Capitulo 21

1724 Palabras
El cuerpo me tiembla, la ira y el tormento que me provocaba haberme traicionado a mí misma me consume. —¡Maldición no quiero, no quiero! —grito desesperada. —Erina, por favor cálmate —escuchó al otro lado de la línea de mi celular — Haces un drama por algo tan sencillo. —¡¿Cómo demonios quieres que me calme Lucas?! —grito, con el celular pegado a mi oreja— ¡¿Tienes al menos una idea de lo que significa esto para mí?! El rostro lo tenía tan rojo como un tomate, mis ojos irradiaban irá, además de estar cristalizados por las ganas que aguantaba de llorar. Mi cuerpo era un manojo de nervios, el cabello echo nudos no hacía mejor las cosas y mucho menos, el no haber salido durante dos días, en los cuales estuve peleando conmigo misma en si fue correcta o no la decisión que tomé. —Estas exagerando —su tono calmado me irrita— No es para tanto, sólo empezaras a ser femenina Erina, no es el fin del mundo. —¡No es el fin de tu mundo, pero si del mío! Y en un ataque de euforia, lance mi celular contra la pared, quedando este hecho añicos. Me siento en el suelo de mi habitación, me halo el cabello. Eh tratado toda mi vida de no darle el gusto a mi padre de verme estereotipada, oponiéndome a sus imposiciones, negar sus ideas y más que todo, recordándole día a día el porque me comporto y visto de la manera en la que lo hago. Porque si, no sólo se trata de mí, de mis gustos y satisfacciones, hay una razón más y es esa razón la que me provoca tanta desesperación. Pensé que llenando a Lucas podría hablar sobre mi problema con él. Tan solo quizá podría darme un buen consejo, pero recaigo en la realidad. Prometí a la reina y a mi padre, cambiar por el bienestar de Levi. Me golpeó mentalmente ¿En qué mierda estaba pensando? ¿Tan mal me siento conmigo misma como para cambiar lo que soy y lograr brindarle a Levi lo mejor? ¿En qué momento llegue a tal punto? No lo sabía. Pero aún rechazó ese sentimiento que me provoca hacer tantas estupideces, más que todo, por la circunstancia de que estoy rotundamente opuesta que en algún momento me enamoré de Levi Abrahams. . . No podía. Quería acercarme, pero no lo lograba. Y era un asco. Quería acompañarlo en ese balcón, tomar el asqueroso té junto a él, mirar el jardín y sobre todo tener una conversación, aunque fuera de pocas palabras. Pero mi cuerpo, por más que le ordenará hacerlo, no obedecía, no se acercaba y mucho menos quería sentarse en la silla que está al frente de él. —Deja de mirarme así Belrose —gira su mirada por sobre su hombro- No muerdo. Mi boca no se abre. No puedo contestar ¿Qué te pasa Erina? Reacciona. —Se dé sobremanera que el cambio es difícil -me mira a los ojos— Más que todo, porque terminaste acorralada sin salida alguna —da un suspiro de cansancio- Fue también muy en parte mi culpa. Por eso traté de remediarlo si se le puede decir así. Lo miro si sin entender ¿Culpable de qué? Él no era culpable de nada, tomé esa decisión con mi propia voluntad. Por ende, debía aceptar las consecuencias. —Hablé con tu padre y con mi madre, les dije que me encargaría de volverte una dama —su atención se posa en la taza de té. —¿Por qué? —las palabras salen sin mi permiso. -Porque no pienso permitir que alguien te cambie de la manera incorrecta -me encara, su mirada penetrante hace que mi corazón palpite tan rápido, que siento como si se me fuera a salir del pecho. Mi cuerpo se tiembla, más que todo por el centenar de emociones que me provoca esas palabras. Sim embargo, algo dentro de mí, me grita que corra. Que huya de los sentimientos incontables que sus ojos grises me causan, porque eso significa peligro. Porque entre más veces los miro, más rápido caigo en sus redes, y no quiero eso, no lo deseo, es totalmente lo contrario, quiero escapar de él y de todos. Sin darme cuenta, mi cuerpo empieza a obedecer esa voz en mi cabeza. Camino lejos del balcón a quien sabe dónde, mi cuerpo se siente caliente, las manos me sudan y sobre todo, la sensación de asco que me provoco yo misma es incomparable. ¿Porque soy tan cobarde de huir cada vez que voy a colapsar? En vez de afrontar mi realidad, soy completamente incapaz de contestarle sus palabras, soy tan torpe que no logro estar cerca de el sin sentirme alterada, y tantas sensaciones desconocidas son las que me provocan un miedo tan terrible, que me veo completamente obligada a fallarme a mí misma, dejar mi faceta de niña valiente y escapar de todo. Llego al salón de música, cierro las puertas, pego mi espalda a ellas y doy un suspiro de cansancio. —Eres patética. Levanto la mirada y me encuentro con los ojos cafés de Camille. Está sentada detrás del piano, me mira con desaprobación y con cierto asco. Su aversión a mí se nota a grandes distancias. Se nota increíblemente despreocupada, el cabello rizado le cae por la espalda y la sonrisa sarcástica que le abarca el rostro provoca que mi sangre empiece a hervir. —Nadie está pidiendo tu opinión. —Te ofendes porque sabes que es cierto —mi cuerpo se tensa- Últimamente, gracias a tus acciones, no solo te has jodido tú, sino que también involucras a Levi -sus palabras son veneno — ¿No has pensado seriamente en realizar tus problemas sola? Nos ahorrarías muchas cosas. —Yo nunca involucre a Levi en mis actos — la encaro. Trato en lo más posible no flaquear ante ella. —¿Ah no? —suelta una risa sarcástica— Levi casi se ahoga por una pequeña broma tuya, finge ante la prensa y todo el mundo amarte, además está la mera posibilidad de que pierda el trono debido a tu falta de modales. Sus palabras escuecen en mí, porque son simple verdad. El ah arriesgado mucho por mí, a pesar del odio que me tiene. Y yo le pago de esta forma, creándole más problemas de los que ya tiene. —Yo nunca quise... —la voz se me quiebra. —¿Nunca quisiste causar problemas? Debiste pensar eso antes Erina -su tono despreocupado me irrita— Debes tener más que por entendido que amo a Levi y que él me ama a mí - ¿Porque duele tanto? — Me preocupo mucho por él y creo que sabes más que nadie que el odio que te tengo por haber tomado el lugar que me corresponde por derecho, como prometida de Levi. Me lo arrebataste Erina. —Yo no tengo la culpa de ello, me están obligando a contraer matrimonio con él. No tuve elección —trato de ser lo más obvia posible. —¿Y eso que? —dice despreocupada, su mirada está centrada en sus uñas— ¿No sabes lo que cualquier mujer hubiera dado por eso? oh mejor ¿Sabes lo que yo hubiese dado por tomar tu puesto? En cambio, tú en igual de disfrutar el hecho de que estas con uno de los hombres más atractivos, poderosos y multimillonarios del país, solo de dedicas a joderle la vida. Eres una malagradecida. —Tú y las demás mujeres solo lo quieren por eso, por el ascenso al trono. Es peor estar con alguien por interés —le dedico una mirada socarrona- Prefiero dejar mil veces en claro el odio que le tengo, a tenerlo engañado haciéndole creer que lo amo. Se lame los labios burlona. Se levanta de donde estaba sentada y camina hacia mí. Estamos cara a cara, esta tan cerca que logro ver el lunar que está en la comisura de sus labios y sus ojos no reflejan más que ironía. —¿Algún problema con ello Erina? Porque si, lo acepto, deseo ese puesto, pero eso no cambia el hecho de que también lo amo. —No mientas. —No miento en nada Erina -su mirada pasa rápidamente a seria, provocándome, por un instante algo de sorpresa— Y te lo agradezco, porque de no haber sido por ti no me hubiera dado nunca cuenta —mi corazón empieza a palpitar desenfrenado- Cuando vi a Levi tan decaído por el problema del Primer Ministro, me provoco una sensación que no pude describir. Me sentía realmente impotente al no poder animarlo durante esa semana en la que estuvo realmente mal -sus ojos empezaban a cristalizarse— Pero llegas tú, un simple día y logras sacarlo de la habitación ¿Tienes idea del enojo que eso me causo? Sus palabras no hacían nada más que me sintiera más mal conmigo misma, más que todo por el hecho de que no tenía ni la más mínima idea de que ella estaba tan atenta a Levi, que se preocupó y trato de sacarlo de esa habitación. En cambio, yo, solo me acerque por petición de la reina. No puedo hablar, porque sé que si lo hago la voz se me va a quebrar. —Exacto... No la tenías —esboza una sonrisa nostálgica— Pero en parte te agradezco, porque me pude dar cuenta de que no soy tan mala como pensaba que era y que aun cabe la posibilidad de que pueda pasar a su lado el resto de mi vida -me encara con determinación- Te odio infinitamente, porque Levi te quiere a ti, solo que esta tan dispuesto a negárselo a sí mismo, que esta cegado completamente de la realidad. Mis piernas tiemblan antes sus declaraciones. No lo creo, no la quiero escuchar, esa voz dentro de mi cabeza me grita que huya si no quiero oír más de lo que puedo soportar, porque ella solo dice falacias, Levi té odia tanto como tú lo odias a él. —Pero no estoy dispuesta a soltarlo Erina. Porque si el sigue rechazando la realidad, eso solo me hace una brecha en la que yo puedo entrar, mostrarle que yo soy una mejor opción, que puedo ofrecerle más y que yo si lo amo. No como tú, que, en vez de acercarlo a ti, lo alejas con tus inmadureces — me dedica una última mirada, y abre una de las puertas, retirándose del salón de música. Estoy realmente alterada, siento un frio terrible. mi respiración es irregular. La sorpresa inunda cada parte de mi ser, la confusión me abarca por completo y una sensación indescriptible me consume. Pero puedo asegurar, que no algo muy en el fondo, no quiere que eso pase, no desea alejarlo, pero otra me dice que debería hacerlo, por mi bienestar emocional que, actualmente, está en un punto crítico. ¿A qué parte de mi debería obedecer? #LeccionDeVida La vida de Erina es como un capítulo de la novela de La rosa de Guadalupe.
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