La luz me pego en el rostro, las cortinas de mi habitación fueron abiertas de par en par provocando que mi calma cambiara a fastidio. Sentí como me quitaban mi calientita manta y el frío de la mañana empezó a recorrerme el cuerpo. Me retorcí en la cama y el despertador empezó a sonar.
—¡Levántate Belrose!
Empecé a abrir los ojos lentamente, estire mi mano y apague el reloj. Me senté en el colchón y me tallé los ojos, seguidamente un bostezo.
—¿Qué quieres Abrahams?
—Iniciaremos el día temprano, apresúrate a vestirte.
—¿Qué hora es?
—Seis de la mañana, apresúrate que Victor nos espera.
—¿Qué día es hoy? -bostezo nuevamente.
—Domingo.
—¡Me estas jodiendo! Es muy temprano —frunzo mi ceño, tomo nuevamente las sabanas y me hago un puñito en mi cama. De igual forma vuelven a tirar de mi cobija.
—Tienes tiempo, te quedan dos horas para vestirte.
¿Arrojar a alguien por el balcón es delito? Porque estaba a punto de agarrar al Levi del cabello y tirarlo al jardín.
—Y a todo esto ¿Desde cuándo te preocupa que llegué temprano a mis reuniones con el señor Víctor? —digo, levantando una ceja irónica.
—Por el simple hecho de que me propuse corregirte. Ya me di por vencido, tendré que casarme con una Frikki como tú, pero he decidió reformar todo lo malo que tienes.
No evito soltar una carcajada sonora, ¿Era un chiste? Lo miro a los ojos con humor, lamo mis labios y no trato de disimular en lo absoluto mi sonrisa burlista.
—Me gustaría verte intentarlo —lo reto.
Levi esboza una sonrisa, que demuestra la mejor versión de su egocentrismo, la parte más pura de su soberbia y ante todo, su gran falta de humildad. Una mueca que reflejaba todo lo que él era.
—Nunca dije que lo intentaría, no cambies mis palabras -recalca, con aires de grandeza — Afirme que te cambiaria.
—No sabía que fueras tan graciosos Levi —suelto nuevamente una risa
—No lo soy, en lo absoluto.
Me estire, me pongo de pie y lo encaro. Si es quería jugar el juego de la soberbia, no lo iba a dejar ganar. Ni loca.
—Vamos a ver si logras cambiar algo, Leviosa.
.
.
Las puertas del salón blanco fueron abiertas dejándome pasar. El señor Víctor estaba en su silla con el lapicero en su boca -típico de el- mientras revisaba los apuntes. Me senté en la silla acolchonada que estaba al frente, agarré mi libreta y el lapicero.
—Hoy llegaste más temprano —habla, sin siquiera mirarme.
—Digamos que alguien fue a tomar el lugar de mi alarma —dije poniendo los ojos en blanco.
—Esperemos sigas así —dijo mientras se acomoda los lentes, ya después de pasados unos minutos, se digna a mirarme- ¿Iniciamos la clase?
Asiento, hoy hablamos de ideologías. Las clases del señor Victor, de las cuales he recibido unas seis, me han despejado de muchas dudas. Además, era una buena persona para conversar de temas triviales y para escuchar. Sabio era la palabra que más lo caracterizaba.
—Bien, esto es todo —dijo mientras guardaba su bolígrafo y cuaderno- ¿Alguna cosa sobre Levi que quieras comentar? -menciona, mostrando un interés enorme.
—¿Quién te dijo que quiero hablar de ese tonto?
—Intuición —sus ojos se achinan, tratando de descifrar mis pensamientos, esboza una sonrisa ególatra- Has estado con el ceño fruncido la mayor parte de la clase. Imagino que es por él, ¿Qué te hizo ahora?
Doy un suspiro de cansancio. ¿Debería contarle todo? Lo miro con indiferencia, apoyo mi cuerpo en el respaldar, mi codo es puesto en el posa brazos y mi mano sostiene todo el peso de mi cabeza. Le dedico una mirada de soslayo y trato en lo más posible, que mi voz suene despreocupada.
—Dice que ya se rindió y si tiene que casarse conmigo lo hará, pero primero cambiará lo que soy.
—¿Cambiaras?
—Por supuesto que no, yo no pienso ser una estúpida princesa. ¡Quiero vivir mi vida! No pienso estar atada a un trono y a una nación. Eso no es lo mío —respondo con obviedad y exaltación.
—Tampoco es lo de Levi —confiesa- —Pero el ya asimilo que no tiene más remedio que afrontar el futuro que fue planeado para el —me mira a los ojos- Levi no había nacido cunado su futuro ya estaba establecido y más que claro. Se convertiría en príncipe, se cosaria por obligación, en este caso tú fuiste la afortunada de ello y gobernaría Reino Unido hasta que el ciclo se volviera a repetir -sus declaraciones corroen cada parte de mí, como si fuera uno de los venenos más potentes suministrados a mi conciencia — No deberías decir que tu vida es difícil si no conoces la de él.
Aprieto fuertemente mi mandíbula. ¿Mi vida no es difícil? Nadie conoce nada de lo que eh tenido que pasar como para que alguien me venga a juzgar y a comparar mi historia con la de alguien más.
—Deberías empezar a ver esto de una forma diferente.
—¡No! —me exalto — ¡Yo también eh tenido que soportar una carga grande! ¡También eh tenido que cargar con un destino! —esbozo, fuera de mis casillas- ¡Justo cuando mi padre se convirtió en el maldito presidente, todo se fue al carajo, eh tenido que soportar sus opiniones, sus desilusiones y más que eso, el hecho de que espera que sea algo que no soy! ¡Y no pienso aceptarlo, no tengo planeado aceptar la vida que me fue planeada, ni en un millón de años!
—Entonces si tan agobiada estas con tu vida ¿Porque no tratar de entender a Levi? Y tan solo quizá, mejorar la vida de ambos comportándote como la persona madura que se supone que eres.
No puedo hablar. Porque esas palabras son acido para mi orgullo y duele porque en parte sé que es cierto. Tengo completo conocimiento de que me conformo de la manera más inmadura posible, y solo lo hago porque es la única manera en la que puedo logara que mi engreimiento no se vea dañado y terminar humillada, débil eh insegura frente a los demás.
—Fue una clase agradable Erina, puedes retirarte.
Siempre hacia lo mismo, generalmente me dejaba con las palabras en la boca y con los sentimientos a flor de piel. Di un suspiro de indignación conmigo misma, agarre mis cosas y me pare de la silla.
—Adiós profesor Víctor.
—Adiós Erina, cuídate.
Salí de la habitación y empecé a caminar directo al balcón, necesitaba aire fresco y no podía salir al jardín, estaba lleno de turistas. Cuando llegue al balcón, no estaba vacío, Levi sostenía en su mano una taza de café y leía un libro. Le dio un sorbo a la bebida y la puso en la mesa.
Las palabras de mi profesor de Economía me invaden la cabeza. Aprieto la mandíbula y los puños, Estaba a punto de hacer algo muy estúpido.
Decidí sentarme en la silla que tenía al frente, tomé el vaso que había vacío y con la tetera -llena de café- surtí la taza de color blanco con decoraciones de flores rosas. Le eche dos terrones de azúcar y mucha leche, tratando de que quedará tipo capuchino. Saqué mi celular y me puse a ver que había de nuevo en el i********:.
El silencio reinaba, ninguno de los dos decía nada. Cada uno sumergido en su mundo sin poner atención al exterior. El en lo más clásico y yo en lo más moderno. Pero no podía dejarlo así, necesitaba hablarle, aunque fuera de lo más tonto que me viniera a la cabeza y es entonces, como un flash, las ideas se empiezan a arremolinar en mi cabeza.
Pero lo que nunca pensé, es que el fuera el primero en hablar.
—Si no te gusta leer, ¿Cómo sabías tantos insultos sobre Harry Potter?
Levante la vista, Levi me observaba detenidamente. Analizando cada parte de mí ser. Dejó su libro de lado, centra su atención en mí y sus ojos me miran con curiosidad. De igual forma, deje mi celular de lado y me centre en responder sus dudas.
—Eran los libros favoritos de mamá, los he leído absolutamente todos. Vi las películas y se muchas confesiones que ha dado J.K Rowling -trato de sonar lo más despreocupada que mi oz me lo permite.
—Pensé que eras una muggle —dice con burla en su tono de voz.
—¿Lo parezco? Sangre sucia —respondo, levantando una ceja.
—Ojalá te bese un Dementor.
—Púdrete en Azkaban.
Ambos empezamos a reír, sinceramente, nunca pensé que una situación así sucedería con él. Más que todo porque pensaba conocerlo, pero me doy cuenta de que no... Que aún me falta mucho por descifrar detrás de esos hermosos ojos grises.
Pero no todo dura para siempre.
—Disculpe... —ambos giramos el rostro, era Eitan, tenía unas rosas blancas y una cajita en su mano.
— ¡Hola Eitan! ¿Sucede algo? — dije con una sonrisa.
—Hola... — titubeo al ver a Levi a mi lado, le di una mirada despreocupada, tratando de darle a entender que lo ignorara en lo más posible — Erina... — mordió su labio inferior.
—¿Eso es? — dije viendo el ramo de rosas.
—Es un regalo... Para ti —dijo entregándomelo- Te lo enviaron, yo sólo tenía que entregarlo - justifica, con una sonrisa pequeña
—Gracias —dije mientras veía la tarjetita que estaba entre las rosas- Puedes retirarte.
El chico dio una leve reverencia y se fue por el pasillo. Abrí la tarjeta, era de nuevo el anónimo.
*¡¿Cómo esta señorita Erina?, es un placer volverte a escribir, ¿Disfrutó los chocolates? Espero que sí. Supuse que sus anteriores rosas se estaban marchitando así que envíe más. Una flor para otra flor. Cuento los días para verle. *
Atte; Anónimo.
— ¿Quién era? — preguntó con un extraño interés Levi.
— No lo sé — dije entregándole la tarjeta — ¿Tienes alguna idea? Me están llegando este tipo de regalos hace ya unos días.
El chico agarró el cartón con la letra escrita a mano, la leyó y frunció su ceño. Su respiración calmada empezó a cambiar a una irregular y su rostro empezaba a ponerse rojo.
— ¿Levi?
No recibí respuesta, lanzó la tarjeta al suelo y se fue cerrando la puerta corrediza con enojo.
—¿Que mierda le pasa ahora? —dije mientras recogía la notita y la volvía a releer.
#LeccionDeVida.
No mostrarle cartas anónimas a Levi, las puertas corredizas corren riesgo.