Rubén y Amanda estaban sentados, abrazados en el sofá de la chica, viendo una película.
—Ahora no podré dejarte sola ningún momento —dijo Rubén.
—Pero qué dices —respondió Amanda extrañada.
—¿Qué tal si viene otro y te roba más besos? Eso no es bien —dijo el chico.
Amanda rodó los ojos y se sentó de tal forma que pudiese ver a Rubén a los ojos.
—¿No confías en mí? —inquirió la chica.
—No es eso guapa. En ti confío conpletamente. Es en los demás gilipollas en los que desconfío. Si uno ya te robó un beso no quiero ni imaginar lo que pudiera hacer cualquier otro.
Amanda sonrió. Era demasiado tierno ver a su novio preocupado, ese Rubius que se ve tan seguro en sus vídeos, temía que alguien le hiciera algo a su chica.
—No te preocupes, guapo —contestó Amanda —nadie me volverá a tomar por sorpresa. Y si algo pasa, podré poner a cualquier idiota en su lugar. Y si me sigue molestando, te llamaré para que también lo pongas en su lugar.
Rubén rió divertido y volvió a abrazar a su novia. Sí, ella podía dar miedo y ponerse violenta para defender su integridad.
—Es verdad. Te he visto responder a esos viejos que te gritan cosas en la calle.
—En Chile tuve que pegarle a uno que me intentaba correr mano.
—¿Intentaba qué?
—Tocarme sin mi permiso. Me da mucha rabia porque yo me puedo defender de ese tipo de cosas, pero tengo amigas y hay muchas otras mujeres que se quedan paralizadas por el miedo y no pueden hacer nada cuando les gritan cosas o las intentan tocar. Hombres asquerosos, deberían cortarles las manos.
—Y el p**o.
Amanda rió y asintió con la cabeza.
No volvieron a hablar hasta que terminó la película. Eran cerca de las seis de la tarde y Rubén debía ir a grabar un gameplay. Cuando estaba en la puerta, se le ocurrió una idea.
—Amanda, ¿sabes? Nunca salimos... —comenzó el chico.
—Claro que no. Podrían descubrir que somos novios... sin contar que tus fans te siguen a todos lados y es prácticamente imposible salir como un par de personas normales —dijo su novia con aire de resignación. Durante los meses que llevaban juntos no habían salido juntos muchas veces y, si bien a veces podían estar tranquilos, otras veces sí reconocían al Rubius en todos lados y se volvía algo molesto y cansador.
—Ahora que salgas de vacaciones, podríamos viajar, ¿te parece? Ir a Londres, no sé, algún lugar que no nos conozcan y pasarlo la hostia.
Amanda lo miró sorprendida. ¿Recorrer un país distinto con su novio? Era el sueño de cualquier chica. Pero había un pequeño problema.
—Pero Rubius... no puedo costearme un viaje... con suerte me alcanza para vivir aquí en España.
—Oh, no te preocupes de eso, guapa. Subiré más videos este mes para poder salir ambos —dijo Rubén con una sonrisa.
—No lo sé... son demasiados euros... y ya me invitaste a Noruega para las fiestas.
—¿Me estás rechazando? —dijo Rubén poniendo su mejor cara de cachorro.
Amanda lo miró a los ojos, le sabía mal que Rubén gastara tanto dinero en ella. No sabía qué responder.
—Mira, no te preocupes por la pasta, que a mí no me falta. A demás, ¿de qué me serviría tener una gran cantidad de euros si no los puedo gastar con quienes más quiero? —dijo Rubén con una sonrisa franca.
Amanda sonrió de vuelta y asintió con la cabeza.
—Está bien. Vámonos a algún lugar en el que no te conozcan. Vamos a ser una pareja normal y salir sin preocuparnos de nada —dijo Amanda con una pequeña sonrisa.
Rubén le sonrió abiertamente y la abrazó. Ya estaba, por fin podrían salir de la mano sin miedo a ser descubiertos, seguidos o interrumpidos. Como dijo su novia, por fin podrían ser una pareja normal, y eso le alegraba enormemente.