos vemos Lucas.
Metió las manos en los bolsillos de su pantalón y empezó a caminar en dirección a la gran entrada, paso por la puerta hacia el jardín, acercándose a la limusina donde el mayordomo le abrió la puerta cerrando la tan rápido como la abrió, cuando Lucas entró al auto, arrancó y los grandes portones le dieron el camino libre a la carretera.
Había quedado sola, no había perdido una amistad, pero si una parte de mí, que se fue con él.
.
.
Empecé a pasar las páginas del libro y mis ojos se agrandaron, la desesperación me empezó a invadir.
—¡No! ¡Dumbledore no! — grite desesperada.
— Erina ¿Podrías dejar de gritar? No es momento para...
— ¡No me vengas a decir eso Levi! — las lágrimas bajaban por mis mejillas.
Levi levantó una ceja sin entender.
—Dumbledore muere.
—Ya lo sé, pero ¿Porque lloras? ¿No que ya habías leído los libros?
—Si... Más bien esta es la quinta vez que los leo, pero el dolor es el mismo de la primera vez.
Han pasado dos semanas desde que Lucas se fue del palacio, las cosas entre Leviosa y yo habían cambiado un poco. Las ganas de matarnos eran menos o así tratábamos de aparentar, claro teníamos nuestros momentos de furia, pero, eran menos que anteriormente. También por petición de la reina tratábamos de pasar más tiempo juntos y hasta el momento hemos estado a solas sólo dos veces y ha sido muy silencioso, estresante y un tanto incómodo. Generalmente siempre era lo mismo, el en su mundo de libros y letras y yo en mi mundo de videojuegos y tecnología.
—Estas igual de idiota que siempre —ruedo los ojos, lo mejor que podía hacer era reservarme los comentarios si quería evitar una pelea.
—Por cierto — gire mi rostro rápidamente hacia la puerta — ¿Podrías hacerme un favor? — Levi giro la mirada hacia un lado, evitando mirarme a la cara — ¿Me podrías enseñar a jugar videojuegos?
La sorpresa que tenía marcada en el rostro era más que visible. La curiosidad de porque el reciente interés en mi mundo empieza a brotar como una naciente. Dudo un momento, los segundos pasan y por más que deseo hablar sin que mi voz suene con fascinación, las palabras no salen, pero por más que crea tener el control sobre mí, por cosas como estas me doy cuenta que no.
—¿Estas drogado Leviosa?
¿Porque mierda dije eso?
— ¡¿Cómo se te ocurre que yo, un príncipe voy a estar en tan vulgares condiciones?! -grita, exasperado y con un tono extrañamente nervioso.
Me encojo de hombros, en mi propia pena.
—No lo sé... Solo decía —trato de justificarme.
Apretó la mandíbula, entró a la habitación y se sentó en el borde de la cama. Su cuerpo estaba tenso, su manzana de Adán se movía con brusquedad debido a que tragaba saliva fuertemente. Y lo que más asombro me causaba esta situación, era el hecho de que tratara en lo más posible evitar mirarme a los ojos.
Yo, increíblemente impresionada dejé el libro de lado y me acerqué al televisor. Conecte la Xbox - aún no me devuelven mi play - y busco un juego fácil de manejar. Encontré Mario Kard, de buena mutabilidad, perfecto para principiantes. Lo puse e inmediatamente apareció la pantalla de inicio en el TV, conecté los dos mandos y le di uno a Levi, el cual miraba el control con curiosidad, decidí acercarme.
—Este botón de aquí es para moverte, estas figuritas son habilidades... —trate de explicarle de la forma más paciente posible para que servía cada cosa del mando.
Lo extraño es que entendió a la perfección y no hizo preguntas. Llegó la hora de jugar, yo escogí a Mario, el a la princesa... Iniciamos en una de las tantas arenas multicolor, el juego empezó y pasaron unos cinco minutos cuando Levi ya había ganado la partida.
No me lo podía creer ¿Era una broma? Lo mire de reojo, tenía la vista iluminada y totalmente enfocada en la palabra Winner que abarcaba toda la pantalla.
De un momento a otro se levantó del borde de la cama, dejó el mando en una esquina y empezó a caminar a la puerta, abrió la estructura de madera y salió de la habitación.
Ahora estaba completamente segura de que Levi Abrahams era un completo idiota.
#LeccionDeVida.
Levi Abrahams es un sexy incomprendido.